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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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01 Septiembre 2019 03:50:00
Pejeblindaje
Ramón, 50 años, cabello estilo militar, zigzaguea con su taxi en medio del endiablado tráfico de viernes de la Ciudad de México, rumbo al aeropuerto. Conduce seguro mientras somete al interrogatorio de rigor al pasajero. Después de averiguar procedencia y destino de este, suelta la pregunta a bocajarro: “¿Usted qué opina del Peje?” Así, “El Peje”, no el presidente ni López Obrador.

Tras escuchar la ambigua respuesta del pasajero, carente de interés en iniciar una discusión, Ramón afirma contundente: “Yo estoy de acuerdo con todo lo que hace, menos con la suspensión del aeropuerto de Texcoco”. Seguramente para no parecer antichairo, explica que vive en Ecatepec, una de las zonas más violentas, y la suspensión de la terminal aérea en Texcoco frenó proyectos beneficiosos para ese lugar, como nuevas vías rápidas.

Además, argumenta, el aeropuerto y sus millares de usuarios obligarían a las autoridades a estrechar la vigilancia en el sector, azotado por la delincuencia. Espera, incluso, que El Peje recapacite al respecto: “Con tantos problemas y amparos, un día de estos anunciará que deja en manos de la iniciativa privada la construcción”.

“Pero, ¿lo de las estancias infantiles?”, se atreve a opinar el pasajero. “Eso estuvo muy bien”, asegura categórico Ramón, quien dice conocer a una vecina que se hizo rica “inflando” el número de niños inscritos en su guardería. “Era pura corrupción”.

Ramón y sus puntos de vista explican de alguna manera la razón por la que el presidente Andrés Manuel López Obrador conserva el apoyo del 71% de los mexicanos, según encuesta dada a conocer por una empresa a la cual es imposible tildar de lopezobradorista.

El Peje es un fenómeno. La comentocracia -y me incluyo- esperaba ver desplomarse su astronómico porcentaje de aprobación debido a diferentes causas: aumento de la violencia y exhibición cada vez más ostentosa de las terroríficas prácticas del crimen organizado, estancamiento de la economía, pérdida en el renglón del empleo, debilidad del peso y parálisis de dos de las tres obras magnas anunciadas con bombo y platillos: Santa Lucía y el Tren Maya.

Sin embargo, estos datos duros, capaces de socavar la popularidad de cualquier jefe de gobierno, no le afectan. Y hay millones de ramones en este país a quienes los indudables negativos de la gestión administrativa parecen no importarles. Su cariño y admiración por El Peje se ocupan de construir a su alrededor un blindaje impenetrable.

¿Dónde está el misterio? Posiblemente, una de las razones sea el hartazgo de los mexicanos cultivado a lo largo de varios sexenios significados por la ineptitud, la frivolidad y, sobre todo, la corrupción. Ni sus más virulentos críticos se atreven a dudar de la honestidad de López Obrador, la cual presume un día sí y otro también.

Está, además y sin duda, el carisma. Su capacidad de acercarse y conectar con la gente por medio de lenguaje salpicado de frases populares. Habría que agregar el enfrentamiento clasista con algunos poderosos, a quienes ciudadanos de pocos y medianos recursos culpan de todos los males que aquejan al país.

Contra los políticos carismáticos no hay datos duros capaces de abollarles el blindaje. Hay ejemplos históricos. Sin afán de establecer comparaciones, Antonio López de Santa Anna, considerado el peor mandatario habido en el país, fue llamado 11 veces a ocupar la Presidencia de la República tanto por liberales como por conservadores. El carisma, señores, el carisma.
24 Mayo 2020 04:00:00
Perro no come perro
En mis tiempos de reportero –¡ay!, hace muchos más años de los que yo quisiera– había una regla que era, por lo general, respetada por todos los miembros del gremio: “Perro no come perro”. En otras palabras, se consideraba tabú utilizar los espacios de los periódicos para atacar a periodistas.

Se permitía, sí, desmentir información proporcionada por otros colegas, siempre y cuando los desmentidos estuvieran sustentados por declaraciones de fuentes confiables, no fincados en opiniones personales. En la mayoría de los casos se evitaba citar al autor de la posible “fake news”, como ahora se dice, sustentada en datos no comprobados o en declaraciones malintencionadamente sesgadas.

Dirán que hablo de la prehistoria, y tendrán razón. Pero a lo largo de mi ya larga carrera en estas andanzas de la información, he intentado utilizar como guía de conducta la gráfica frase de “Perro no come perro”. Quizá merezca el adjetivo de anticuado o por lo menos de editorialista vintage.

Ni modo.

Será por eso o por lo que ustedes quieran, pero sentí desazón y tristeza al leer el tuit del productor de televisión y colaborador de un periódico de la capital, Epigmenio Ibarra, publicado la semana que hoy termina.

En el mensaje, Ibarra se lanza a la yugular de Carmen Aristegui, quien ha sido víctima de un feroz linchamiento en las redes sociales, donde, como solían decir mis tías, le han dicho hasta de lo que se va a morir.

La cobarde arremetida cibernética se desató a raíz de que Aristegui difundió información sobre el manejo de la agencia de noticias oficial Notimex, cuya directora, Sanjuana Martínez, además de despedir a miembros del personal sin liquidarlos conforme a la ley, dicta línea a sus “achichincles” para golpear a periodistas que osan no estar de acuerdo con la 4T.

Ibarra –eso sí, anteponiendo un hipócrita “querida” al nombre de Carmen– consideró que la queja de la periodista por la tempestad de insultos recibida resulta “desproporcionada y parcial” al considerarla un ataque a la libertad de expresión.

Rematando, sin venir al caso, que “el presidente López Obrador no hace sino decir sus verdades a una prensa que miente sistemática e intencionadamente”. Luego, para finalizar, lanza una pregunta fallidamente irónica: “Así es la democracia.

¿No te parece?”.

Uno esperaría que cualquiera de los paleros de las conferencias mañaneras del Presidente, como ese a quien apodan “La Molécula”, ocupante siempre de las primeras filas, se permita sin rubor quemar incienso a López Obrador y hacer preguntas a modo para propiciar lucimiento del tabasqueño.

“No cabe duda, en este mundo hay gente pa’ tó’”, como dicen que dijo Cagancho cuando vio a unos carmelitas descalzos.

No hay problema, es el señor Molécula. Pero que un hombre a quien siempre se ha considerado inteligente y creativo como Epigmenio Ibarra, minimice los arteros ataques contra Carmen Aristegui y su hijo, es harina de otro costal.

Uno esperaría –iluso que es uno– que hiciera gala de una pizca de solidaridad gremial y reprobara el linchamiento o, en el peor de los casos, optara por quedarse callado, así sea solo por recordar las calaveras que gustaban tener los monjes medievales sobre su mesa de trabajo con la inscripción “Como me ves te verás”.

Es una lástima que se haya perdido aquella regla de oro sobre la dieta aconsejada a los canes. Pues contemplar hoy día el espectáculo de morderse unos a otros resulta, para decir lo menos, de mal gusto, antiestético.
21 Mayo 2020 04:05:00
Cien años
El lugar, la hora y el clima eran el escenario perfecto para una tragedia de Shakespeare. Fue de noche, dicen unos; según otros, serían como las tres de la madrugada. Llovía. Las ráfagas de lluvia tamborileaban sobre los techos de palma de las chozas y formaban pequeños arroyos en el barrizal en que se había convertido la tierra. Aferrado a uno de los costados de la cañada de la sierra, el miserable caserío dormía azotado por el chubasco. De pronto, el silencio lo rompió brutalmente el chasquido de las detonaciones. Afuera de una de las chozas, el fulgor rojizo de los disparos rasgó la oscuridad. Se escucharon gritos destemplados. Se oyó un “¡Muera Carranza!”, que otras voces corearon con un obsceno rosario de insultos.

Dentro de la choza de paredes levantadas con varas y lodo, acribillado por las balas, un hombre agonizaba. Su respiración se había convertido en estertor entrecortado. Sobre el piso de tierra mal cubierto por una cobija, el Presidente de la República dejaba la vida.

Ocurrió hace 100 años. El Rey Viejo, como lo llama Fernando Benítez en su novela, moría abandonado por quienes apenas hacía poco se decían sus amigos. La ambición envenena voluntades y borra hasta el último rasgo de agradecimiento y de lealtad. La antigua fórmula de “El rey ha muerto. ¡Viva el rey!” salía de las bocas innobles de hombres cuyas manos estaban manchadas de sangre.

Don Venustiano Carranza Garza expiró muy lejos de los anchos y soleados horizontes de su natal Cuatro Ciénegas, Coahuila. Pero lo hizo sin perder la serenidad y el valor que marcaron todos los episodios de su existencia. A otros pertenecía el futuro; él dejaba tras de sí una historia de patriótica dignidad que no flaqueó nunca ni al enfrentar retos que de antemano parecían perdidos.

En una república enmudecida por el estupor y el miedo, su voz fue la única que se alzó después de que Victoriano Huerta consumara el golpe de Estado, autoproclamándose presidente de la República en el ya lejano febrero de 1913. Con un puñado de hombres que le seguían se atrevió a desafiar al magnicida, quien tenía a sus órdenes un ejército de miles de hombres dotados con poderosa maquinaria de guerra.

Entonces todo parecía estar en su contra, pero enarbolando la bandera de la ley sumó voluntades y la hizo triunfar. Tampoco eludió el desafío de la División del Norte comandada por Francisco Villa. Cualquier otro hubiera aprovechado su estancia en Veracruz para subir a un barco e ir a refugiarse en la seguridad del exilio. Él no. Él era un hombre hecho de otra pasta. Imperturbable, sin dudar un momento, aceptó el reto y le borró el adjetivo de invencible al ejército de Pancho Villa.

Hoy, a 100 años de su muerte, las condiciones no han sido propicias para organizar más que merecidas conmemoraciones multitudinarias, porque su legado sigue vivo hasta nuestros días. Basta pensar qué hubiera sido la Revolución Mexicana si don Venustiano no le da rumbo y sustento ideológico y político con la Constitución de 1917. Sin la Carta Magna la recordaríamos como una confusa masacre de mexicanos matándose entre ellos.

Hoy añoramos el patriotismo del Rey Viejo que jamás cedió ante las amenazas de Estados Unidos y la Gran Bretaña, pensando antes que nada y solamente en México.

Hace 100 años, en Tlaxcalantongo, la traición acabó con la vida de un ser humano. Fue aquel un crimen inútil, pues sigue vivo, hoy más vivo que nunca, el legado y el recuerdo de la víctima.

17 Mayo 2020 04:00:00
La anhelada oposición
Lo que inició como versión 2020 de las antiguas Provincias Internas de Oriente de la época colonial: Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, con el acuerdo de los gobernadores de esas tres entidades para trazar planes tendientes a enfrentar la pandemia de coronavirus, ha tomado una fuerza capaz de rediseñar las estructuras del poder político. A los gobernadores del noreste se fueron uniendo otros estados con intereses e insatisfacciones comunes. En la reciente junta celebrada en Morelia, el número de participantes aumentó a seis, al asistir, además de los tres gobernantes pioneros, el de Michoacán, el de Colima y el de Durango.

La intención es la misma: conjugar esfuerzos para aminorar los efectos de la pandemia, tanto en lo referente a la salud como en la economía. Sin embargo, es obvio que a manera de trasfondo de esta preocupación subyace la queja del nulo apoyo del centro en la lucha contra el coronavirus. Los seis gobernadores coinciden en que el Gobierno central los abandonó a su suerte y a sus posibilidades, lo cual, por lógica lleva a la necesidad de revisar el pacto fiscal en busca de mayor equidad en el reparto de los recursos.

La constitución de este bloque no se parece en nada a la desvanecida Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago), cuyos frutos parecían promisorios en publicidad, pero resultaron prácticamente inexistentes en la realidad. Tampoco tiene parecido alguno con el formado por los gobernadores del PRI y partidos afines durante el Gobierno de Vicente Fox, cuyos intereses eran puramente políticos: elegir entre los mandatarios estatales al candidato capaz de hacer regresar al poder al Revolucionario Institucional.

Entonces, como se recordará, apostaron por la candidatura de Roberto Madrazo Pintado, quien pasó a la historia deportiva por el fraude cometido en el Maratón de Boston.

Ahora es distinto. Sin tener como mira inmediata la política electoral, los gobernadores descontentos se han logrado fortalecer en sus respectivos territorios. Prueba de esto es que, según las encuestas, un buen número de ellos, entre ellos el de Coahuila, obtiene índices de popularidad superiores al del presidente López Obrador.

El fortalecimiento de la popularidad de los jefes de los poderes ejecutivos estatales puede tener consecuencias en la próxima renovación del Congreso de la Unión, en 2021, donde hoy diputados y senadores de Morena son aplastante y dócil mayoría. Así, es posible que una verdadera oposición al Gobierno de López Obrador no surja de los partidos políticos, sino opere con la articulación del descontento de los estados no afines al hombre de Macuspana.

Tras un rápido vistazo al panorama político nacional se robustece la posibilidad de que esto ocurra, pues una buena parte del trabajo lo está haciendo precisamente Morena. El partido del Presidente no ha logrado consolidarse. Pleitos internos y la ausencia de un trabajo serio de fortalecimiento en el territorio nacional lo debilitaron, hasta escucharse voces instando al Presidente se desligue de su partido, por habérsele convertido en una carga, más que un apoyo.

Faltan muchos meses, pero de mantenerse la dinámica iniciada por los mandatarios norestenses, y de continuar sumándose a ella gobernadores de partidos ajenos a Morena capaces de elegir candidatos fuertes a diputados y senadores, no es tan remota la posibilidad de que los últimos tres años de su sexenio López Obrador gobierne con un Congreso que no maneje a su antojo.
14 Mayo 2020 04:05:00
Nunca segundas partes
Aunque las cada vez más catastróficas cifras y consecuencias de la pandemia del coronavirus acaparan los espacios periodísticos y los informativos de radio y televisión, la catarata de noticias –salvo contadas excepciones, casi siempre desalentadoras– sobre otros temas se ha vuelto torrencial. Dado el imparable caudal informativo, algunos acontecimientos que merecerían mayor atención y análisis, se ven rápidamente desplazados por otros tan o más llamativos y escandalosos.

Las trapacerías de la multimillonaria familia de Manuel Bartlett y sus inexplicables nexos con el actual Presidente de la República, cuya casa de campaña estuvo instalada en una residencia supuestamente propiedad de un prestanombres del actual director de la Comisión Federal de Electricidad, son un misterio por resolver. Del tema se ocuparon numerosos comentaristas y opinadores, que de pronto se vieron en la necesidad de trasladar su atención a la virtual militarización del país decretada por el Ejecutivo federal.

Después de los “abrazos y no balazos” y que los regañen sus mamacitas y abuelitas, la liberación del hijo del “Chapo” Guzmán en Culiacán, el caballeroso saludo a la mamá de este capo ante las cámaras de televisión, hasta el desesperado “¡Ya bájenle!”, el presidente Andrés Manuel López Obrador admite, sin decirlo, el fracaso de su estrategia para combatir la violencia. Sus quiméricas ideas se estrellaron finalmente con la realidad.

Las becas que se esperaba desalentaran a los jóvenes pobres a unirse a los cárteles no dieron resultado. Tampoco sirvieron de nada los sermones mañaneros dirigidos a los miembros de los cárteles de la droga y, se supone, las mamacitas y abuelitas de los maldosos no hablan con ellos, o estos no hacen ningún caso a sus regaños y recomendaciones.

Resultó falsa la teoría de López Obrador de que la criminalidad es producto de la pobreza, y que repartiendo dinero podrían reducirse los índices de criminalidad. Reparte dinero a manos llenas y, sin embargo, las estadísticas de hechos violentos se dispararon hasta alcanzar niveles nunca antes vistos.

Este ha sido, quizá, uno de los peores fracasos de su todavía joven Administración. Un fracaso político y, sobre todo, un fracaso personal, pues se ha visto obligado a reciclar la estrategia del peor de sus enemigos políticos, el expresidente Felipe Calderón, quien inició la guerra contra el narco sacando a soldados y marinos de sus cuarteles y encomendándoles tareas antes reservadas a la policía. Para decirlo más claramente: el tabasqueño hace ahora lo que criticó machacona y duramente largos años.

Tratar de vender la idea de que habrá un cambio, y que soldados y marinos estarán subordinados a la jefatura de la Guardia Nacional, es burlarse de la inteligencia de los ciudadanos. La vida castrense está, y es necesario que así sea, verticalmente jerarquizada. Los soldados cumplen las órdenes de su cabo, y este las del teniente, y así hasta llegar al despacho del secretario de la Defensa y del de la Marina.

¿Para qué tratar de disfrazar las cosas si ya pasó la época del carnaval? A partir del lunes anterior México empezó a protagonizar sorpresivamente un episodio de la película Regreso al Pasado. Se instaló de nuevo, aunque no muy cómodamente, en el año 2006. Pero si esa guerra fue una mala experiencia y en realidad no solucionó nada, aterra pensar que pudiera cumplirse la advertencia de Cervantes, aquella de que nunca segundas partes fueron buenas.

10 Mayo 2020 04:00:00
Lecciones del Covid-19
Numerosos futurólogos y multitud de opinadores han tratado de responder a una pregunta clave en estos momentos: ¿Cómo será el mundo –es decir, la humanidad– cuando termine esta larga cuarentena a la que nos ha obligado la pandemia del coronavirus? Hay respuestas para todos los gustos.

Los optimistas consideran que por efectos de la pandemia surgirá un nuevo orden mundial en lo que respecta a la economía y a la relación entre las naciones. Otros piensan que terminado el temor de la enfermedad y “aplanada”, como dice López-Gatell, hasta el cero, no habrá cambios y las cosas seguirán igual.

Es decir, ocurrirá lo mismo que después de la feria cantada por Joan Manuel Serrat: “Vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas. Se despertó el bien y el mal, la pobre vuelve al portal, la rica vuelve al rosal y el avaro a sus divisas”.

En otras palabras, los casos de verdadero heroísmo de médicos, enfermeras, camilleros y demás personal hospitalario serán solamente anécdotas, al igual que los admirables gestos de solidaridad y humanismo de muchas personas que, preocupadas por quienes más sufren la parálisis laboral de la epidemia, se ocupan de repartir alimentos.

Las gentes volverán a la “normalidad” –sea lo que sea lo que ello signifique– después de leer dos libros más, cuyos títulos y contenido quizá olviden en dos semanas y de beber cerveza en solitario a lo largo de no sé cuántas aburridas jornadas; regresarán a sus costumbres de antaño: contaminar el medio ambiente, actuar con un individualismo sin concesiones y agandallarse todo lo agandallable.

La teoría más original escuchada hasta ahora sobre el particular es la de un historiador que hace un paralelismo entre la peste negra, ocurrida en Europa y Asia entre 1347 y 1353, y el coronavirus. La negra ha sido, se asegura, la más mortal de las epidemias habidas nunca en la historia. Mató, según cálculos aproximados, a 3 de cada 10 europeos. Fue una catástrofe horrorosa.

Sin embargo, la peste negra fue también el preludio de uno de los periodos más brillantes de la historia: el Renacimiento. Según esta teoría, la peste propició en los seres humanos una introspección y a hacerse preguntas que nunca se habían hecho. Eso los llevó, se agrega, a pensar más en sí mismos como personas, y menos en su existencia regida únicamente por la divinidad. Y esto fue, precisamente, el Renacimiento, el regreso a la antigua teoría de que el hombre es el centro del universo.

El poeta Petrarca nacido en 1304 y muerto en 1374, fue, entre otros, heraldo de este aggiornamento. Su poesía amatoria, y por tanto completamente terrenal, abandonó el cielo y el infierno de su antecesor, Dante, y la centró en lo que sentía por su adorada Laura.

Preocupados más en sí mismos, los seres humanos voltearon el rostro hacia Roma y Grecia, y gracias a este florecer del pensamiento y del gusto crecieron y maduraron frutos llamados Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Rafael y un escuadrón de intelectuales que desbrozaron el camino hacia el pensamiento moderno.

En lo personal me adhiero esperanzadamente a esta teoría, pensando que el coronavirus habrá de traer nuevas formas de pensar y de valorar lo que somos y lo que tenemos. Dejar de confiar menos en la nueva divinidad –la del dinero– y convencernos que estamos aquí, en este mundo, para algo más que para obtener riqueza o poder. Se vale soñar, ¿o no?

07 Mayo 2020 04:05:00
Actualizando mitos
En este mundo de inseguridades y temores parece haber solamente tres certezas: 1.- Nadie sabe cómo ni cuándo terminará la pandemia que tiene paralizado al mundo. 2.- Superada la plaga, todos los países, unos más, otros menos, enfrentarán una crisis económica de características casi catastróficas, y 3.- Petróleos Mexicanos se ha convertido en el peor negocio del mundo, pero el Gobierno, con el afán de salvarlo, sigue inyectándole ingentes cantidades de dólares que van a dar –aseguran todos los especialistas– a la basura, valor que, también afirman los conocedores, tienen los bonos emitidos por esa empresa.

No obstante los gritos de alarma surgidos de aquí, allá y acullá, el Gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador insiste en mantenerlo vivo al costo que sea. Es más, sigue terco en destinar un montón astronómico de dinero, del poco que le va quedando al país, en la construcción de una refinería en Dos Bocas. Mientras el resto del planeta lucha por abandonar los llamados combustibles fósiles -carbón y petróleo- y los precios de este último oscilan locamente montados en una montaña rusa, López Obrador se niega a dar un paso atrás. Dos Bocas se construirá sin importar su viabilidad y el costo que represente.

¿Qué mueve al Presidente a remar contracorriente y desoír cuanta predicción y consejo se escuchan tanto en el país como en el extranjero? Quizá se deba a la terquedad del tabasqueño aferrado a mitos válidos hace décadas, pero que los cambios operados al paso de los años han dejado en el cajón de los recuerdos. Recuerdos gloriosos, si se quiere, pero al fin recuerdos.

Es verdad, la nacionalización del petróleo realizada por Lázaro Cárdenas hace, ¡ay! 82 años, fue, en su momento, una valiente afirmación de nuestra soberanía que conmovió a la nación entera. Con la nacionalización, Cárdenas logró estremecer al corazón patriótico de millones de mexicanos que entregaron dinero, joyas, animales de corral y hasta las alcancías de los niños para ayudar a pagar la deuda contraída con las empresas extranjeras.

El problema está en que aquello ocurrió hace ocho décadas, e intentar, ya no repetirlo, sino darle oxígeno para que sobreviva, resulta inútil. López Obrador debiera convencerse que la Expropiación Petrolera, como la Batalla del 5 de Mayo, la invasión norteamericana de 1846-1847, la Intervención Francesa y la Conquista de México, entre otras cosas, son hechos que pertenecen a la historia. Y la historia, ya lo dijo Carlos Marx, se repite dos veces: la primera como tragedia, la segunda como farsa.

El señor López Obrador no lo cree así. Para él, la historia está viva. Eso lo lleva a retrotraerse medio milenio y exigirles disculpas a los reyes de España por las atrocidades cometidas durante la conquista, o creer en la existencia de unos conservadores que Juárez, Ocampo y compañía se encargaron de liquidar tras las Guerras de Reforma, en 1861.

No obstante, debe reconocerse al Primer Mandatario el ser selectivo a la hora de actualizar el pasado. Por ello no se enfrenta a Donald Trump -ni le escribe cartitas- reclamándole la devolución de nuestro inmenso territorio del que se apropió Estados Unidos en un acto de descarada piratería internacional, y tampoco les mienta la madre a los franceses por haber intentado imponernos, a sangre y fuego, a un emperador. ¿Por qué a ellos no?
03 Mayo 2020 04:03:00
El juicio de la historia
En julio de 2018, cuando el triunfo de Andrés Manuel López Obrador se daba por un hecho prácticamente consumado, Enrique Krauze publicó un video en el que hacía un llamado al pueblo de México “a no ceder el poder absoluto a un candidato, sino que voten por un poder dividido que actúe como contrapeso legislativo”. El historiador no proponía a ningún otro partido distinto a Morena, simplemente expresaba su deseo de que el Poder Ejecutivo no actuara solo sin la existencia de un contrapeso.

Como era de esperarse, los seguidores de López Obrador se le lanzaron a la yugular. Lo acusaron de querer transformarse en líder moral del país y se le negó autoridad para aconsejar a los electores, siendo como era –dijeron– un intelectual orgánico del agonizante régimen de Enrique Peña Nieto.

Hoy, a más de dos años del llamamiento de Krauze, la historia le ha dado la razón. El triunfo electoral de López Obrador arrastró a la victoria, por decirlo así, a los candidatos de Morena a la Cámara de Diputados y a la de Senadores.

El resultado está a la vista: el Presidente hace y deshace y la masa acrítica y obsecuente de ambas cámaras se dedica a pronunciar el “Sí, señor” distintivo de todo Gobierno unipersonal con fuerte tufo a dictadura.

Aquí es justo hacer dos excepciones, la de los diputados Tatiana Clouthier y Porfirio Muñoz Ledo. Ambos, a su manera y estilo, han marcado distancia de la propuesta para conceder al Presidente facultades extraordinarias para el manejo del presupuesto federal en tiempos de crisis, lo cual se ha interpretado popularmente como extenderle un “cheque en blanco”, lo cual nulificaría en automático al Poder Legislativo.

Muñoz Ledo se lanzó frontalmente contra la iniciativa, calificándola de anticonstitucional, mientras, en un reciente video Clouthier abrió un pequeño espacio a la esperanza al afirmar que la propuesta estará a discusión, y será la Cámara baja la encargada de discutirla.

No obstante estas dos voces aisladas, existen pocas esperanzas de que los legisladores de Morena y sus compinches en ambas cámaras se atrevan a decir que no a su líder, quien fue el que envió la iniciativa de la aberrante reforma. Ya han dado suficientes muestras de sumisión al organizar incluso una trampa para nombrar como presidenta de la Comisión de Derechos Humanos a la mujer elegida por el tabasqueño.

En verdad, hay pocos resquicios por donde colar la esperanza y pensar que los diputados y los senadores de Morena se atrevan en esta ocasión a exhibir una pizca de dignidad. La aplanadora conformada por el Ejecutivo y el Legislativo ha funcionado hasta ahora a la perfección.

Aunque, todo debe decirse, hay la posibilidad de que la negativa a la reforma surja de los Congresos estatales, los que, por tratarse de una reforma a la Constitución, habrán de aprobar o rechazarla una vez que diputados y senadores le den el visto bueno.

Quizá el número de legislaturas estatales no afiliadas a Morena y compañía sea insuficiente para detener el atropello, pero, llegado el caso, estaríamos ante un acto de dignidad. Por lo pronto, los gobernadores de Coahuila, Tamaulipas, Nuevo León, Michoacán y Durango afirmaron su posición contra la idea de extender el anticonstitucional “cheque en blanco” al Ejecutivo.

Tiempos borrascosos nos tocó vivir. Tratando de ver más allá de la tormenta, es válido preguntar si la historia juzgará solamente al actual Presidente o también enjuiciará al Poder Legislativo, que ha desempeñado el papel de comparsa.


30 Abril 2020 04:07:00
Periodistas versallesc
La anécdota es clásica. En una entrevista por televisión al escritor norteamericano Gore Vidal, el entrevistador -conociendo el mutuo odio que se tenían- preguntó a Vidal su opinión acerca de las sangrientas críticas que había hecho recientemente el también escritor Norman Mailer a uno de sus más recientes libros. En lugar de mostrar enojo, Gore Vidal puso un gesto que pretendió parecer de comprensión y respondió: “¿Norman Mailer? Yo entiendo a Mailer, debe de ser terrible ser un fracasado”.

No faltan los pleitos épicos entre escritores norteamericanos. Cuando Tom Wolfe publicó Todo un Hombre, un éxito instantáneo de ventas, saltaron las críticas, entre ellas las de tres grandes de las letras de ese momento: John Updike, el ya citado Norman Mailer y John Irving. En lugar de lanzarse frontalmente contra las críticas de los tres, Wolfe aprovechó uno de los capítulos de su libro Periodismo Canalla para burlarse de ellos. La cita es larga, pero no tiene desperdicio:

“Tres novelistas viejos y famosos salieron de sus hornacinas de la historia literaria para anatemizar una nueva novela; si algo semejante ha ocurrido con anterioridad, yo no me he enterado.

“John Updike, que tenía, en ese momento, sesenta y seis años, escribió cuatro páginas en The New Yorker, antes de concluir con considerable solemnidad que Todo un Hombre no era literatura sino entretenimiento…”. “Norman Mailer, que tenía setenta y cinco años, escribió seis páginas en The New York Review of Books -seis páginas de densa tipografía en una revista del tamaño de un periódico- para llegar al veredicto de que Todo un Hombre no era literatura sino un ‘mega best-seller’”… “Yo tenía sesenta y ocho años. Sé perfectamente cuánto se habrán cansado. ¿Cómo pudieron pasar incontables horas escribiendo miles y miles de palabras -los dos vejestorios habían llenado varias páginas, ¡páginas enteras!- para criticar una novela?”.

Los dos pleitos de escritores se me vinieron a la memoria quizá por el deseo de huir del tema del coronavirus, que ya me tiene hasta la coronilla, y también al leer el artículo más reciente de Sergio Aguayo, titulado “Columnistas”.

En su texto, Aguayo aborda las recientes declaraciones del presidente Andrés Manuel López Obrador sobre la falta de profesionalismo de los periodistas mexicanos, a quienes dividió en buenos y malos. Entre los buenos citó a tres o cuatro, colocando al resto en el archivero de los malos. Pues bien, Aguayo, cuya ponderación es uno de los signos distintivos de sus textos periodísticos y académicos, pide moderación a unos y a otros.

Hasta allí todo va bien, antes de llegar al penúltimo párrafo del artículo: “Le tengo un profundo afecto a Epigmenio Ibarra y conozco su compromiso y honestidad. Se extralimitó -ojo con la gentileza del verbo- al decirle a Carmen Aristegui que ‘el dueño de Reforma ordena a sus editorialistas atacar al Presidente’. Tengo 24 años escribiendo en el Grupo Reforma y jamás me han tirado o insinuado línea. Tampoco me lo dieron en La Jornada (1984-1996) y, mucho menos, en Aristegui Noticias donde colaboro habitualmente”.

¿Por qué seremos tan versallescamente caballerosos los periodistas y escritores mexicanos? Vean ustedes: Epigmenio no mintió, ni siquiera faltó a la verdad o, en el último de los casos, está mal informado; simplemente se “extralimitó”. ¡Ay! ¡Cómo se extraña la mala leche que destilaban Gore Vidal, Tom Wolfe y compañía!
26 Abril 2020 04:00:00
La 5T
No cabe duda que la pandemia de coronavirus fue la kryptonita del hasta entonces indestructible Andrés Manuel López Obrador. Ni las críticas, ni los frecuentes deslices en las mañaneras habían sido capaces de mellar la, al parecer impenetrable coraza que defendía su popularidad. Pero llegó la maldita pandemia y el Presidente se vio pronto rebasado. Su prédica matutina no era escuchada ni tampoco atendida por todos.

La realidad lo dejó atrás. Mientras él se decía protegido contra el mal por estampitas religiosas, tréboles de quién sabe cuántas hojas y billetes de dos dólares, en numerosos municipios y estados del país, desoyendo las esotéricas recomendaciones presidenciales, se adoptaban medidas para intentar proteger a la población.

Estados y municipios suspendieron clases e impusieron restricciones antes que lo ordenara la Federación, y tomaron otras medidas que posteriormente implementarían con retraso autoridades federales.

Pero la pandemia, además de constituir un candente tema de salud, tomó un giro inesperado. Ante la ineficacia del Gobierno federal para atender las necesidades, tanto en la capital como en el resto del país, empezaron a escucharse reclamos airados por la ausencia de apoyo a los estados y por la escasa información que se les proporcionaba.

Desesperado por la falta de respaldo, Enrique Alfaro, gobernador de Jalisco, sorprendió a la nación al amagar con abandonar el pacto federal. La amenaza provocó el comprensible estupor en las altas esferas del poder político. Hacía casi dos siglos que no se escuchaba una amenaza de ese tipo en un estado de la Federación.

Mientras tanto, en forma menos estridente, los gobernadores de Coahuila, Miguel Riquelme; Nuevo León, Jaime Rodríguez, y Tamaulipas, Francisco García, empezaron a reunirse para planear, como bloque regional, las medidas que se consideran más adecuadas.

Que se sepa, a esta junta de gobernadores no asistió ningún representante del Gobierno federal.

La idea tomó fuerza, y antier, en Monterrey, se sumaron a una reunión similar los mandatarios de Durango, José Rosas Aispuro, y Silvano Aureoles, de Michoacán. Los cinco coincidieron en diseñar un programa de recuperación económica, y los cinco, también, se mostraron insatisfechos de la forma como opera la distribución de los recursos. El descontento es general, como general es la exigencia de revisar la distribución.

En otras palabras, pasada la pandemia quedará sobre la mesa de las discusiones el funcionamiento del pacto federal, en lo que a la distribución de los recursos se refiere. De lograrse una corrección a este pacto fiscal, estaremos ante una quinta transformación que cambiará a fondo las reglas de juego: fortalecimiento a los estados más desarrollados y productivos, Coahuila, entre ellos. Estas entidades serían un motor aún más poderoso capaz de empujar al país entero a una nueva etapa de prosperidad.

No se trata de abandonar a los estados más pobres. A estos, hay que decirlo, aunque se les hayan destinado mayores recursos en relación a lo que aportan, no se les ha hecho salir de la pobreza desde hace décadas. Siguen igual de pobres. Tampoco es la intención acabar con la trilogía del Gobierno lopezobradorista: primero los pobres, combate a la corrupción y austeridad republicana. Mucho menos romper el pacto federal, que lo único que traería sería la balcanización de México.

No. Pero un acuerdo fiscal más lógico, más justo, traerá una verdadera transformación del país. La 5T.
23 Abril 2020 04:05:00
El gusano del tedio
Esta cuarentena y el forzado confinamiento domiciliario y sus efectos malignos son como la humedad. Avanzan silenciosamente hasta cubrir los pisos y empezar a trepar por los muros sin que apenas uno se dé cuenta. Retan a cualquier optimismo y son capaces de carcomer hasta las más sólidas resistencias. Por ello no es extraño que en los medios de comunicación y en las redes sociales abunden las “recetas” para combatir el estrés y la depresión.

Con magnífica buena voluntad, el cantautor Joaquín Sabina grabó un video transmitido a través de las redes, en el cual recomienda la lectura como vía para escapar –a través de la imaginación– del encierro. Para mejor efecto del mensaje, Sabina aparece frente a unos anaqueles cargados de volúmenes.

Y es verdad, la lectura constituye una de las puertas de escape del encierro obligatorio. Nos permite viajar en la imaginación a cualquier parte del mundo o incluso fuera del universo conocido, a quienes gustan de la ciencia ficción. También permite entrar en contacto con gente interesante, aunque algunas de ellas estén muertas desde hace siglos y vivir aventuras que difícilmente podemos replicar en la vida real.

Quien esto escribe se considera un lector voraz y omnívoro. Desde pequeño ha tratado de descifrar lo que dicen los papeles impresos. Ahora, el confinamiento da la oportunidad de aplicarse con singular entusiasmo a ese vicio solitario. La única limitante ha sido la resistencia de unos ojos que acumulan más de siete décadas de lecturas.
Un tiempo las he dedicado a las consultas de libros relacionados con la tarea de aficionado a la historia, con dos pendientes en la agenda: una breve historia de la Revolución y el pulimiento de un artículo para un libro colectivo sobre el legado de don Venustiano Carranza.

Acotación al margen. Al cumplirse este año el centenario del asesinato de don Venustiano, el desdén de las autoridades federales –lo consideran revolucionario– y el coronavirus impidió una conmemoración a la altura del personaje. Para empezar, cuando se pensaba que se haría como con Emiliano Zapata, declarando el 2019 el año en su honor, alguien tuvo la ocurrencia de que el 2020 fuera el año de Leona Vicario, marginando la efeméride luctuosa correspondiente al Varón de Cuatro Ciénegas. En fin, de este Gobierno federal se puede esperar cualquier cosa.

Pero retomemos el tema. Además de esas lecturas, digamos obligadas, para intentar conocer mejor la figura y el modo de pensar del escritor español Vicente Blasco Ibáñez, quien esto escribe se echó un clavado en cuatro de sus novelas, Sangre y Arena; Cañas y Barro; Arroz y Tartana y La Barraca. Confieso que no había leído a Blasco Ibáñez, un escritor de gran éxito en su tiempo. Éxito que le redituó ganancias importantes, pues algunas de sus novelas fueron adaptadas al cine de Hollywood con los galanes de moda: Rodolfo Valentino y Tyrone Power, entre otros.

Blasco Ibáñez escribió también un libro de sus impresiones sobre México y la Revolución, el cual espero reseñar en el futuro. Ya harto de las terribles tragedias blascoibañezcas me zambullo ahora en la relectura de los divertidos papeles de Pickwick, de Dickens.

Es cierto, la lectura es una excelente forma de combatir el confinamiento, pero después de cerrar el libro comienza a roernos el alma de tedio. Ese gusano que nos recuerda que el hombre es ese zoon politikón aristotélico y está hecho en sociedad, para vivir y tratar con sus semejantes.
19 Abril 2020 04:00:00
El viejo truco
Lo peor que puede ocurrirle a un aspirante a mago es que, de tanto repetir el mismo número, el público acabe por fastidiarse o descubrir cuál es el truco utilizado para hacer aparecer al clásico conejo en el sombrero de copa. Para que un acto de magia funcione como espectáculo es indispensable que contenga el factor sorpresa. De no ser así, la sala se vuelve un bostezo colectivo, cuando no un ensordecedor abucheo o el abandono en estampida.

Quienes tengan edad para hacerlo, recordarán seguramente a un mago comediante muy popular en la televisión, Beto “El Boticario”. La gracia de Beto consistía en que después de hacer uno de sus trucos, fingía un descuido y descubría la forma, casi siempre muy simple, en que realizaba el supuesto acto de prestidigitación.

Hace unos días, después de leer los periódicos, recordé a Beto “El Boticario”. Y es que el mago de las mañaneras, metido en el torbellino de la crisis y frente a una crisis económica devastadora, intenta distraernos otra vez con el gastado truco que otras veces le dio resultado.

El motivo para repetir el ya aburrido acto es evidente. El mago tabasqueño ve con preocupación cómo su popularidad entró en picada debido a la pandemia, pero, sobre todo, a la ineficiencia de un Gabinete, en el cual hay solamente dos actores, Marcelo Ebrard y Hugo López-Gatell. El resto ya pasó del bajo perfil a la invisibilidad.

Ante esta situación, volvió a desempolvar la chistera con la idea de sacar un conejo. El problema es que de tanto ver el numerito, la mayoría de la gente conoce la mecánica del truco desde antes de que el mago lo intentara.

En esta ocasión la idea no era ya hacer aparecer un conejito, sino sacar del sombrero a un enorme elefante. Eso, pensó el discípulo de Beto “El Boticario”, haría olvidar a la gente el peligro de la pandemia del coronavirus, la falta de trabajo, la debilidad del peso y los ominosos pronósticos de cuanto especialista hay en el mundo sobre el negro futuro de la economía mexicana.

Redoble de tambores. El animador del circo pide silencio a los ocupantes de las graderías y anuncia, ante la expectación general, que la Secretaría de la Función Pública (SFP) solicitó a la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) una revisión de todos los movimientos en cuentas bancarias del expresidente Enrique Peña Nieto y dicha instrucción se extiende a su exesposa Angélica Rivera y a sus hijos Paulina Peña Pretelini, Alejandro Peña Pretelini, Nicole Peña Pretelini y Diego Alejandro (el hijo menor de edad del expresidente).

Y ya encarrilada, la SFP pide a la Comisión Nacional Bancaria y de Valores información sobre las cuentas de una docena de colaboradores del Gobierno de Peña Nieto, entre ellos nuestro paisano José Narro Robles, exsecretario de Salud y antes rector de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Conste: no hay acusación, es solo una investigación de los haberes que guardan en los bancos.

Lástima que el numerito esté tan visto. Lo hizo desde la denuncia de corrupción en la construcción del aeropuerto de Texcoco –no hay ningún detenido–, también en la rifa del avión que no es avión y en decenas de veces más que resultaría aburrido consignar.

Desde ahora se puede augurar que este nuevo acto de magia no funcionará ni detendrá la caída de la popularidad del Presidente. Es una cortina de humo incapaz de esconder los fracasos de la Administración en el manejo de la crisis. El truco ya no sirve, y ni siquiera divierte como los de Beto “El Boticario”.

16 Abril 2020 04:05:00
Inventar fantasmas
Uno de los efectos más perniciosos de la pandemia del coronavirus, la obligada cuarentena y la amenaza de una recesión económica, ha sido la agudización del encrespamiento tanto de tirios como de troyanos. Unos y otros se atrincheran y acopian proyectiles para lanzarlos contra los adversarios ideológicos. Esta radicalización ha llevado a no pocos a tergiversar los datos duros de la realidad e inventarse fantasmas enemigos.

Simpatizantes del presidente Andrés Manuel López Obrador insisten, por ejemplo, en acusar a los conservadores -sean quienes sean estos-, apoyados por ciertos medios de comunicación, de fraguar un golpe de Estado. Consideran que la situación actual es similar a la que se vivió hace más de 100 años durante la Decena Trágica, preludio del cuartelazo que culminó con el asesinato de don Francisco I. Madero y José María Pino Suárez, y el asalto al poder de Victoriano Huerta.

¿Cuartelazo? ¿Golpe de Estado? Quizás ha enraizado esta idea en algunas mentes calenturientas, que nunca faltan. Pero cualquier ciudadano con dos dedos de frente -como decía la señorita Amador, mi maestra de tercer año- al tanto de lo ocurrido en los últimos meses, calificará de locura tales ideas.

¿Por qué han de promover los militares un levantamiento contra un Gobierno que les ha entregado todo en charola de plata? ¿Para qué, si son ya parte de ese Gobierno?

Como candidato, López Obrador repitió como un mantra que una vez llegando a la Presidencia, los soldados regresarían a los cuarteles. Una crítica evidente a la guerra desatada por Felipe Calderón contra el crimen organizado, cuyo mayor peso recayó en el Ejército y la Marina.  

Del dicho al hecho hay mucho trecho, y es más grande el que hay de la candidatura a la Presidencia. Pues bien, una vez presidente, AMLO no regresó a los militares a los cuarteles, sino que les dio el mando de una supuesta Guardia Nacional de carácter civil, hoy ocupada en actuar como muro humano fronterizo al servicio de Donald Trump.

Luego, entre otras cosas, encomendó a la Secretaría de la Defensa las obras de construcción del aeropuerto Felipe Ángeles, en Santa Lucía, y de manera poco clara la incorporó, eso sí, en primera línea, en la lucha contra la pandemia que asuela hoy a México. Además, anunció que el Ejército construirá carreteras y desde ahora se encarga de vigilar el fluido vehicular en buen número de ellas.

En el incompleto resumen de atribuciones transferidas al Ejército por el actual Gobierno, está también la de destacar 800 elementos que protegerán las obras de la refinería de Dos Bocas, donde se construirá una base militar. Esto significa reconocer la incapacidad de Petróleos Mexicanos de cuidar sus propias instalaciones.

¿A quién se le va ocurrir la idea de tirar un Gobierno en el que cada día goza de mayor influencia y participa más, incluyendo actividades que siempre le fueron ajenas?


Paridas y preñadas

En medio de la peor crisis de salud que ha enfrentado México desde la epidemia de la Gripe Española en 1918, que mató a medio millón de compatriotas, y la tormenta económica que se nos echa encima, al Presidente se le ocurre proponer que la consulta de revocación de mandato se adelante para el mes próximo. Seguramente teme el aceleramiento del hasta ahora incontenible descenso del respaldo ciudadano a su Gobierno. Pero sea por lo que haya sido, no pudo encontrar un momento más inoportuno para confundir las paridas con las preñadas, como dicen en el rancho.

12 Abril 2020 04:00:00
Provincias Internas de Oriente
La decisión de los gobernadores de Coahuila, Miguel Ángel Riquelme; de Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón, y de Tamaulipas, Francisco Javier García Cabeza de Vaca, de integrar un frente común, revitaliza la división geopolítica de mediados del siglo 18, cuando se crearon las Provincias Internas de Oriente, a la que entonces se agregaba Texas, posteriormente desprendida del territorio nacional.

El concepto de las Provincias Internas de Oriente no fue una ocurrencia arbitraria, sino la agrupación lógica de cuatro provincias que compartían no solamente un territorio, también problemas, desafíos y perspectivas de desarrollo. Hoy, la versión siglo 21 de ese antiguo concepto geopolítico responde a la misma necesidad de unidad ante la amenaza del coronavirus. El trazado y operación conjunto para hacer frente a la amenaza de la pandemia incrementan indudablemente las posibilidades de éxito con el acuerdo tripartito de colaboración.

Ya en las Cortes de Cádiz de 1812, el diputado coahuilense Miguel Ramos Arizpe, hablaba preocupado de las carencias de las Provincias Internas de Oriente, en aquellos años en los últimos confines casi olvidados de la Nueva España.

En su célebre discurso sobre el tema, Ramos Arizpe propuso no soluciones parciales, sino integrales para los problemas y carencias de las cuatro provincias. Incluso, años después, en el Congreso Constituyente de 1824, planteó hacer de las cuatro un solo estado, lo cual no fue posible debido al naciente regionalismo en cada una de ellas. No obstante, la unidad era tan evidente, que en 1830 surgió el temor de que se separaran de México para crear una república llamada de la Sierra Madre.

El fracaso de la idea del chantre coahuilense no incidió en la realidad imperante. Después de la separación de Texas, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas siguieron compartiendo características, lo cual llevó a la acuñación de los términos Noreste y norestense. Hasta Texas, aunque ahora perteneciente a Estados Unidos, conserva muchos rasgos de esta norestidad –valga la expresión– y en su directorio telefónico solía haber hasta hace poco casi tantos villarreales como en el de Monterrey. A propósito de lo anterior, el siempre bien recordado historiador neoleonés don Israel Cavazos Garza, solía preguntar en son de broma: “¿Quién no tiene una tía en San Antonio?”

Ya se han dejado sentir las bondades de este relanzamiento de las Provincias Internas de Oriente. Los tres gobernadores dictaron medidas que se adelantaron a las del Gobierno federal. Mientras el Presidente sacaba estampitas religiosas que lo protegían del coronavirus y minimizaba el peligro de la pandemia, acá se suspendieron las actividades escolares y se tomaron medidas que semanas después se hicieron extensivas a todo el país.

A pesar de ser un lugar común, resulta incuestionable que la unidad hace la fuerza, y eso lo comprendieron los tres gobernadores norestenses desde que asomó en el horizonte la amenaza de la pandemia. Apelando a la lógica y a la historia, unificaron criterios poniendo ejemplo de eficacia y oportunidad frente a la crisis.

¿Quién iba imaginar esta loable resurrección de las viejas Provincias Internas de Oriente lograda, con las modalidades impuestas por el presente, en momentos tan difíciles? Pero los resultados han sido tan positivos que es posible valiera pensar en mantenerlas operantes. pues aun después de pasado el peligro de la pandemia hay muchos caminos que pueden recorrer juntos. ¿Por qué no?


09 Abril 2020 04:05:00
La bella gente
Fue en Roma. En el Trastévere, como llaman los romanos al barrio ubicado al oeste del Tíber, río que parte en dos a la ciudad. Luego del fatigoso recorrido por los museos, en busca de un lugar para comer, me topé con una trattoria, una de las decenas que hay en ese barrio. Cuando entraba al local, un mesero casi me impide al paso. ¿Qué ocurre?, pregunto. Él, sin decir palabras, me señala las mesas acomodadas en la banqueta. “Mejor allá”, dice. “¿Por qué?”, me atrevo a preguntarle. “Es mejor allá, porque desde las mesas de la calle puede ver a la bella gente”. “La bela yente”, pronunció en italiano.

Seguí su consejo. Me acomodé frente a un plato de pasta y una copa de vino, admirando el paisaje humano compuesto por hermosas mujeres, ancianas de compras, niños vestidos de uniforme escolar y cientos de jóvenes con cara de oficinistas montados en sus Vespas. Sí, la “bela yente” era un espectáculo maravilloso, tan variopinto y divertido que el libro que pensaba leer se quedó sin abrir sobre la mesa en espera de otra oportunidad.

Hoy, confinado en mi hogar por la amenaza del coronavirus, recordé aquella comida y a la bella gente que desfilaba por la acera y el arroyo de la calle en una pasarela llena de contrastes. Y ahora, encerrado entre las cuatro paredes de mi biblioteca, llego a la conclusión de que la peor parte de este forzado aislamiento es verme privado del siempre fascinante contacto, así sea totalmente visual, con mis congéneres.

En realidad, gracias a los libros –sigo con los novelistas españoles del siglo 19, y ahora toca el turno a Vicente Blasco Ibáñez y su a veces desagradable realismo–, la búsqueda de un dato para un texto de historia, escuchar música o seguir por Internet conferencias y conciertos, no me ha resultado aburrida esta ociosidad fuera de programa.

Por otra parte, quienes me conocen saben que no soy un individuo especialmente sociable, aunque nada parecido a un misántropo. Sin embargo, mis principales quehaceres, leer y escribir, son necesariamente solitarios. Cualquier sábado, por ejemplo, puedo pasarme buena parte de la mañana desayunando con un libro o una revista en la mano. Son ratos muy agradables, en ocasiones pespunteados por un amigo, una exalumna o un exalumno que se acercan a la mesa a saludar.

Estoy solo y no lo estoy. Me envuelve la gente. A mi lado pasan señoras, señores, novios tomados de la mano o chiquillos empeñados en convertir el restaurante en un parque de diversiones. En fin, estoy, aunque a ratos abstraído en la lectura, rodeado de la bella gente de la que hablaba aquel mesero, lo cual, además, afirma mi pertenencia al género humano.

Nadie lo ha dicho mejor que don Francisco de Quevedo: “Retirado en la paz de estos desiertos,/ con pocos, pero doctos libros juntos,/ vivo en conversación con los difuntos,/ y escucho con mis ojos a los muertos”. Agradable e ilustrativo, no cabe duda, pero en lo personal, conversar con los difuntos me resulta más disfrutable entre personas vivas. Y no se trata de ser selectivo, como lo fue Renato Leduc, adorador irredento del eterno femenino, quien aseguraba que mientras “haya vigor pasaremos revista a cuanta chica vista y calce regular”.

Siempre es grato pasar revista a cuanta chica vista y calce regular, pero este forzado aislamiento no distingue sexos ni edades. Simplemente impone la penosa y velardiana penitencia de privarme de ver, oír y admirar a esa bella gente de la que me habló, hace ya muchos años, un sabio mesero romano.
05 Abril 2020 04:00:00
El oráculo de Macuspana
La nación, o al menos una buena parte de ella, está en espera del mensaje que hoy domingo habrá de dar el presidente Andrés Manuel López Obrador, durante el cual, se supone, delineará el plan de su Gobierno para hacer frente a la anunciada crisis que, según todos los pronósticos, se nos viene encima. No pocos opinadores han dedicado sus recientes artículos al tema, intentando descubrir qué podrá decir el hombre que ocupa la silla presidencial. En lo personal, considero ejercicio inútil hacer predicciones sobre el contenido del mensaje, pues López Obrador es impredecible, para decirlo amablemente. Su especialidad consiste en desconcertar a los ciudadanos, y quien esto escribe se declara incompetente para adivinar lo que hará o dirá. En pocas palabras, parafraseando la expresión de moda: “Entiendo que no le entiendo”

Se diría que estamos ante el oráculo de Delfos, cuyas respuestas a quienes les hacían preguntas eran tan enrevesadas y oscuras, que el preguntón estaba obligado a interpretarlas. Eso no era nada fácil. Se requería mucha inteligencia y mucha suerte para atinarle a lo que quería decir el famoso oráculo con sus predicciones sobre el futuro. Pues, hagan de cuenta, como decían en los ranchos, hoy, los habitantes de este sufrido país contamos con nuestro oráculo de Macuspana, que parece tener como tarea primordial sorprendernos con sus actos y sus declaraciones.

Dos joyas engarzadas recientemente en la ya pesada corona de paradojas:

¿Por qué el publicitado saludo a la madre del “Chapo” Guzmán? ¿Fue, como dice nuestro oráculo made in México, gesto de caballerosidad hacia una señora de más de 90 años? ¿Así saluda a todas las nonogenarias? El gentil saludo presidencial, como se sabe, coincidió con el cumpleaños del hijo predilecto del “Chapo”, Ovidio, el mismo que fue liberado tres horas después de su detención en el célebre y bochornoso “culiacanazo” del 14 de octubre de 2019.

Día nefasto, si los hay, cuando el Gobierno dejó de ser Gobierno en la capital del estado de Sinaloa, al someterse al chantaje de la delincuencia organizada. Y fue a la abuelita del hombre que puso de rodillas a su Gobierno a la que López Obrador saludó de mano después de caminar hacia la camioneta donde ella se encontraba. ¿Usted entiende?

El jueves pasado, en la mañanera, el tabasqueño lanzó otra de sus frases incomprensibles, asegurando que la crisis de salud y económica ha venido “como anillo al dedo” para afianzar la cuarta trasformación. Me niego terminantemente a someter a mi escasa imaginación buscar sentido a estas palabras por temor a provocarme un épico jaquecón.

¿Una pandemia que está matando a miles en el mundo y no pocos en México, y una crisis mundial cuyo impacto, según los pesimistas, puede retrotraer nuestra economía hasta 7% resultará finalmente benéfica? Perdón por la insistencia, pero entiendo que no le entiendo.

¿Cómo afianzará a la 4T –sea lo que sea eso– cuando hay el temor bien fundamentado que pandemia y crisis mundial llevará a centenas de empresas a la quiebra y, por consecuencia, dejará desempleados a miles, quizá centenares de miles de mexicanos? Hasta los colosos de la economía, como Estados Unidos, prevén un porvenir cargado de nubarrones, mientras a México, asegura López Obrador, la situación le viene como “anillo al dedo” y saldremos fortalecidos del problema. ¿Ceguera? ¿Exceso de optimismo? ¿Evasión de la realidad?

No me pregunten. Ya les dije: hace rato entendí que no le entiendo.


02 Abril 2020 04:01:00
Quehaceres del ocio
La obligada reclusión domiciliaria decretada a causa de la pandemia que azota al mundo ha puesto a prueba la imaginación y la creatividad de cada uno de nosotros para sobrellevar las horas muertas del encierro. No ha sido fácil -al menos para quien esto escribe, individuo en edad de alto riesgo- rediseñarse los días de la prolongada cuarentena.

Uno de los problemas capitales ha sido, sin duda, la dependencia. Metido en cuatro paredes, para conseguir cualquier cosa del mundo exterior es necesario acudir a alguien dispuesto a hacerle a uno el favor. Esa dependencia, a querer y no, provoca una disminución en la autoestima, sin importar la muy buena voluntad de quien esté dispuesto a subsanar las carencias que se van presentando.

Maestro jubilado, ajeno ya a la disciplina que impone la tarea de enseñar, así sea mediante la educación a distancia, me resulta difícil organizar una rutina cotidiana, después de desahogar los compromisos derivados del home office, como dicen los angloparlantes.

Las horas libres han servido para leer, escribir un poco y aprovechar la estupenda oferta cultural que ofrece el internet, las cuales mantenía inexploradas por falta de tiempo. Así, gracias al servicio en línea del Colegio Nacional, se pueden escuchar y “ver” tres brillantes conferencias de Luis Villoro sobre ficción y hechos verificables en novelas mexicanas con trasfondo histórico: La Sombra del Caudillo, de Martín Luis Guzmán; Pedro Páramo, de Juan Rulfo, y Los Relámpagos de Agosto, de Jorge Ibargüengoitia.

Dueño de una cultura impresionante y de una visión agudísima, Villoro practica una inteligente disección de la obra de los tres escritores y la forma en que combinan la ficción con los hechos históricos, salpicando la exposición con datos biográficos de los autores que explican su interés en los temas. Las tres conferencias, enriquecedoras de la comprensión para quienes han leído los libros, e invitación amenísima a empezar a leerlos para quienes no lo han hecho todavía, son un ejemplo de erudición ajena a la pedantería.

Los tres libros, sin pretensiones de “novelas históricas”, son hilos de la urdimbre del tapiz de lo que fue el México posrevolucionario. En Pedro Páramo, Rulfo recoge solamente ecos de la Revolución Mexicana y de la Guerra Cristera, mientras Martín Luis Guzmán hace girar su novela en torno al asesinato de Francisco Serrano ordenado por Álvaro Obregón, masacre en la que murió también nuestro paisano el poeta Otilio González.

“Si Mariano Azuela escribió de los de abajo, Martín Luis Guzmán escribió de los de arriba”, afirma Villoro, desnudando descarnadamente la feroz lucha por el poder, que no se detiene ni ante el asesinato, en este caso de un amigo y compadre, como lo fue Obregón de Serrano.

Ibargüengoitia, por su parte, dueño de un humor y una ironía sin parangón en la literatura mexicana, vuelve una deleitable narración picaresca la actuación de los políticos posrevolucionarios. Su capacidad camaleónica para cambiar de bando, sus traiciones y sus ambiciones que, en la pluma de Ibargüengoitia, se convierten en motivo de regocijo para el lector.

Quien esto escribe no es quién para dar recetas de cómo sobrevivir a la cuarentena, pero sí se atreve a recomendar las conferencias de Villoro en el Colegio Nacional, mismas que despliegan ante el escucha el variopinto tapiz histórico y literario de la historia reciente de un país que hoy enfrenta una paralizante crisis inédita.

29 Marzo 2020 04:07:00
Palabras al viento
Será por el temor que provoca la pandemia o por el encierro al que nos ha obligado, pero a través de los medios de comunicación y de las redes sociales parece aumentar día a día el termómetro de la crispación nacional. No es nada nuevo, desde luego.

La polarización del país es un hecho que, alentado desde las más altas esferas del poder, ha dividido a la sociedad abriendo brechas cada vez profundas por razones de clase, ideología o situación económica. Motivos no faltan.

Lo nuevo es que ya no se trata de la crítica fincada en el desacuerdo y en opiniones contrarias. No. Ahora, algunos articulistas y usuarios de las redes sociales rebasan cualquier frontera de la controversia o el debate y se despeñan en el insulto.

Así, un capital de industria, quien se identifica como alto directivo de una firma refresquera, aparece en la pantalla del celular para no bajar de inepto al presidente Andrés Manuel López Obrador y pedirle, no que dimita o pida licencia, sino que “se largue”. Esto a modo de corolario de su exposición y después de mentarle la madre.

En otro sitio, un hombre cuyo nombre no dice nada, empieza a vomitar improperios contra el Presidente, utilizando un lenguaje digno de la peor tertulia de borrachos en la más infecta cantinucha arrabalera.

Tales explosiones de irritación quizá enciendan o aumenten el enojo de algunos, pero, en realidad, no aportan nada a la solución de los problemas y tampoco hacen propuestas atendibles para remediar la situación.

Es cierto, López Obrador restó importancia a la crisis sanitaria que se nos echaba encima y llegó a frivolizar el tema, hasta que la pandemia empezó a mostrar su peor cara. También resulta innegable que la crisis financiera mundial y la caída en picada de los precios del petróleo hacen de la ya de por sí frágil economía nacional la víctima perfecta.

Tampoco puede negarse el gravísimo error de haber propiciado la celebración de la ridícula consulta de Mexicali, la cual suspenderá la terminación de una planta cervecera que había invertido ya 900 millones de dólares.

Error garrafal cometido en el peor de los escenarios, cuando la única luz que pudiera encenderse en el negro túnel de la recesión anunciada es la cada vez más remota posibilidad de nuevas inversiones ya sean nacionales o extranjeras.

No cabe duda: hay motivos para preocuparse y hasta para sentir rabia. De acuerdo, pero ¿insultar al Presidente y al Gobierno federal en conjunto remedia algo? Personalmente pienso que no. Son voces destempladas capaces solamente de permitir desahogos personales y, posiblemente, animar a otros a unirse al coro de gritos y maldiciones.

La inutilidad del torrente de imprecaciones cae y seguirá cayendo en el vacío por una sencilla razón: la inexistencia de una oposición verdadera; una oposición que además de señalar errores haga propuestas viables dignas de ser escuchadas. La popularidad del Presidente puede ir a la baja –como ocurre ahora–, pero eso no pasará de ser anecdótico mientras no se llene el hueco dejado por quienes ya no lo apoyan.

Los enemigos de AMLO sonreirán al contemplar la curva descendente trazada por las casas encuestadoras; algunos comentócratas podrán ufanarse al repetirnos “se los dije”; los vociferantes encontrarán una justificación, digamos moral, de sus mentadas de madre, y el país no habrá avanzado ni un centímetro hacia la solución de sus muchos y graves problemas. Ni un solo centímetro.
26 Marzo 2020 04:05:00
Cuarentena
Lea. Vea series en la tele. Comparta sus pensamientos a través de las redes sociales. Convierta su habitación en un gimnasio y haga ejercicio. Aproveche la forzada estadía en casa para acercarse a los suyos y conversar con ellos. Acepte el reto de leer diariamente una poesía por Facebook, o comparta, también por las redes, sus recuerdos. Alguien los leerá ahora que el mundo está colmado de lectores cautivos, en el sentido más estricto de la expresión. Oiga música.

Por recetas no queda. Las hay para todos los gustos. Eso sí, nadie aconseja quedarse echado en la cama viendo el techo y maldiciendo por igual al coronavirus que ha convertido su casa en una cárcel y a la irritante inacción del presidente Andrés Manuel López Obrador, empeñado en nadar a contracorriente del mundo y provocar miradas de asombro, cuando no burlas y risas sarcásticas.

Y esto último es, me temo, lo que hace la mayoría de las personas, aunque no lo confiesen. Tampoco faltan quienes le recuerden a uno que es afortunado al poder quedarse en casa y trabajar desde su computadora. Otros, nos dicen, y con razón, se ven obligados a salir a la calle a perseguir, ya no la chuleta, que está muy cara, al menos un taco para matar el hambre.

Es cierto. Reflexionar acerca de esto debería volvernos menos pesada esta cuarentena, que sabemos cuándo empezó, pero desconocemos cuándo ni cómo acabará.

Y en situaciones como en la que nos encontramos es bueno recordar lo escrito en 1948 por el crítico literario británico Clive Staples Lewis, cuando la posibilidad de una hecatombe atómica atemorizaba a todo el mundo, pensamientos que toman vigencia ante la pandemia. El texto, que compartió amablemente mi querida amiga Myrna Flores, se vuelve actual si en lugar de bomba atómica pensamos en coronavirus.

“En cierto sentido pensamos demasiado en la bomba atómica. ‘¿Cómo vamos a vivir en una era atómica?’. Me siento tentado a responder: Porque, ¿cómo habrías vivido en el siglo 16 cuando la peste visitaba Londres casi todos los años, o cómo habrías vivido en una época vikinga cuando los invasores de Escandinavia podían llegar y cortarte el cuello cualquier noche; o de hecho, cómo está viviendo en una época de cáncer, una era de sífilis (cámbielo por sida), una era de parálisis… una era de accidentes ferroviarios, una era de accidentes automovilísticos?

“Si todos vamos a ser destruidos por la bomba atómica, deje que esa bomba cuando llegue nos encuentre haciendo cosas sensibles y humanas: trabajar, enseñar, leer, escuchar música, bañar a los niños, jugar tenis, conversar con nuestros amigos, tomando una pinta de cerveza y un juego de dardos, no como ovejas asustadas pensando en bombas. Pueden romper nuestros cuerpos (un microbio puede hacer eso y lo hace actualmente) pero no necesita dominar nuestras mentes”.

Tampoco se trata, por supuesto, de tomar riesgos innecesarios o convertirnos en eventuales e irresponsables agentes de contagio. La amenaza es seria y debemos tomarla con seriedad, pero, eso sí, evitando que se adueñe de nuestras mentes, lo que sería tanto como morirnos sin necesidad de contraer la enfermedad.


26 de marzo

La pandemia y las necesarias medidas para evitar su propagación obligaron a cancelar el festejo conmemorativo de la promulgación del Plan de Guadalupe, acontecimiento que cambió el rumbo de la historia del país y que los coahuilenses debemos recordar por ser un gesto de dignidad ejemplar de nuestro paisano, don Venustiano Carranza.
19 Marzo 2020 04:00:00
Indiferencia y cuarentena
Tras el ritual mañanero: el primer café y la intranquilizante lectura del primer periódico del día, un vistazo a la ventana confirma la indiferencia de la Naturaleza ante las tristezas, angustias, alegrías y temores de nosotros los seres humanos. Así, uno pensaría que la escenografía ideal de los sepelios debiese ser como de película inglesa: cielos grises, lluvia pertinaz, paraguas negros. Sin embargo, cuántas veces hemos dado el último adiós a personas queridas en cementerios bañados de sol, donde desde el árbol cercano un impertinente pájaro pone la nota discordante lanzando al aire la alegría de su canto.

Mientras el periódico de ayer trae hasta la mesa de trabajo un mundo preso del terror -12 noticias sobre la pandemia solo en la primera sección de Zócalo, y cuatro de seis artículos editoriales de la página de opinión dedicados a ese mismo tema-, la indiferente primavera ofrece a los ojos el esplendor del efímero oro de hojas nuevas, que mañana se pintarán de un verde tierno, como lo hizo notar el poeta Robert Frost.

En tanto un periodista cuenta la sensación de vacío producido por una ciudad tan vibrante como Chicago, ahora desierta con cines, teatros y restaurantes cerrados, y una gran parte de los habitantes recluidos en sus casas a piedra y lodo, la buganvilia se empecina en aumentar cada día el caudal de fuego de la cascada floral que deja caer desde la reja, y ajena a cifras cada vez más ominosas, la margarita estrena su penacho blanco.

¿Sería esta indiferencia de la naturaleza la inspiradora de La Tierra Baldía de T. S. Elliot: “Abril es el mes más cruel:/ engendra lilas de la tierra muerta,/ mezcla recuerdos y anhelos,/ despierta inertes raíces/ con lluvias primaverales”.

Semitropicales como somos, no es necesario esperar la crueldad de abril; marzo se ocupa de adelantarnos las fierezas del próximo mes. Hoy, paradójicamente, obsesionados por la interrogante del futuro inmediato, cobijamos nuestros temores en el espléndido marco del estallido primaveral en árboles y prados que nos recuerdan la dura sentencia del Eclesiastés: “Generación va, generación viene, mas la Tierra siempre permanece”. La Tierra, o, lo que es lo mismo: la vida.

No solamente la Tierra. También permanecen y florecen los espíritus de mentes privilegiadas, inmunes al asedio del bagaje de miedo que ha acompañado desde siempre a las epidemias, esas aterrorizantes pestes medievales.

Durante la forzada reclusión de una cuarentena a causa de la peste que asoló a Londres (1666-1667), con la Universidad de Cambridge cerrada, el veinteañero Isaac Newton hubo de refugiarse en su hogar. Sin embargo, no perdió tiempo. Cuando, como asegura la leyenda, descansaba bajo la sombra de un manzano, se desprendió un fruto y le cayó en la cabeza.

Ese accidente le despertó muchas preguntas, cuyas respuestas se convirtieron en las leyes de la gravedad, el cálculo infinitesimal y el espectro cromático de la luz. Ni más ni menos, dice un autor, que “el mismísimo germen de la física moderna, en sus aspectos astronómicos, dinámicos, matemáticos y ópticos”.

Sesenta años antes, en 1606, William Shakespeare aprovechó la cuarentena impuesta por la peste bubónica para escribir tres de sus obras cumbres: El rey Lear, Macbeth y Marco Antonio y Cleopatra. El buen Bill sabía aprovechar el tiempo.

Si como dice el Eclesiastés, la Tierra permanece, también permanecen primaveralmente en ebullición inteligencia y creatividad. Tengamos fe y esperanza.


15 Marzo 2020 04:02:00
Dependencia tecnológica
Nota: Si desea leer acerca del coronavirus, el petróleo o los desastres financieros, busque otro artículo. Harto de tales temas, el autor de este optó por elegir asuntos que seguramente le parecerán intrascendentes. Sobre aviso no hay engaño.

Quince, 20, quizá más autos bloqueaban las únicas dos calles por las cuales se puede salir de la colonia. Es uno de esos fraccionamientos privados que han proliferado en los últimos años, los que, aduciendo la falta de seguridad, destrozan la unidad de la ciudad, volviéndola un desconcertado conjunto de feudos urbanos, versión dizque moderna de la Edad Media.

Desesperada, la mujer que conduce el auto que va adelante se dirige a la caseta de vigilancia. Deseaba averiguar por qué las “plumas”, tanto la de la entrada como de salida, permanecen tercamente inmóviles, impidiendo el paso de los vehículos. Conforme avanzaba el tiempo, la fila de autos gana en longitud, incrementando la irritación o el aburrimiento –depende del carácter de cada cual– de los conductores inmovilizados.

La modernización del sistema de vigilancia incluye “plumas” inteligentes capaces de leer tarjetas pegadas al parabrisas de los automóviles de los vecinos, levantándose automáticamente cuando se acercan.

En esta ocasión, a las “plumas” se les colapsó el sistema y mantienen una inamovible posición horizontal. Por lo visto, no hay poder humano capaz de hacerlas volver a la vertical y permitir la fluidez del tráfico. Así, una falla tecnológica transformó el feudo en gueto. Por culpa de un chip o vaya usted a saber por qué, los habitantes del fraccionamiento pasamos de caricatura de señores feudales a seres concentrados en un gueto.

Finalmente, alguien logró retirar las paralíticas “plumas” y los automovilistas pudieron huir de la momentánea cárcel. Lo ocurrido fue un problema derivado de nuestra dependencia de los artilugios electrónicos, los que ingenuamente queremos creer infalibles. Ese mini atasco vehicular del fraccionamiento me hizo recordar otro incidente parecido.

Invitado por una dama de muy respetable capacidad económica acepté dictar una conferencia en una ciudad del centro del Estado. Terminada la plática, la señora ordenó a uno de sus ayudantes trasladarme de regreso a Saltillo en una imponente camionetota. Durante el viaje, el chofer me presumió detalladamente las características del vehículo que, allí me enteré, normalmente se usaba para custodiar a mi anfitriona.

Era una maravilla de camioneta. Estaba blindada y sus cristales resistían cualquier disparo de armas de fuego, excepto de bazucas. Le habían instalado cámaras de televisión en la parte trasera y en las laterales, a fin de que el conductor pudiera vigilar a los que se acercaban o eventualmente lo seguían. Tenía botón de pánico y radioteléfono en contacto permanente con la central de seguridad. Pero sucedió lo inesperado: al costoso armatoste se le bajó una llanta y ¡sorpresa!, tenía de todo, menos un gato y una cruceta para cambiarla.

Cómo no recordar a un compañero reportero apodado “El Sentimental”, quien hace muchos años me propuso un negocio fabuloso: comprar máquinas de escribir mecánicas –empezaban a popularizarse las eléctricas– y cuando hubiéramos acaparado todas las existentes en el mundo, hacer una campaña de publicidad anunciando la venta de máquinas de escribir que no necesitaban electricidad para funcionar.

Viéndolo bien, “El Sentimental” no estaba tan loco como decían.


12 Marzo 2020 04:05:00
Prueba de fuego
El presidente Andrés Manuel López Obrador encara la peor crisis de las varias que se han presentado en los 15 meses de su Gobierno. Peor, incluso, que el ridículo mundial cuando decidió dejar en libertad al hijo del Chapo Guzmán y abandonar Culiacán en manos de la delincuencia organizada.

Ahora, por cuestiones domésticas e internacionales, los astros de la fatalidad parecen habérsele alineado. A la criticada estrategia adoptada a propósito de la marcha de las mujeres y el “Nueve no se mueve”, se levantan en el horizonte dos desafíos mayúsculos: la caída del precio del petróleo y las funestas consecuencias para una economía mundial -más para una estancada y prendida con alfileres, como la nuestra-, y la epidemia del coronavirus que ha paralizado a otros países.

Tres factores que volverán extremadamente complicado el Gobierno, cuyos bonos de confianza, además, han acusado un fuerte descenso en los últimos meses. Mal y de malas, como se suele decir.

Un panorama tan complicado, al que algunos no han dudado en calificar como “la tormenta perfecta”, es imposible abordar en bloque. Lo aconsejable es revisar, así sea superficialmente, cada uno de los factores por separado.

Para muchos, y quien esto escribe se incluye, fue una sorpresa la carencia de sensibilidad de un político tan experimentado como López Obrador. En el asunto de la marcha de mujeres, anduvo de tropiezo en tropiezo. Primero, intentando restarle importancia  (“que el feminismo no opaque mi rifa”) y después convirtiéndolo en un asunto personal manipulado por sus eternos enemigos, los conservadores, para debilitar a su Gobierno.

El desdén con el que vio el Presidente la impresionante movilización feminista se extendió a su círculo íntimo, empezando con su señora esposa, Beatriz Gutiérrez, quien primero se adhirió y después se deslindó. Luego, en un numerito de dar pena ajena, las mujeres del gabinete se vieron obligadas a hacer el triste papel de defensoras de su jefe.

La cereza en el pastel la puso el propio Presidente, quien un día después de las multitudinarias marchas de mujeres habidas en varias ciudades del país, apareció en una fotografía, relajado, en unas ruinas prehispánicas de Zacatecas. Desdén que remachó en la conferencia de prensa mañanera del lunes, dejando para el final el tema con un comentario ambiguo, carente de sustancia, que a nadie convenció.

La caída del precio del petróleo tomó desprevenidos a todos, cimbrando a los mercados financieros del mundo, y de un rozón provocó una depreciación sensible del peso, cuya estabilidad fue, hasta el domingo anterior, uno de los contados logros en materia económica que podía presumir el Gobierno.

También la fulminante propagación del coronavirus sorprende a México en un mal momento, sumido en su propia crisis por la falta de medicamentos y un creciente descontento de médicos y enfermeras irritados por no contar con el instrumental y las condiciones indispensables para el buen desarrollo de su trabajo.

Si el Presidente insiste en mantener el optimismo ante la depreciación del peso y la amenaza del coronavirus, la situación puede llegar a ser caótica. Aún es tiempo, esperamos, de reflexionar y recapacitar. Corregir el rumbo y diseñar una estrategia capaz de lograr que el barco cruce la tormenta sin mayores daños. Y es que contra la realidad no hay discurso ni frase populachera que valga. Ni Rusia, ni Arabia Saudita ni el coronavirus tienen mamacita a quienes acudir pidiéndoles que corrijan a sus hijos y los hagan portarse bien.  

08 Marzo 2020 04:02:00
Mañana será tarde
Desde el desplome del cultivo del algodón en la Región Lagunera, a mediados del siglo anterior, Coahuila no había enfrentado un problema socio-económico de las dimensiones del que hoy se gesta en el centro de la entidad y en el riñón hullero. La Laguna aceptó con éxito el difícil reto de una reconversión de sus actividades, enfocándolas a la industrialización, y aunque aún se cultiva, en menor escala el algodón, la época dorada de la fibra pertenece a la historia y a la nostalgia.

Hoy, Altos Hornos de México (AHMSA) y los productores de carbón enfrentan una crisis que afecta a dos regiones de primera importancia económica. La insostenible situación financiera de la siderúrgica monclovense, y la virtual suspensión de compras de carbón por parte de la Comisión Federal de Electricidad, mantienen al borde de la paralización a ambas regiones, pues, como se sabe, AHMSA es el motor de la economía no solo de Monclova, sino de un buen número de municipios de los alrededores: Castaños, Frontera, San Buenaventura, Nadadores, Sacramento y otros.

La falta de mercado del carbón afecta a cinco municipios cuya economía ha pivotaado desde hace más de un siglo en torno a la extracción del energético, actividad que hoy se ha reducido al mínimo, debido al cierre de minas.

Sin embargo, no obstante el parecido de ambas crisis, existen diferencias abismales entre una y otra. En la sufrida por Monclova y municipios aledaños, es posible ver una luz al final del túnel: la venta de la empresa, operación que se ha complicado a causa del retiro de la mesa de negociaciones de dos gigantes del acero, la italoargentina Ternium y la india Mittal, que se habían mostrado interesadas en comprar.

Según fuentes cercanas a los altos mandos de la acería, las negociaciones continúan con Villacero, del regiomontano Julio Villarreal, quien es también propietario de banca Afirme, con la cual, por cierto, AHMSA ha pactado créditos con anterioridad. No se descarta, por supuesto, que el cambio de propietario traiga reajustes, como una reducción, quizá drástica, de la plantilla de obreros y empleados.

Pero este sería, en todo caso, un mal menor, si se compara al colapso que pudiera producirse a corto plazo en la Carbonífera, donde los avances tecnológicos y le preocupación por el medio ambiente están jugando en su contra. La sustitución de energéticos fósiles, como es el petróleo y el carbón, por fuentes de energía limpias y renovables: eólica y fotovoltaica, principalmente.

Por otra parte, se acelera la tendencia mundial a abandonar el uso de carbón para producir electricidad o incluso en procesos de fundición. Ya son varios los países europeos que han decidido cerrar todas sus minas hulleras en un afán de proteger el medio ambiente. Los dos factores: avances tecnológicos y reducción del uso de energéticos contaminantes, condenan a la desaparición, y no a largo plazo, lo que durante más de un siglo fue la plataforma que sostuvo e impulsó la economía de la Región Carbonífera.

No se necesita ser profeta para prever lo que ocurrirá. De allí la urgencia de que desde ahora empiece a trazarse un plan maestro para reconvertir la economía de esa región, la cual esperemos, resulte tan exitosa como la emprendida en la Comarca Lagunera.

Dejarlo para mañana podría ser un error costosísimo y equivaldría a condenar a una pujante zona de Coahuila. No es exageración. El futuro está a la vuelta de la esquina y las nubes de tormenta en el horizonte.
05 Marzo 2020 04:00:00
Coahuila a pie
Afirman especialistas que la popularización del ferrocarril produjo un cambio trascendente en la percepción del paisaje. Los viajeros empezaron a mirarlos por primera vez a un lado, a través de la ventanilla de los vagones, cuando antes, ya fuera a caballo o a pie, su visión era hacia adelante y con la posibilidad de abarcar un radio de 180 grados. Esto trajo, por supuesto, una transformación de la relación del ser humano con la Naturaleza, la cual se ha vuelto más compleja y también lejana debido a la modernidad y a la tecnología.

El binomio modernidad-urbanización es indisociable, pues si las ciudades hacen libres a los individuos, como afirmaban los alemanes al compararlas con el sistema de vida en el antiguo sistema feudal, también es cierto que esa libertad tiene un costo altísimo: aglomeraciones, hacinamiento, atascos vehiculares, estrés, selvas de asfalto y un casi obligatorio sedentarismo.

Como respuesta a la progresiva dependencia de lo urbano surgió una actividad cuyas características obligaron a inventar un neologismo: “senderismo” y su verbo correspondiente, “senderear”. Se trata, en esencia, de un regreso a la Naturaleza, sin más propósito que restablecer la relación con ella.

Los senderistas, en solitario o en grupo, dan la espalda momentáneamente a las ciudades en una suerte de retorno adánico, aunque les resulte imposible -todo hay que decirlo- librarse de las preocupaciones inherentes a cualquier ser humano consciente de la actualidad, como los daños provocados a la ecología.

Hijos o nietos intelectuales de Henry David Thoreau, el escritor que construyó su pequeña cabaña con lo indispensable en el bosque, cerca del lago Walden, en Massachusetts, los senderistas buscan recuperar, así sea temporalmente, la comunión con la Naturaleza.

Se trata de una actividad con creciente número de practicantes, entre los que se encuentra Salvador Hernández Vélez, actual rector de la Universidad Autónoma de Coahuila, quien ofrece en un reciente libro, Sendereando en Coahuila. Caminar para conocer la biodiversidad, las experiencias obtenidas en las excursiones que, en su caso, agregan a la contemplación, nuevos conocimientos, la conversación y la camaradería.

“Quienes han disfrutado de subir una montaña -escribe Hernández Vélez-, no me dejarán mentir que se baja siendo otro; la intensidad de los picos o la delicadeza de una flor en la hendedura de una roca se acerca a lo ilimitado, a lo inenarrable”.

Enamorado del desierto, el autor no desdeña por eso el senderismo de montaña, como los recorridos por el cañón de San Lorenzo, de la sierra de Zapalinamé, o el andar por los arroyos de Saltillo, donde ha constatado las agresiones al entorno.

Dedica uno de los capítulos a la ascensión de Zapalinamé por el Camino del Cuatro, que Vito Alessio Robles, en un arrebato de comprensible localismo, considera en su libro Saltillo en la Historia y en la Leyenda una de las carreteras más bellas del mundo.

Desde la comodidad, nada saludable, por cierto, del sillón de lectura, a través de las páginas de Sendereando en Coahuila, escalamos el áspero Cerro de las Noas, cercano a Torreón, las riberas del río Sabinas pobladas de arrogantes ahuehuetes, la maravilla de las pozas de Cuatro Ciénegas y la mesa de Catujanos, centinela de la villa de Candela.

Leer este libro es como echarse la mochila al hombro y emprender la versión coahuilense del Viaje a la Alcarria, de Camilo José Cela, para mi gusto, el texto más bello de los muchos escritos por el Premio Nobel español.


01 Marzo 2020 04:05:00
Un poeta llamado Otilio
El escritor Alejandro Pérez Cervantes, se echó a cuestas la nada fácil tarea de salvar del olvido a un saltillense ilustre, el poeta Otilio González. Trabajo complicado, pero el esfuerzo cuajó más que satisfactoriamente en una novela, Lengua de Plata, presentada hace unos días en la Feria del Libro de Minería de la Ciudad de México. En las páginas del volumen, un alarde de buen gusto tipográfico y bellamente ilustrado por Gonzalo Rocha, Pérez Cervantes practica un asedio histórico-literario por diferentes flancos al saltillense, cuya corta vida terminó de manera trágica.

Lengua de Plata es una apasionada aproximación a la vida de Otilio, cuyas obras son hoy inconseguibles. Hace ya hace casi una década, durante el rectorado del ingeniero Jesús Ochoa Galindo, la Universidad Autónoma de Coahuila publicó un volumen con una selección de sus poesías precedidas de un ensayo. Después de eso, nada.

El nombre de Otilio dice poco a los saltillenses de hoy. La mayoría pensará en una avenida al sur de la ciudad. Otros, más enterados, quizá recuerden una pequeña placa en la pared de una ruinosa casa de la calle Manuel Pérez Treviño que hace referencia –quizá con dos errores– a un dato biográfico del personaje, esbozando la razón de su ahora desleída fama:

“Aquí nació en 1895, Otilio González, poeta representante del Modernismo en las letras coahuilenses. Fue el personaje central de la novela La Sombra del Caudillo, de Martín Luis Guzmán. Centro Histórico de Saltillo. Archivo Municipal de Saltillo, 1998”.

El desaparecido Roberto Orozco Melo, aseguraba que el poeta había nacido en el barrio del Ojo de Agua, muy lejos de la casa que amenaza con desplomarse. Tampoco es probable que Martín Luis Guzmán se inspirara en la personalidad del saltillense para trazar su personaje Axkaná González, en su célebre novela. En capítulos que decidió eliminar había utilizado el nombre para otro personaje, pintándolo como un político corrupto, capaz de cualquier marrullería para conseguir una diputación.

El Axkaná de La Sombra del Caudillo, es todo lo contrario, un idealista a quien el autor salva de la matanza perpetrada en Hutzilac, donde murieron Francisco Serrano y sus seguidores, acusados de sedición. En realidad, Serrano y sus simpatizantes, incluyendo a Otilio, fueron asesinados por desafiar la candidatura de Álvaro Obregón, quien intentaba reelegirse en 1927.

Estudiante becado en el Ateneo Fuente y después abogado por la Universidad Nacional, el poeta se distinguió desde muy joven por su capacidad como orador. De allí el sobrenombre Lengua de Plata, que le aplicara otro escritor saltillense, coetáneo suyo, Hildebrando Siller. En la Ciudad de México hizo carrera política. Fue diputado y orador oficial de la campaña del general Francisco Serrano en busca de la Presidencia de la República.

Pero el proyecto se estrelló con la ambición de Álvaro Obregón y la complicidad del entonces presidente Plutarco Elías Calles. Los serranistas fueron detenidos camino a la capital y asesinados a mansalva por un piquete de soldados.

Pérez Cervantes, con los muy escasos datos de los que se dispone, hurgando en libros y archivos logra hacer un trazado entrañable del poeta y de su obra. Rescate plausible de un coahuilense a quien indebidamente sus paisanos hemos condenado al olvido, y nos recuerda que la nómina de coahuilenses ilustres es amplia, nutrida y variada, aguardando al investigador interesado en apartarse de la senda trillada por otros biografiados.
27 Febrero 2020 04:07:00
Egocentrismo presidencial
Muchos de los problemas del presidente Andrés Manuel López Obrador nacen de dos formas de actuar, las cuales tienen la misma raíz. Una es la obsesión de imponer sus ideas por encima de la opinión de expertos o incluso de la lógica. Está convencido de saber con exactitud cuáles son los problemas del país y de poseer la fórmula de resolverlos. Se trata de una manifestación de egotismo que le impide admitir opiniones contrarias a la suya. Por eso, en vez de rebatir puntos de vista no acordes a su manera de pensar, toma el camino fácil de la descalificación.

Otra de las manifestaciones de su egotismo es interpretar como ofensa personal las críticas a su forma de actuar. De ambos defectos de carácter ha dado muestras en los últimos días, creándose problemas que amenazan con crecer hasta provocar a su Gobierno una crisis de consecuencias impredecibles.

Su afán de imponer la agenda, sin tomar en cuenta las circunstancias, lo metió en el problema con el movimiento feminista y la convocatoria a las mujeres de no participar en la vida nacional el próximo lunes 9 de marzo.

El tropezón que detonó el malestar femenino nació de que la realidad no coincidió con su agenda. Durante la acostumbrada conferencia mañanera afloró un tema de los feminicidios que estaba en el sentir de la sociedad, pero no en el del Presidente. Cuando la intervención de algunos periodistas se enfocó en los feminicidios, tema ajeno a su agenda, un López Obrador visiblemente exaltado pidió –quizá sería más exacto decir: exigió– que ya no se hablara de asesinato de mujeres, para que los feminicidios no opacaran la ridícula rifa del avión sin avión.

Resulta increíble la falta de sensibilidad de un político de la experiencia de López Obrador, al actuar de esa manera. Pero es que, para él, y por lo tanto debería ser para todos, la rifa por él organizada es más importante que los 10 feminicidios cometidos diariamente en México y el reciente asesinato de unas menores de edad.

Esto lo llevó pronto a personalizar el asunto. Y de eso se encargó en buena medida su señora esposa, quien en un principio apoyó el movimiento parista y minutos después lo condenó, ofreciendo al mismo tiempo apoyo a su marido. Así, una legítima y comprensible expresión de inconformidad femenina se convirtió en movimiento opositor al Gobierno, que el mismo Presidente se encargó de oficializar, digámoslo así, al hablar del involucramiento de la derecha en la organización.

Pensar que el mundo gira en torno a su persona, se manifestó al comentar el artículo del Wall Street Journal (WSJ) donde se hablaba de la existencia del Gobierno de un solo hombre en México. ¿Cuál fue la respuesta del tabasqueño? Muy sencilla: Los periodistas del WSJ no conocen la historia de México al compararlo con Santa Anna y con Porfirio Díaz, cuando el primero ocupó 11 veces la presidencia de la República, y Díaz se mantuvo en el poder más de 30 años, mientras él apenas tiene 15 meses al frente del Gobierno.

Egocentrismo puro. Fundamentado o falso, lo realmente preocupante es quiénes leyeron el artículo. Lo leyó una élite mundial capaz de decidir el destino de sus enormes riquezas, dónde invertir o hacer las ampliaciones de sus gigantescos conglomerados industriales. ¿Pensó el Presidente el daño que una opinión así puede causar a la ya de por sí famélica economía de México? Claro que no. López Obrador solo pensó, como acostumbra, en López Obrador.
23 Febrero 2020 04:02:00
Estado de La Laguna (2)
El movimiento separatista encabezado por un grupo de personas, la mayoría de Torreón, resulta hoy paradójico, cuando es precisamente un hijo de La Laguna, el ingeniero Miguel Ángel Riquelme Solís, quien está al frente de los destinos de Coahuila, y cuyo Gobierno ha demostrado una distribución equitativa de los recursos en todas las regiones. A pesar de ello, los secesionistas laguneros se quejan de la centralización del poder político en Saltillo.

Por simple curiosidad, y solo para comprobar estadísticamente esta hipótesis de los separatistas, quizá resulte interesante hacer un balance de los municipios y las regiones de Coahuila con mayor peso a partir de la estabilización de la vida política del Estado, en 1925, cuando Manuel Pérez Treviño se convirtió en el primer gobernador posrevolucionario en concluir su mandato.

En esos 95 años han desempeñado el Gobierno estatal 17 personajes, sin contar a los suplentes y los que lo han hecho en forma interina, con excepción de don Raúl López Sánchez, quien fue nombrado gobernador sustituto por el Congreso y tuvo tiempo suficiente –cuatro años– para consolidar su proyecto de Gobierno.

En efecto, casi 30% de los 17 fueron saltillenses: Nazario Ortiz Garza, Óscar Flores Tapia, Enrique Martínez y Martínez, Humberto Moreira y Rubén Moreira. Curiosamente, el segundo municipio proveedor de gobernadores ha sido Arteaga, con tres: Jesús Valdés Sánchez, Ignacio Cepeda Dávila y Román Cepeda Flores.

Hubo un tiempo en que corría la broma sobre la existencia de un letrero a la entrada de la villa de Arteaga advirtiendo a los automovilistas: “Maneje usted con precaución, pues puede atropellar a un próximo gobernador de Coahuila”.

En el tercer lugar empatan con dos Torreón y San Pedro de las Colonias. Raúl López Sánchez y Miguel Ángel Riquelme (Torreón), y Pedro V. Rodríguez Triana y Eliseo Mendoza (San Pedro de las Colonias).

Cuatro municipios han tenido que conformarse con uno: Piedras Negras, con Manuel Pérez Treviño; Zaragoza, con Benecio López Padilla; Parras, con Raúl Madero y General Cepeda con José de las Fuentes.

El resto, nada. Extraña, por ejemplo, que ningún nativo de Monclova, la tercera población coahuilense en importancia demográfica y económica, haya llegado a ocupar el cargo, aunque dos hijos de esa ciudad estuvieron al frente de la Secretaría General de Gobierno: Francisco López Serrano y Felipe González.

Visto lo anterior vale preguntar si la oriundez representó en el pasado un peso definitivo para inclinar la balanza en favor de uno u otro aspirante. No fue así hasta el año 2000, cuando México experimentó la alternancia. Trasladado a la historia local, sería Rogelio Montemayor Seguy el último de los candidatos al Gobierno cuya candidatura se cocinó en Palacio Nacional.

Antes, la sucesión en el Gobierno estatal –como en el resto de las entidades del país– se resolvía en Los Pinos, que era la residencia oficial del Primer Mandatario. Entonces no resultaba difícil rastrear la cercanía del candidato elegido con el Presidente en turno, aunque no se aplicó la regla con la designación del general Raúl Madero González, hacia quien volteó el presidente Adolfo Ruiz Cortines para deshacer de un tajo el enredado nudo gordiano en que se había vuelto la política coahuilense.

Partiendo de este hecho, que es del conocimiento público, resulta aventurado afirmar que el haber nacido en la capital del estado confiera ventajas a cualquier político con aspiraciones de llegar a gobernador.

20 Febrero 2020 04:01:00
Estado de La Laguna (1)
La creación del Estado de La Laguna en un territorio segregado a Coahuila y a Durango es una idea que permanece larvada desde hace mucho tiempo, y de vez en cuando toma impulso y vuelve a colocarse en la mesa de las discusiones. Ahora ha sido el diputado Porfirio Muñoz Ledo el encargado de dar nuevo impulso al anhelo de muchos laguneros. Uno de los políticos de mayor experiencia en México, sobreviviente de infinidad de rupturas con cuanto partido político ha pertenecido, Muñoz Ledo relanzó la idea repitiendo el discurso del supuesto abandono de La Laguna por parte de los gobiernos de Coahuila y de Durango. La segregación, agregó, detonaría una etapa de desarrollo inédita para la comarca.

Como era previsible, la excitativa de Porfirio encontró eco en algunos grupos que de una u otra manera han promovido el proyecto. Incluso existe una organización llamada Ella (Estado de La Laguna, por sus iniciales), que no quita el dedo del renglón.

El separatismo lagunero y sus anhelos de soberanía tienen profundas raíces históricas y económicas. Para empezar, sus tres principales ciudades -Torreón, Gómez Palacio y Lerdo- son una isla, no rodeada de mar, pero sí distante casi 200 kilómetros de cualquier asentamiento humano de cierta importancia: Durango, Saltillo y Monclova.

Otro factor de identidad y de cohesión, el cual numerosos laguneros de hoy añoran, fue el floreciente monocultivo del algodón. El “oro blanco”, como se le llamaba, convirtió a la comarca en región de gran dinamismo y una de las más prósperas del país desde principios del siglo pasado, pero la aparición en el horizonte de competidores con gastos de producción más bajos marcó el descenso del cultivo. La mayor parte de las tierras de la comarca dedicadas a la agricultura dependen de agua bombeada a cada vez más profundidad, mientras el Nilo y el Mississippi dispensan sus caudales prácticamente de manera gratuita.

Lo anterior obligó a una profunda reconversión de la economía regional, la cual ha sido exitosa principalmente en el ramo industrial y comercial, pero que hubo de enfrentar el desmantelamiento del ejido, provocando problemas de empleo.

El Gobierno federal también hizo su parte para consolidar el fenómeno. Durante el Porfiriato, La Laguna fue la joya de la corona de los logros del régimen en materia económica. Esta suerte de dependencia del Gobierno central se agudizó en la Presidencia de Lázaro Cárdenas. El reparto agrario y su puntal de financiamiento, el Banco Nacional de Crédito Ejidal, fortalecieron la relación de la comarca con el centro, que se volvió prioritaria para los ejidatarios. Saltillo y Durango no tenían vela en el entierro.

Hace un buen número de años volé a Torreón con un gobernador de Coahuila. Antes de aterrizar, el Mandatario vio por la ventanilla una multitud de personas muy cerca de la pista. “¡Vaya recibimiento que nos prepararon!”, dijo satisfecho. Me permití poner en duda que ese fuera el comité de bienvenida que lo aguardaba. Me miró molesto. Sin embargo, minutos después, ya en tierra, nos dimos cuenta: la pequeña multitud, abundante en sombreros de palma, se arremolinaba en torno a otro avión que aterrizó poco después con un funcionario del Banco Ejidal, quien, luego supimos, tenía la encomienda de condonar deudas de los hombres del campo.

Con el desmantelamiento de los ejidos, Carlos Salinas de Gortari fue el encargado de romper ese añejo cordón umbilical.

(Continuará)
16 Febrero 2020 04:01:00
Blanco o negro
Uno de los daños colaterales de la polarización auspiciada por el presidente Andrés Manuel López Obrador ha sido la uniformidad de criterios de uno y otro bando, la cual roza peligrosamente con las fronteras de la monotonía. A veces basta leer el nombre del autor de la columna o del ensayo para saber en qué dirección van sus comentarios. La división entre “chairos” y “fifís” se da con la impecable nitidez y constancia en la letra impresa y en las pantallas de la televisión.

También hay que decirlo, el Presidente, lejos de ser ajeno al fenómeno, se ocupa de alimentarlo un día sí y otro también. Los anti 4T jamás pueden quejarse de falta de temas. Las ocurrencias expresadas en público de la gente, como dice el corrido, durante las conferencias mañaneras les proporcionan tela de sobra de donde cortar:

“Vamos a rifar el suntuoso avión presidencial. No, ya lo pensé bien: no lo vamos a rifar, mejor vamos a rifar dinero, al cabo los industriales y empresarios tienen cara de vendedores de billetes de lotería. Acabaremos con los fines de semana largos, para dar oportunidad a los mexicanos de reflexionar sobre el significado de las fechas claves de nuestro calendario cívico, y de esa manera puedan afirmar su identidad. Sí, ya no habrá más puentes neoliberales, pero a fin de no perjudicar al turismo, vamos a construir otros a los que llamaremos de ‘convivencia familiar’. No importa si con ello duplicamos los días no laborables: uno, el de la fiesta cívica, y el otro que vamos a pegarle al fin de semana siguiente”.

Es verdad, a los anti 4T no les faltan temas para insertar sus críticas: la situación económica del país, la galopante inseguridad, los problemas de Pemex, el inquietante incremento del desempleo, el desabasto de las medicinas, la perseverante demolición de instituciones que eventualmente pudieran ser contrapeso del poder político, los frecuentes deslices lingüísticos presidenciales –“que los feminicidios no opaquen la rifa”– y todo lo demás que usted recuerde.

Sin embargo, la uniformidad de las posiciones críticas y las maromas de los Amlovers empiezan a resultar previsibles, y, por lo mismo, aburridas. Podría decirse que México es un país sin matices. El maniqueísmo del que se acusa al Presidente parece haberse convertido en un deporte nacional. Aquí todo es blanco o es negro.

Si en la pantalla chica, como antes se decía, aparece la infumable imagen de John Ackerman o esa pedantería con lentes llamado Gibrán quién sabe cuántos, cambie de canal. Apresúrese: elija cualquier otro, aunque sea uno dedicado a la venta de cacerolas o incluso a los de tiempo comprado por charlatanes de toda laya, que prometen poner fin a sus sufrimientos y le ofertan amuletos de dudosa procedencia.

Incluso, en esos canales podrá eventualmente toparse con alguna novedad, lo cual no ocurrirá en los programas de Ackerman o Gibrán, que a la manera de los monjes budistas se dedican a dar vueltas al cilindro de oraciones. En su caso, de alabanzas destinadas al Presidente.

A veces es peor la medicina que la enfermedad, como ese afán de las televisoras nacionales de organizar mesas de discusión con especialistas –es un decir– capaces de hablar de aeropuertos, de elecciones en Estados Unidos, de leyes, de tamales veracruzanos, de economía global o de epidemias. La pretendida pluralidad de tales mesas termina o en un galimatías ininteligible o en un enorme bostezo.

Y luego preguntan a qué se debe la popularidad de las series de Netflix.
13 Febrero 2020 04:05:00
Pueblo en vilo
La problemática por la que atraviesa Altos Hornos de México (AHMSA), cuyo futuro está aún en el aire, hace de Monclova una segunda edición del famoso libro de don Luis González y González, Pueblo en Vilo. Desde hace meses, la situación de la empresa ha ido deteriorándose por diversas causas y está a punto de llegar a un nivel insostenible, un oscuro túnel en el que la única luz visible es la posibilidad de vender.

A Monclova y la región puede aplicarse la frase que describe la relación de México con Estados Unidos. “Si AHMSA se enferma de gripe, Monclova y la región sufren pulmonía”. Y no se trata de un fenómeno reciente, es un hecho que está por cumplir 80 años.  

La historia moderna de Monclova arranca en 1942, cuando en la entonces estación de ferrocarril -hoy ciudad Frontera- se empiezan a descargar enormes piezas de metal que ya armadas se convertirían en Altos Hornos de México. A partir de esa fecha las historias de la ciudad y de la siderúrgica son vidas paralelas, con perdón de Plutarco. Las altas y bajas de la acería se reflejan de manera instantánea en la vida económica de la población y en la amplia región sobre la cual hace sentir su influencia.

Miles de habitantes de municipios cercanos: Castaños, Frontera, Nadadores, Sacramento e incluso Cuatro Ciénegas, trabajan para AHMSA, cuyos intereses abarcan hasta la Región Carbonífera, Hércules (minas de hierro) y La Perla, Chihuahua, donde se procesa el material de hierro para facilitar su fundición. Hablamos, sin exageración, de un tercio de Coahuila.

Tampoco la historia de la siderúrgica ha sido tersa. En sus comienzos, y hasta los años 70 del siglo pasado, se hizo cargo del timón un hombre extraordinario, el ingeniero Harold R. Pape, que fue quien la construyó. En aquel entonces la industria nacional estaba en pañales y la única acería importante del país era la Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, nacida con el siglo 20, en 1900, para ser exactos.

Contaba el ingeniero Pape que durante la etapa de planeación de AHMSA, se entrevistaron con el presidente Manuel Ávila Camacho, para exponerle el proyecto. “¿Y cuánto terreno necesitarán para instalarla?”, preguntó el Presidente. Sus interlocutores hablaron entonces de centenas de hectáreas, tantas, que Ávila Camacho los cuestionó: “Van a poner una fundidora o quieren hacerse de un latifundio?”.

Hasta el Gobierno de Luis Echeverría, el señor Pape manejó AHMSA y lo hizo muy bien. La transformó en la primera acerera de Latinoamérica operando con números favorables. Incluso por encima del gigante que era Volta Redonda, de Brasil.

El nacionalismo de Echeverría la descarriló. Marginaron al señor Pape y principió una administración politizada con un desfile de directores entre los que no faltaron verdaderos pillos. Algunos de estos sistematizaron el saqueo hasta poner al borde de la quiebra el antes floreciente negocio. Así fue como el presidente Carlos Salinas de Gortari organizó lo que en esos tiempos se llamó la “venta de garaje” de empresas nacionales y las privatizó.

Este capítulo ha tenido fuertes vaivenes que acabaron conduciéndola a la situación en que ahora se encuentra. Hoy, la empresa, motor de la economía regional, tiene detenida la respiración de sus más de 20 mil trabajadores y empleados, y centenares de proveedores, en espera de que la situación se resuelva y se aclare, por fin, el futuro de una de las regiones claves para el desarrollo económico de Coahuila.
09 Febrero 2020 04:07:00
Carranza: desliz y olvido
El 103 aniversario de la promulgación de la Constitución que aún nos rige fue la fecha elegida por el gobernador Miguel Ángel Riquelme Solís para dar el banderazo de inicio de los actos conmemorativos del centenario de la muerte de don Venustiano Carranza. El lugar donde se dio la voz de arranque no pudo ser el más apropiado: Cuatro Ciénegas, tierra natal del Primer Jefe del Ejército Constitucionalista e impulsor del Congreso que promulgó la Carta Magna.

Como ya se ha dicho, el estado de Coahuila está obligado a dar brillantez a los actos que recuerden no solo el sacrificio de don Venustiano, sino toda su biografía, pespunteada de actos luminosos de impecable patriotismo, que justamente le hacen merecedor del título de constructor del México moderno.

El asesinato del cieneguense en la oscura cañada del caserío de Tlaxcalantongo, Puebla, donde anidó la más alevosa de las traiciones aquella madrugada del 21 de mayo de 1920, marcó el fin de una etapa de la historia de México.

El hecho de que el asesinato ocurriera en tierras poblanas motivó a los legisladores locales de ese estado a declarar Año de Carranza el 2020, el cual la Federación decidió dedicar a la memoria de Leona Vicario, heroína de la Independencia.

En Coahuila, desde hace meses hay una propuesta formal en la Legislatura estatal de hacer una declaratoria en el mismo sentido. Sin embargo, los señores diputados, seguramente ocupados en asuntos de mayor trascendencia, no se han dado tiempo para dar curso a la propuesta y convertirla en decreto. Suena a contrasentido que lo haya hecho el estado donde murió, pero no en el que nació.

En Querétaro, durante el acto de celebración del aniversario de la Constitución en el Teatro de la República, recinto que sirvió de sede al Constituyente de 1917, el presidente Andrés Manuel López Obrador pronunció un discurso, a todas luces improvisado, con características de clase de historia, el cual remató aplaudiendo las reformas hechas a la Carta Magna durante su Administración.

Al hablar de Carranza, el Presidente destacó su calidad de estadista e hizo referencia al nacionalismo del coahuilense, a su firme postura ante los intentos de intervención extranjera y, por supuesto, el haber promovido una nueva Constitución.

Sin embargo, no todo fue alabanzas. López Obrador se refirió a tres supuestas manchas –tres manchas, se escuchó bien– en la biografía de don Venustiano: los que llamó los asesinatos de Emiliano Zapata, Felipe Ángeles y ¡Francisco Villa! Una mala pasada más de la improvisación, pues, como se sabe, Villa fue asesinado el 20 de julio de 1923. ¡Cuando Carranza tenía tres años de muerto! Y está comprobado que Villa no murió de susto al aparecérsele el fantasma del cieneguense: lo acribillaron en una calle de Parral, Chihuahua.

Es evidente la intención de desdorar la imagen del coahuilense, olvidando que Zapata estaba en pie de guerra contra su Gobierno legalmente constituido, como antes lo estuvo contra el de Porfirio Díaz, León de la Barra, Madero y Victoriano Huerta, y que Ángeles, por su parte, cayó prisionero después de un infructuoso levantamiento armado. Los dos cometieron delitos merecedores de la pena de muerte en esa época.

Carranza no era Madero. El de Parras, muy en sintonía con López Obrador, ofreció abrazos a Félix Díaz y a Bernardo Reyes, quienes trataron de derrocarlo. Les perdonó la vida y los metió en prisión. Ellos le agradecieron ese gesto de bondad disparándole balazos.
06 Febrero 2020 04:05:00
Ensalada de letras
Racismo. El historiador Jean Meyer escribe una interesante y variada sección de la revista Istor. La llama “Cajón de sastre” y en ella incluye noticias científicas, reseñas condensadas de libros y selecciones de textos a veces sorprendentes y en ocasiones indignantes. En uno de los números de Istor, Meyer rescató fragmentos de un libro escrito por el padre de John Womack, el biógrafo de Emiliano Zapata, donde se exhiben en forma descarnada e indignante las raíces del racismo norteamericano, trasfondo enmascarado del discurso supremacista del presidente Donald Trump.

John Womack padre fue agricultor en Oklahoma y residía en Norman, ciudad sobre la que escribió una historia:

“Norman era conocida como la ciudad del hombre blanco, desde sus orígenes hasta la Segunda Guerra Mundial”. Y agrega: “Una de las características de Norman, única y bien conocida, es que no hay un solo negro en la ciudad. Esto ha provocado comentarios muy favorables en las partes del territorio donde se conoce este hecho. Los trabajadores lo ven como favorable para su clase, al quitar una competencia peligrosa”.

Y más adelante abunda: “El código no escrito en Norman era que ningún negro podía pasar la noche en la ciudad, no quedarse después de la puesta del sol; no se podía servir a negros en los restaurantes, pero podían hacer su pedido por la puerta trasera y comer afuera… El 30 de marzo de 1899, a eso de las 6:30 de la mañana, el tren se paró frente a un objeto en la vía que resultó ser un bebé de dos a cuatro meses, varón, mulato”.

Lo llevaron al pueblo, fue bautizado y pasó la noche en Norman. Luego lo mandaron al orfanato de Oklahoma City. “Fue el primer negro que pasó una noche en esta ciudad”, comenta Womack.

El presidente Trump no hace gala de racismo, quizá porque los afroamericanos también votan, pero quien conoce su biografía recuerda la demanda de la ciudad de Nueva York que enfrentaron él y su padre, constructor de edificios de departamentos, por utilizar todo tipo de triquiñuelas para no alquilar departamentos a familias afroamericanas.

El humor de José Emilio. Acaba de llegar a las librerías El Infinito Naufragio. Antología general de José Emilio Pacheco, compilada por su hija Laura Emilia. Se trata de una suerte de guía para lectores principiantes de Pacheco, e incluye varios apartados: poemas, ensayos y una selección de Inventarios, publicados en la revista Proceso.

De gesto generalmente adusto, concentrado, José Emilio Pacheco podía sorprender con su fresco sentido del humor. Hace años, quien esto escribe tuvo la oportunidad de compartir el pan y la sal, como decían los clásicos, con el admirado escritor. La comida fue en el desaparecido Tapanco de la calle de Allende. El anfitrión, Armando Javier Guerra.

Se habló de libros y de autores, pero el maestro Pacheco desvió la conversación al hacer una propuesta insólita. Dijo, palabras más, palabras menos:

“Voy a proponer para el Premio Nacional en la categoría de patriotismo a Bobby Larios”, en aquel entonces popular por su tormentosa relación con la bailarina Niurka. La frase provocó un desconcertado silencio, hasta que el escritor explicó:

“Tiene merecimientos de sobra, pues ha sido hasta hoy el único mexicano en la historia capaz de padrotear a una cubana”. 

Así era el maestro.

Oscuridad. Con la muerte de George Steiner se apagó una de las luces más brillantes del pensamiento contemporáneo. Aunque nos quedan sus libros, el mundo es ahora menos luminoso que antes.

02 Febrero 2020 04:01:00
Unificar el idioma
El problema de México radica en que la polarización y la honda brecha abierta entre el “pueblo bueno” y los fifís, conservadores, corruptos, neoliberales trasnochados, chayoteros (aplicable a periodistas críticos) y, en general, los enemigos de la Cuarta Transformación, dejaron de ser únicamente un asunto político-social. En efecto, la división entre estos dos grandes grupos incluye al idioma. En otras palabras: el Gobierno y el “pueblo bueno” -que son la misma cosa- utilizan un idioma, mientras los fifís y compañía hablan otro distinto. De ahí que el debate nacional se haya convertido en un diálogo de sordos y no lleve a ninguna parte, mucho menos a deseables acuerdos.

Trataré de explicarme: el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) anuncia que por tercer trimestre consecutivo la economía del país no solamente no ha crecido, sino ha disminuido 0.1%, lo cual, a juicio de los conocedores, significa recesión. Bueno, esto en el idioma del Inegi, institución catalogable, de acuerdo con su lenguaje, en el despreciable conglomerado fifí.

Pues bien, en una de las conferencias mañaneras del presidente Andrés Manuel López Obrador, un periodista le pidió su opinión acerca de esta información. El jefe del Ejecutivo federal no se inmutó ni se preocupó. Para empezar, aclara que él tiene otros datos -en realidad usa otro idioma- y que la supuesta recesión carece de importancia, pues “están cambiando los parámetros para medir si tenemos bienestar en México, en nuestra sociedad… y como tengo otros datos, sí hay bienestar. Puede ser que no se tenga crecimiento, pero hay desarrollo y bienestar, que son distintos”.     

No es que el ya multicitado Inegi y los especialistas en economía estén equivocados. Ocurre que hablan un idioma distinto al usado por el Presidente, en cuyo diccionario no aparece el término “crecimiento” con el significado que tradicionalmente se le daba. Tampoco se encuentra en su diccionario la palabra “recesión”, pero sí “bienestar” y “desarrollo”, aunque con un sentido distinto al ofrecido por el diccionario de la Real Academia de la Lengua, por María Moliner o Martín Alonso.

He aquí el problema, diría Hamlet. Sobran los ejemplos: usted y su lenguaje neoliberal entiende lo terrible que debe de ser el dolor de quien ha perdido un hijo o una buena parte de su familia en actos violentos, o desconoce lo ocurrido a un familiar cercano, desaparecido hace meses o años. Usted, obsoleto parlante neoliberal, calificará cualquier manifestación de compatriotas en tan terrible situación como un acto de desesperación.   

Eso era antes. Ya no en el chairolenguaje. El que estas familias exijan resultados a los organismos supuestamente ocupados de la seguridad no es un acto de desesperación, es un “show” cuya finalidad es poner en peligro la impoluta investidura presidencial. Por eso resulta lícito que un puñado de chairoparlantes los agreda frente al Palacio Nacional.

Debido a ello no es de ninguna manera contradictorio enarbolar la figura de don Benito Juárez como inspiración y modelo, y que al mismo tiempo el Presidente invoque a Dios, se haga sahumar por chamanes indígenas y pida permiso a la madre tierra para construir un ferrocarril. No hay contrasentido alguno. Sucede que en el recién estrenado idioma del “pueblo bueno”, gobierno laico no es lo mismo que lo que entendía Juárez cuando platicaba con Melchor Ocampo.

Es por demás, mientras no unifiquemos el idioma, no unificaremos al país.


30 Enero 2020 04:05:00
Taras históricas
Morena enfrenta hoy una crisis de la que es poco probable pueda salir indemne. La renovación de la dirigencia ha provocado fracturas que es muy posible la precipiten a una fragmentación terminal. Los conocedores del tema identifican ya tres grupos sobre el ring: el de la secretaria general, Yeidckol Polevnsky, marginada en la última reunión del partido; el encabezado por Alejandro Rojas Díaz, a quien le inventaron una presidencia no contemplada en los estatutos, y el de Bertha Luján, titular del Consejo Nacional.

Aunque la candidatura de Andrés Manuel López Obrador atrajo a simpatizantes de prácticamente todos los colores y sabores, algunos de ellos difícilmente identificados como políticos de avanzada, Morena, se supone, es un movimiento colocado a la izquierda del cuadrante. Esto lo condena genéticamente a las taras sufridas por sus ancestros, ya sea que se llamen Partido Comunista Mexicano (PCM) o Partido de la Revolución Democrática (PRD), para citar solamente dos.                   

La izquierda mexicana -y no es la única- ha estado infeccionada históricamente por el virus de la discordia. No es nada nuevo. Podría decirse que está condenada casi fatalmente a incubar en su seno confrontaciones, las cuales derivan en luchas intestinas que acaban por debilitarla, cuando no pulverizarla.

Sobran los ejemplos, algunos de ellos destacados. Diego Rivera fue expulsado del Partido Comunista Mexicano en 1925.  Lo acusaron de trotskista, cuando el partido se había declarado seguidor de la línea de José Stalin. Esta fractura colocó a dos gurús de la Escuela Mexicana de Pintura en posiciones políticas incompatibles: Diego, trotskista, y David Alfaro Siqueiros, estalinista.

Diego Rivera, convencido marxista, intentó infructuosamente ser readmitido, pero cuantas veces lo intentó se topó con el rechazo de sus antiguos camaradas. Años después de la expulsión del muralista, en 1943, otro hombre de izquierda químicamente puro, el escritor José Revueltas, visitador frecuente de las cárceles a causa de sus ideas, sufrió la misma suerte.

Al autor de los Muros del Agua y de El Apando lo acusaron de algo que se antoja casi esotérico, de “actividades fraccionales”, y lo corrieron junto a los miembros de su célula, la José Carlos Mariátegui. El rechazo no impidió que Revueltas conservara su posición ideológica hasta la muerte.

Existe solamente una diferencia, pero muy grande, entre la rebatinga en Morena y los pleitos habidos en viejos partidos de izquierda, exceptuando el PRD. Porque si las confrontaciones de los miembros del Partido Comunista solían tener una raíz dogmática, en Morena, a las posibles diferencias ideológicas se suma un ingrediente extremadamente explosivo: la ambición. El PRD sufrió el mismo mal, aunque en una escala mucho menor: el botín material (cargos públicos y dinero) es en Morena mucho más cuantioso que lo que fue en el PRD, y, por lo mismo, resulta más codiciable.   

Los mismos morenistas, o al menos un buen número de ellos, no ven una salida unificadora a la lucha entablada por las tres tribus que hoy se disputan el poder. De allí que no se requiera ser adivino para profetizar un debilitamiento de ese partido, que puede llegar a la extenuación, al caldearse los ánimos y volverse cada vez más enconada la disputa. Es posible que, como ocurrió al PRI con Cuauhtémoc Cárdenas, y luego sucedió al PRD, del cual se desprendió Morena, que en el interior del mismo partido se esté incubando su oposición de mañana.
26 Enero 2020 04:00:00
El que se atreve a decir no
En un marasmo de uniformidad discursiva de los miembros de Morena convertidos en aburrido coro haciendo eco de las palabras del presidente Andrés Manuel López Obrador, surge, ahora sí que a la mitad del foro lopezvelardiano, la fogosa voz discrepante de Porfirio Muñoz Ledo condenando la actuación del Gobierno federal ante la caravana de migrantes centroamericanos que intentó introducirse al país.

Resulta extraño, pero a la vez alentador, que sea precisamente la voz de un hombre de 86 años la que venga a romper la convenenciera unanimidad de criterios de los funcionarios y legisladores morenistas.

Verdadero fenómeno de la política nacional, su currículum arranca en los lejanos días cuando fue aguerrido presidente de la sociedad de alumnos de la Facultad de Derecho de la UNAM.

El resto es una acumulación apabullante de los más distintos cargos: secretario de Educación Pública y del Trabajo y Previsión Social, candidato a la Presidencia de la República, tres veces diputado federal, senador, en tres ocasiones embajador de México –ante la ONU, la Unesco y la Unión Europea–, presidente de dos partidos políticos, del PRI y del de la Revolución Democrática, ha pertenecido a cuatro: los dos ya citados, el Partido del Trabajo y el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana. Hoy representa a Morena en la Cámara de Diputados y tiene bien ganada fama de temible polemista.

Disminuido físicamente –los años no perdonan– Porfirio Muñoz Ledo conserva sin embargo intacto su espíritu de rebeldía demostrado en 1988, cuando abandonó el PRI, al que pertenecía desde 1954.

Entonces lo hizo al repudiar las formas en que el tricolor designó a su candidato a la Presidencia y formó con Cuauhtémoc Cárdenas lo que se llamó la Corriente Democrática.

Ahora viene a demostrar que la flama sigue encendida y que, como lo dijera Albert Camus, el hombre rebelde es el que se atreve a decir no. Y Muñoz Ledo ha dicho no con toda la fuerza sonora que su desgastada garganta se lo permite.

Una rápida revisión a la biografía del personaje explica su postura contestataria, beligerante, con respecto a la política migratoria del actual Gobierno.

Su voz ha sido la única importante surgida de las filas de Morena en reprobar cómo son tratados los migrantes centroamericanos en nuestra frontera sur, víctimas de lo que llamó “salvaje represión”, mientras el resto de sus compañeros de partido optó por un acomodaticio –¿atemorizado?– silencio cómplice.

Y la condena la ha expresado en forma por demás clara, a pesar de los esfuerzos de la presidenta de la Cámara baja por acallarlo y la borreguil votación de los diputados morenistas al negarle el uso de la palabra.

Esta obsequiosa unanimidad de los legisladores de Morena le mereció una frase lapidaria, al decir que actuaron “como un partido de línea, más eficaz que el PRI”, lo que a su juicio representa “un salto atrás de 20 o 30 años… Yo no sé de dónde llegó la instrucción; fue muy doloroso ver a mis amigos votar tan agresivamente. Lo que aquí hubo fue miedo a la verdad, clausura del pensamiento”.

Y fue más allá en una entrevista concedida a los periodistas: “Morena se sale de mi corazón, de mi ilusión, y eso me da una pena inmensa”.

Personalidad controvertida, pero a la que ni tirios ni troyanos se atreven a negar dos valores: el de la inteligencia y el de la valentía. Porfirio Muñoz Ledo acapara de nuevo los reflectores en un programa político que amenazaba con volverse un monólogo.


23 Enero 2020 04:05:00
Literatura y política
Una pregunta: ¿Qué autor mexicano se atrevería a emular a don Benito Pérez Galdós en acometer la tarea de novelar la historia de México en la época reciente? Si alguien se echara a cuestas esta tarea, seguramente nos ofrecería una gran variedad de novelas: trágicas (2 de octubre y Jueves de Corpus), político-policiacas (usted haga la lista), picarescas (elija los sexenios) y hasta humorísticas (rifemos el avión y ofrezcamos abrazos y no balazos).

La pregunta anterior se vuelve pertinente porque este año se cumplen 100 de la muerte de Pérez Galdós, cuya inacabable obra fue en su tiempo lectura obligada para todo hispanohablante con ínfulas de culto, y al paso del tiempo se volvió diana predilecta de algunos autores de la siguiente generación para lanzar sus dardos más envenenados.

Hace algunos meses, el renovado interés en la novela histórica me llevó a volver a sus Episodios Nacionales, en los que el prolífico don Benito eligió como tema la historia de España por un periodo de 75 años, de 1805 a 1880. En algún rincón de la memoria tenía almacenado un título, Trafalgar, primera de su larga serie de 46 novelas –¡sí, 46!– leída en la juventud. A raíz de esto, por uno de esos milagros que de vez en cuando gusta hacer San Juan Gutenberg encontré el viejo volumen en el caos que me empeño en seguir llamando biblioteca.

Releer Trafalgar fue el gancho para buscar las siguientes novelas de la serie, lo cual fue posible a la maravilla de la Biblioteca Virtual Cervantes. Y como no quien quiere la cosa, el año pasado acabé despachándome las 46 que dedicó Pérez Galdós a la historia de su país. No es ninguna hazaña. Son libros de lectura amena donde se mezclan acertadamente el dato duro de los acontecimientos ocurridos con la ficción.

Por extraña coincidencia, y sin pensar siquiera en el centenario de la muerte de Galdós, luego del reciente reencuentro de quien esto escribe con sus Episodios, Letras Libres le dedicó en su número de este mes dos artículos, uno de Leonardo Romero Tobar, Galdós, Una Pasión Viajera, y el extracto de otro aparecido en 1998 en la revista Vuelta, firmado por Christopher Domínguez Michael.

El extracto del artículo de Domínguez Michael, aborda las rabiosas reacciones de los escritores de la siguiente generación, la llamada del 98, contra la obra e incluso la biografía de don Benito. Reacciones que el autor del artículo explica por motivos políticos y recoge en algunas verdaderas perlas de ese inexplicable odio. “No es cínico como Verlaine, ni satírico como Baudelaire, ególatra como Nietzsche. En Galdós no hay llama”, sentenció Pío Baroja. César González Ruano (¿alguien recuerda quién fue?) pontificaba profetizando que “ni con la mejor voluntad podían respetarlo los jóvenes”, Antonio Espina (otro nombre en el cajón del olvido) aseguró con suficiencia: “Galdós fue una inmensa medianía”.

Sin embargo, sus antes despreciadas obras siguen reeditándose y, suponemos, leyéndose, mientras los libros de sus detractores reposan, quizá para siempre, enterrados bajo el polvo del olvido. Acierta Domínguez Michael: “en los detractores de Galdós influyeron cuestiones políticas. España había transitado de la república a la monarquía”. Hoy quizás sea válido preguntar qué autores del pasado reciente son candidatos al infierno del ninguneo por los intelectuales orgánicos de la 4T. Bueno… ya empezaron con Mario Vargas Llosa y Enrique Krauze.


19 Enero 2020 04:05:00
Golpe al federalismo
En el afán de fortalecer su proyecto del Instituto Nacional de Salud para el Bienestar (Insabi) arrancado en medio de tropiezos, fuertes críticas y evidentes deficiencias, el presidente Andrés Manuel López Obrador, lanzó el jueves una advertencia –quizá sería mejor calificarla de amenaza– a los gobernadores que se nieguen a adherirse al Instituto. Quienes se muestren renuentes, agregó, “no tendrán recursos de los 40 mil millones de pesos adicionales para el sector salud”.

Así, el primer Mandatario utiliza como arma el presupuesto federal, lo cual, véase desde donde se vea, es una muestra sin máscara y sin velos de una brutal centralización del poder que vulnera seriamente al sistema federal y la soberanía de los estados.

Por principio de cuentas, fue el Ejecutivo nacional que sin consenso de los gobernadores puso en marcha el cuestionado Instituto, que de entrada, requirió una amputación de los presupuestos aplicable al desaparecido Seguro Popular, del cual hasta el 31 de diciembre anterior gozaban las entidades federativas.

Encima de eso, López Obrador dispone del presupuesto federal, proveniente de impuestos recaudados en todas y cada una de las 32 entidades federativas del país, como si se tratara de la caja chica de la Presidencia. Estamos ante un nuevo golpe al ya de por sí endeble sistema federal, que adoptó México para gobernarse desde la Constitución de 1824. Es decir, hace la friolera de 216 años.

Avanzó un tramo más la galopante centralización del país a partir del nuevo Gobierno, cuyo último golpe ha sido la amenaza –él la llamó “advertencia”– presidencial a los gobernadores que no se adhieran al Insabi o, en otras palabras, a los mandamientos presidenciales.

Desde una perspectiva histórica esto resulta más que paradójico: incongruente. Recordemos que en la pugna política que dominó buena parte del siglo 19, fueron los conservadores, a quienes tanto dice odiar el Presidente, los que pugnaron por el restablecimiento de un régimen centralista. Pues bien, esos odiados conservadores lograron temporalmente restablecer el centralismo durante la presidencia de Antonio López de Santa Anna.

Fue él quien abrogó la Constitución y la sustituyó por las llamadas Siete Leyes e instauró el centralismo. Los resultados de la idea de Santa Anna fueron catastróficos: los habitantes de Texas se rebelaron, declarándose defensores del federalismo, y acabaron por amputar a la República ese extenso territorio.

Las subsecuentes tragedias nacionales fueron producto de lo que podríamos llamar un “efecto dominó”. Los tejanos fundaron su República, la de la estrella solitaria, y una década después de la separación de México decidieron unirse a Estados Unidos de Norteamérica, detonante de una guerra que al final de cuentas costó al país miles de muertos y la mitad de su territorio.

La historia no está obligada a repetirse. Es obvio que las condiciones y las circunstancias son hoy muy distintas a las que privaban a la mitad del siglo 19. Sin embargo, el presidente López Obrador, quien tanto gusta de hacer citas históricas, debería dar una releída a los capítulos dedicados a la Presidencia de Santa Anna, la segregación de Texas y la invasión norteamericana, cuando menos para dejar de vituperar a los despreciados conservadores, cuando él copia tan al pie de la letra los métodos que ellos utilizaron con funestísimos resultados.

Bien dicen que en política los extremos se tocan.
16 Enero 2020 04:05:00
Serenidad
La apresurada creación del Instituto Nacional de Salud para el Bienestar y los graves problemas provocados por la improvisación. La tragedia de Torreón y su secuela. El regreso del avión presidencial al frustrarse su venta en Estados Unidos. En Tegucigalpa, Honduras, se forma otra caravana de migrantes que pronto se convertirá en nueva presión para la frontera de México. La guerra de baja intensidad en Medio Oriente, la cual en cualquier momento puede escalar a conflicto mayor. Más corruptelas del abogado Juan Collado reveladas por el Gobierno federal. Pronósticos desalentadores acerca de la economía de México para este año. La colección de autos del hijo del senador y líder obrero, Napoleón Gómez Urrutia. Cura pederasta confiesa haber abusado “casi todos los días” de menores. La muerte del guitarrista Chamín Correa.

Agregue a lo anterior la fuerte dosis diaria de crímenes violentos perpetrados por el crimen organizado y el desorganizado que nos recetan, con una puntualidad digna de mejor causa, la tele y demás medios de comunicación. La verdad, sobran temas –todos deprimentes– para cualquier analista u opinador.

Sin embargo, hay algo que se llama hartazgo, y este escribidor se declara saturado de malas noticias y tiene la cortesía de invitar a sus hipotéticos lectores deseosos de echarse un clavado en la maloliente y desazonadora realidad, a buscar los comentarios de otros opinadores todavía atentos al acontecer cotidiano. Si abandonan la lectura de este texto, yo lo comprendo, diría Roberto Cantoral.

Lo comprendo, pero no me sangra la herida, como a Cantoral, aunque sí me temo sufriré una sangría de lectores. Ni modo. Me arriesgo. Hago a un lado los tres periódicos que leo, abandono el celular y sus conexiones con órganos informativos nacionales y extranjeros, y tomo un pequeño volumen que descansa sobre mi mesa de trabajo.

Está empastado. Lomo y esquinas en rojo. Un ejemplar raro y viejo: se publicó hace 101 años. Se titula Plenitud, y aunque su autor es Amado Nervo, no es de poesías. Es una colección de pensamientos dirigidos, se supone, a jóvenes estudiantes. También resulta extraña la editorial: Escuela Tipográfica Salesiana. Pero, como se sabe, Nervo estudió en un colegio católico, el de San Luis Gonzaga, en Jacona, Michoacán, del cual era director un tío suyo, el sacerdote José Mora y del Río.

¿Pidió don José Mora a su sobrino escribir esta obra destinada a la elevación espiritual y cívica de los alumnos del Colegio de San Luis Gonzaga? Puede ser, pero lo cierto es que los textos de Nervo en Plenitud respiran esa serenidad que tanto extrañamos hoy.

“Siempre que haya un hueco en tu vida, llénalo de amor. Adolescente, joven, viejo, siempre que haya un hueco en tu vida, llénalo de amor”, escribió Nervo con frases olorosas a una religiosidad que trasciende hasta su poesía. Pero también le preocupaba la educación cívica de los jóvenes a quienes, suponemos, dedicó el libro. Hay en él consejos, digámosles así, para mejorar la convivencia con los demás: “La vida por breve que sea nos deja siempre tiempo para la cortesía… Huye de las gentes que te dicen: ‘Yo no tengo tiempo para gastarlo en etiquetas’. Su trato te rebajará. Esas gentes están más cerca de la animalidad que las otras. ¡Qué digo! La animalidad se ofendería”.

Me excuso por no abordar hoy temas de la agenda nacional, pero creo –o quisiera creer– que darle un respiro al lector es, dadas las actuales circunstancias, un acto de cortesía.
12 Enero 2020 02:59:00
¿Por qué?
Parecía una mañana cualquiera, excepto por la frialdad con que Dylan se despidió de su madre. “Era un tono plano, de-

sagradable”, recordaría ella después. El muchacho salió de prisa. Debía asistir a una clase de boliche.
Al entrar a la adolescencia le cambió el carácter. Antes, el niño amable, obediente y trabajador que era, se volvió introvertido, hosco, descuidado en lo que se refiere a su aspecto y desordenado en sus horarios. Nada que no fuera imputable a los cambios producidos en la adolescencia.
Dylan salió de su casa. Un hogar normal, donde había recibido cariño y cuidados de su madre que administraba un centro universitario, y de su padre, ingeniero geofísico a quien le diagnosticaron fiebre reumática, lo cual disminuyó su capacidad de trabajo. El chico y su hermano mayor nacieron y crecieron en un hogar estable de clase media, donde nada sobraba, pero nada faltaba. Un hogar como hay decenas de miles

en Estados Unidos.
Aquel 20 de abril de 1999, después de despedirse de su madre, Dylan no asistió, como estaba planeado, a la clase de boliche. Fue a reunirse con su amigo Eric Harris, hijo de un exmilitar. Poco después, los dos muchachos iniciaron un tiroteo en la escuela. Después de matar a 12 alumnos y a un profesor, se suicidaron.
Aquella aberrante e impredecible conducta pasó a la historia de Estados Unidos como “la Masacre de Columbine”, la cual, por desgracia, ha servido de inspiración a otros chicos, muchos de ellos miembros de familias normales, cuyas madres los mandaban a la escuela con el clásico emparedado de mantequilla de cacahuate y mermelada, y en sus cumpleaños apagaban velas en un pastel la más de las veces horneado en casa.
Sue Klebold, madre de Dylan, todavía no acaba de entender qué sucedió. Cómo un niño casi modelo, se convirtió en lo que la revista Time calificó de “monstruo”. ¿Dónde adquirió ese odio contra todos, ese racismo demencial y esa tendencia suicida?
La señora Klebold intenta explicarse el horror de aquel 20 de abril en su libro A Mother’s Reckoning (El Juicio de una Madre). Y la única explicación de lo sucedido que ella encuentra es que su hijo, sin haberse percatado nadie, padecía un grave trastorno mental.
Hoy, estremecidos ante la tragedia, los coahuilenses vivimos una réplica de la masacre de Columbine en el Colegio Cervantes de Torreón. El autor del tiroteo, un niño de 11 años, copiando el atuendo de Eric Harris y su camiseta con la leyenda “Natural Selection” –nombre también de un videojuego extremadamente violento– salió del baño con dos pistolas y disparó contra su maestra, que cayó muerta e hirió a varios alumnos y a un profesor. Luego, al igual que Eric y Dylan, colocó el cañón de una de las pistolas en su cabeza

y se mató.
Podemos intentar explicarnos el hecho hablando de la falta de la madre, quien había muerto, o la ausencia del padre. También es válido culpar a los videojuegos violentos o al clima de violencia que envuelve al país. Es válido. Como lo es también la teoría de la señora Klebold.
Imposible descartar cualquier hipótesis, pero después de la tragedia es pertinente preguntarnos cómo es posible que un alumno de sexto año de primaria pueda introducir dos pistolas a su escuela. Esto sí es evitable con la coordinación de las autoridades educativas, que ya habían propuesto medidas anteriormente, los profesores y los padres de familia.
Nota: The Guardian hizo una larga entrevista a la señora Klebold en la que habla de los puntos fundamentales de su libro.

Disponible en YouTube.


09 Enero 2020 04:06:00
Un boleto en la cartera
Envuelto, como casi todos, en premoniciones apocalípticas debido a la enloquecida decisión de Donald Trump de atacar Bagdad y matar a dos personajes claves del Gobierno de Irán, lo cual, piensan algunos, podría desatar una guerra de consecuencias impredecibles, quien esto escribe asume la responsabilidad ética de no opinar ni hacer predicciones sobre un asunto del que se confiesa totalmente ignorante. ¿Qué puede decir acerca del conflicto y sus repercusiones quien está a varios años luz de entender la enmarañada y siempre explosiva situación del Medio Oriente?

Por ello, por respeto a sus hipotéticos lectores y también por salud mental, estas líneas abordan un tema totalmente ajeno al que hoy desvela a medio mundo: la muerte de un deportista legendario ocurrida el primer día de 2020, año que definitivamente se levantó con el pie izquierdo.

Hace ya mucho tiempo, Ramiro Lozano Valdés, hermano de la madre de este escribidor, abogado, maestro universitario y alto funcionario de Gobierno, cargaba en su cartera, además de su credencial de manejar y tarjetas de visita, dos objetos para él de valor inapreciable: una fotografía de su querida hija María y el boleto para asistir a un partido de beisbol en el mítico y ya desaparecido Yankee Stadium el 8 de octubre de 1956.

Ese día jugaron el tercer partido de la Serie Mundial los Yanquis de Nueva York y los Dodgers de Brooklyn. Las cosas no iban nada bien para los neoyorquinos. Habían perdido los dos primeros juegos de la serie, pero ese 8 de octubre era la fecha señalada para que la disputa por el campeonato diera un viraje histórico.

Un lanzador no muy regular en sus actuaciones llamado Don Larsen, defendía desde la loma de los disparos –como decían antes los cronistas deportivos– el uniforme a rayas de la novena de Nueva York, que todavía no estrenaba el apodo de “La Gran Manzana”.

Detrás del home estaba el folclórico Yogi Berra, cuyas ocurrencias forman parte del sabroso anecdotario del beisbol. Salvatore Maglie, uno de los grandes lanzadores de todos los tiempos, era el encargado de defender los colores de los Dodgers.

Ramiro estaba en las graderías del estadio. Fanático del beisbol, no se perdía una Serie Mundial, mucho menos una que podía seguir en sus dos sedes con solo cruzar el puente de Brooklyn. A medida que avanzaba el juego crecía la tensión en las tribunas. Allá por la quinta entrada, contaba Ramiro, el público empezó a comentar el buen desempeño de Larsen, quien no había permitido a ningún contrincante pisar la primera base. Y así, con dominio absoluto, Larsen transitó la sexta, la séptima y la octava entrada.

Al abrir la novena cayeron dos outs. Faltaba el tercero. Tocaba el turno al poderoso bateador Dale Mitchell. La pizarra marcaba en ese momento una bola y dos strikes. Con los nervios de punta de cuanta gente había en el estadio, Larsen preparó su lanzamiento. Levantó la pierna derecha y lanzó una recta que cruzó el plato ante la mirada atónita de Mitchell, que se ponchó.

El estruendo del público amenazó con hacer caer el techo del Yankee Stadium cuando Larsen completó el único juego perfecto en la historia de las Series Mundiales y Yogi Berra corrió para abrazarlo. El boleto de entrada para el tercer juego de la Serie Mundial de 1956 era para Ramiro una suerte de gran premio por su amor al beisbol.

El pasado 1 de enero murió Don Larsen en Hayden, Idaho. Tenía 90 años. Los periódicos dieron la noticia en dos párrafos.


Descanse en paz.


05 Enero 2020 04:00:00
¿Carranza, héroe fifí?
La equidad histórica de género relegó a un segundo plano el centenario de la muerte de don Venustiano Carranza, el cual habrá de cumplirse el mes de mayo. Cuando todo apuntaba, e incluso se había propuesto, dedicar la conmemoración anual a la desaparición del único Presidente de México asesinado mientras estaba en funciones, el Periódico Oficial de la Federación publicó un decreto declarando al recién arrancado 2020 “Año de Leona Vicario, benemérita Madre de la Patria”.

Sin regatear méritos a doña Leona Vicario, heroína de la Independencia y esposa de don Andrés Quintana Roo, era de esperarse que el Gobierno central decidiera honrar a don Venustiano. Más, cuando el año anterior se dedicó a otro revolucionario, Emiliano Zapata, quien también cumplió un siglo de haber dejado este mundo.

A modo de cuña metida a última hora, instancias oficiales del Gobierno federal encajaron en los últimos meses del pasado año otra conmemoración luctuosa centenaria, la del general Felipe Ángeles. Coincidentemente, los dos, Zapata y Ángeles, murieron durante la presidencia de don Venustiano. Como se sabe, Zapata, santón de la 4T, fue asesinado tras caer en una trampa en la hacienda de Chinameca, Morelos, y Ángeles murió fusilado después de capitanear un fracasado movimiento armado contra el Gobierno de Carranza.

¿Por qué preferir a Leona Vicario en lugar de nuestro coterráneo de Cuatro Ciénegas? ¿Pesaría realmente la equidad de género, o se consideró a don Venustiano un personaje histórico ‘fifí’ incompatible con la posición ideológica de la 4T? ¿Acaso se le negó el honor por haber sido indirectamente responsable de la muerte de dos revolucionarios más identificados con esa entelequia tan manoseada que llaman pueblo?

Si la razón fueron las muertes de Zapata y Ángeles, estamos ante una soberana tontería. Hace algunos meses, en la capital del país, en el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, para ser preciso, tuve la oportunidad de hablar del movimiento Constitucionalista encabezado por don Venustiano.

En esa ocasión recordé que en su calidad de jefe del Ejecutivo federal, Carranza tenía entre sus obligaciones la prioritaria de pacificar al país, y tanto Zapata como Ángeles estaban en pie de guerra contra su Gobierno legalmente constituido.

Además, como es bien sabido, ejercer el poder desgasta. Zapata lo tuvo en el estado de Morelos y algunas de sus decisiones resultan muy cuestionables. Ángeles fue un brillante militar, pero nunca gobernó ni siquiera un municipio.

Por otra parte, el de Cuatro Ciénegas tenía bien aprendida la lección de Madero, cuyo funesto final se inició con la Decena Trágica detonada por dos enemigos de su Gobierno, Bernardo Reyes y Félix Díaz, a quienes don Panchito les perdonó la vida.

Sin desdoro de la memoria de doña Leona Vicario, cuyo nombre llevó un tiempo la ciudad de Saltillo, este desdén federal al máximo héroe coahuilense, constructor del México moderno, debe ser un acicate para que en nuestro estado se conmemore de la manera más digna posible el centenario de la desaparición de un hombre al que México le debe, entre otras cosas, ni más ni menos que su Constitución.

Letras sueltas

Al declararse el 2020 como “Año de Leona Vicario, benemérita Madre de la Patria”, se completó la familia de la Nación, hasta hace poco monoparental, pues solo tenía padre, don Miguel Hidalgo y Costilla. Ahora ya tiene mamá, doña Leona Vicario. ¡Felicidades México Hidalgo Vicario!

29 Diciembre 2019 04:08:00
Corte de caja II
Desesperación de los reporteros con todas las oficinas públicas cerradas, ante la usual carencia de información, los días finales del año ofrecen a quienes escriben en las páginas editoriales de los periódicos la oportunidad a echar la vista atrás en un intento de proceder a una suerte de corte de caja. Sin embargo, 2019 da sus últimas boqueadas de una manera atípica, con el país enzarzado en una disputa diplomática capaz de llegar a punto de ebullición y la dosis cotidiana de noticias sobre hechos violentos.

El barullo noticioso sube de intensidad y no da tregua. Se quebró el puente de respiro que unía al año en fuga y el que asoma sus interrogantes en la siguiente hoja del calendario. En un ambiente tan desapacible como el clima de este 28 de diciembre, cuando escribo estas líneas, no por evasión sino por salud mental resulta aconsejable dar la espalda un rato a la política y a las ocurrencias presidenciales, para recordar, las más de las veces con tristeza, lo ocurrido en la esfera de la cultura los últimos 12 meses.

2019 fue año funesto debido a la pérdida de dos seres humanos de excepción que hicieron trascendentales aportaciones al conocimiento y a la sensibilidad de lo auténticamente mexicano. Es decir, lo mexicano despojado del traje siempre sospechoso del folclorismo.

Francisco Toledo, armado de pinceles y de los instrumentos de grabador, redescubrió nuestras raíces. Armado de una pluma, la pasión del investigador y una inteligencia de luminosa claridad, Miguel León-Portilla buceó también en nuestras raíces y dio nueva vida a una lengua cuya música se escuchaba en el altiplano desde siglos antes de la llegada de los españoles, recobrando con ello la voz de los vencidos en el traumático encuentro de dos mundos.

Homero dijo que como desaparecen las hojas de los árboles, igual pasan las generaciones de los hombres. Sentencia inapelable. Sin embargo, a diferencia de las hojas de los árboles que caen para ser sepultadas bajo el polvo del olvido, hay seres humanos capaces de desafiar esa sentencia creando obras perdurables, como las llama Renato Leduc.

Toledo y León-Portilla pertenecen a esa élite de privilegiados. Ambos cayeron como las hojas de los árboles, pero dejaron en el curso de sus vidas y trabajos obras imperecederas que forman parte de nuestra rica herencia cultural.

Según el coahuilense Julio Torri –me disculpo por el exceso de citas y el peligro de resbalar hacia la pedantería– la historia de un hombre está en su actitud. La frase es traje hecho a la medida para Toledo y León-Portilla, quienes, además de su talento y sabiduría, dieron altas y memorables lecciones de honestidad intelectual y generosidad. Quizá su secreto fue muy simple: amar su trabajo y disfrutarlo intensamente. Las pinturas y grabados de Toledo rezuman ese amor a lo que se hace, e igual ocurría oyendo hablar a Miguel León-Portilla sobre el valor de las lenguas que la modernidad parece obstinada en desaparecer.

Recordarlos es, creo, una buena forma de terminar un año que se significó por la confrontación y la polarización, mientras el crimen campeaba en varias zonas del país. Si en México pueden florecer espíritus como los de Toledo y León-Portilla, existen todavía, por fortuna, ganchos firmes, seguros, donde colgar nuestra esperanza.

Letras sueltas
Mis mejores deseos de armonía y salud para todos, esperando que el año próximo les sorprenda con muchos días de felicidad y realizaciones.
22 Diciembre 2019 04:08:00
2019: recuento/ 1
Con el 2019 a punto de expirar, resulta aconsejable hacer un recuento de los 12 meses que están a días de pasar a la historia. De 2019 puede decirse cualquier cosa, menos que fue aburrido. Hubo de todo. Menudearon las noticias negativas y tristes, mientras las positivas y optimistas el destino decidió proporcionarlas con gotero.

En distintos medios de comunicación, especialmente la televisión, se arman en esta temporada foros para discutir quién fue la figura más destacada del año y cuál el acontecimiento noticioso más relevante tanto en el plano nacional como en el internacional. Dos categorías a las que, en nuestro caso, es necesario agregar lo ocurrido en el ámbito local.

Figura nacional. Controvertido, adorado por unos, duramente criticado por otros, a ratos dando bandazos hechos públicos en sus declaraciones, el hombre del año fue sin duda Andrés Manuel López Obrador. Su estilo personal de gobernar, que a no todos convence, por supuesto, ha marcado profundas diferencias con el pasado.

Este 2019, que ha sido también su primer año de Gobierno, ofrece contrastes, luces y sombras. Incongruente por momentos, sostiene su discurso en el combate a la corrupción y, sin embargo, uno de sus colaboradores más cercanos, Manuel Bartlett, es exonerado por la titular de la Secretaría de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval
Ballesteros.

Esto después de haber salido a la luz pública la faraónica fortuna de Bartlett y sus allegados, que omitió incluir en su declaración patrimonial. ¡Bonito regalo de Navidad envuelto en papel color de impunidad recibió el director de la Comisión Federal de Electricidad!

La decisión de doña Eréndira le ganó en automático el discutible honor de ser comparada con Virgilio Andrade, que en el sexenio pasado no encontró ni sombra de conflicto de intereses en el caso de la siempre recordada casa blanca. Pero, lo que es peor, Sandoval Ballesteros erosionó el pilar principal del discurso presidencial, sembrando la duda sobre si solo se trata de un recurso retórico.

Con la esperanza de que 2020 traiga al Gobierno federal una buena dosis de congruencia, indispensable para la buena marcha del país, López Obrador es el hombre del año.

Noticia nacional. La reciente detención de Genaro García Luna en Estados Unidos y el juicio que se le seguirá en una corte federal de Nueva York ha sido elegida por algunos periodistas y opinadores como la noticia del año. Esperan –incluyendo al presidente López Obrador– que el otrora poderosísimo súper policía haga revelaciones comprometedoras que involucren a importantes políticos del pasado, entre ellos a expresidentes de la República.

Desde mucho antes de su detención, García Luna cargaba ya un negro historial por sus procedimientos poco ortodoxos, como fue el montaje para culpar de secuestro a la francesa Florence Cassez.

A pesar de todo, no debe olvidarse que el detenido enfrenta un juicio en el cual debe primar la presunción de inocencia, ni tampoco que hasta ahora las pruebas en su contra son declaraciones de narcotraficantes. No se trata de defenderlo, sino de poner las cosas en su verdadera dimensión.

En vista de lo anterior, me quedaría con “El Culiacanazo” como la noticia más impactante e importante del año, tanto por lo ocurrido, pero, principalmente, por la alarmante debilidad mostrada por el Gobierno al dejar la capital de un estado en manos de la delincuencia, renunciando a su capacidad –y obligación– de gobernar.
19 Diciembre 2019 04:06:00
Zapata cabalga de nuevo
Escribir libros o artículos destinados a periódicos o revistas es, en cierto modo, un salto al vacío. Equivale a tirar una piedra hacia atrás sin siquiera poder imaginar dónde caerá ni qué efectos causará, si es que alguno causa. “Habent sua fata libelli”, escribió hace ya casi 2 mil años Terentius Magnus, lo cual traducido al castellano significa que los libros tienen su destino. Magnus se refería no al libro en cuanto a objeto, sino a su contenido. Es decir, a las reacciones y sentimientos que es capaz de despertar en cada lector, quien en realidad lo reescribe desde su personal punto de vista o incluso a través de sus prejuicios.

Así, en ocasiones, el escribidor suda redondeando un texto que, piensa, provocará numerosas e importantes reacciones. Pero sucede que no sucede nada. Aquel artículo o libro que demandó tantas horas de trabajo, cuyo pulimiento pudo haber consumido horas, días o quizá hasta meses, pasa desapercibido y se hunde en el pantano de la indiferencia general.

En cambio, también ocurre que un texto hecho de prisa, con los ojos puestos en el reloj, un “maquinazo”, como antes se decía en las salas de redacción de los periódicos, causa algún revuelo, se comenta y, en el mejor de los casos, ayuda a corregir ciertas cosas que a juicio del redactor eran perfectibles. En estas situaciones, a veces el primer sorprendido es el autor del libro o el artículo.

A propósito, sorpresa mayúscula se llevó este escribidor cuando el martes anterior un amigo le llamó por teléfono diciéndole que, según Facebook, el artículo aparecido en este mismo espacio el jueves pasado, había sido compartido ¡65 mil ocasiones! El texto en cuestión es una carta dirigida a la directora general del Instituto Nacional de Bellas Artes reprobando el hecho de que el cuadrito representando a un Zapata feminizado, carente de cualesquier sospecha de poseer un valor estético, se exhibiera en los muros del que todavía nos obstinamos en considerar el máximo recinto cultural del país.

Quien se dedica a llenar hojas –ahora pantallas– de letras, espera, ciertamente, que alguien tenga la curiosidad suficiente y se dé tiempo para saber qué escribió y no abandone el libro o el artículo presa del aburrimiento. Sin embargo, de tener esa esperanza a hablar de 65 mil réplicas, hay una distancia astronómica.

La pregunta surge en automático: ¿Por qué tanto interés en el tema? Naturalmente había el antecedente de las reacciones de descendientes y simpatizantes de la figura de Emiliano Zapata, indignados por la forma en que el pintor representó al caudillo revolucionario. El asunto metió ruido y hasta hubo manifestaciones.

Sin el menor asomo de vanidad, me queda rondando la pregunta sobre el o los motivos de las reacciones de estas 65 mil personas. No hay, creo, más que dos posibles respuestas, y ninguna de las dos tranquilizadoras para la directora de Bellas Artes.

La primera sería lo viva que se mantiene la figura de Zapata en el imaginario colectivo y la admiración de muchos por su lucha en favor de los desposeídos. O los errores de la señora directora de Bellas Artes, que ya antes había ocupado las páginas de los periódicos y los espacios informativos de la radio y la televisión a causa de sus cuestionables decisiones.

Sea cual fuere la respuesta correcta, hay algo podrido en Dinamarca, diría Hamlet. En otras palabras: el Instituto Nacional de Bellas Artes no anda nada bien.
15 Diciembre 2019 04:05:00
Gracias, Mr. Juez
La aprehensión en Texas del secretario de Seguridad Pública en el Gobierno de Felipe Calderón, Genaro García Luna, dio, según algunos analistas, un poco de oxígeno a la controvertida política de seguridad del presidente Andrés Manuel López Obrador. Esto a pesar de que la noticia mandó a un segundo plano la aprobación del nuevo tratado comercial de México, Estados Unidos y Canadá, proclamada como un triunfo de la 4T.

La detención del controvertido exsecretario, a quien se acusa de recibir dinero de cárteles de la droga, tuvo la virtud, por lo pronto, de poner en marcha a una de las instituciones insignias del actual sexenio, la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), últimamente muy activa en la tarea de congelar cuentas bancarias.

Casi de inmediato, tras conocerse la noticia de la detención de García Luna, funcionarios de la UIF “detectaron una triangulación de recursos federales entre dependencias federales, varias empresas y cuentas de Genaro García Luna”. Luego de ese descubrimiento, anunció el titular de la Unidad, Santiago Soto, se prepara una denuncia ante la Fiscalía General de la República, y el Gobierno federal analiza solicitar la extradición del exfuncionario.

Por pura vergüenza, el Gobierno federal y sus dependencias deberían evitar cualquier protagonismo en este caso, pues lo que hagan no será sino colgarse de la cola de un cometa legal adornado con la bandera de las barras y las estrellas.

El Gobierno de López Obrador acaba de cumplir un año, durante el cual uno de los villanos favoritos del Jefe del Ejecutivo federal en sus conferencias mañaneras ha sido el expresidente Calderón, iniciador de la guerra contra el narcotráfico. Sin embargo, en los 12 meses transcurridos García Luna vivió tranquilamente en Miami sin que ninguna autoridad mexicana lo molestara.

Fue un juez norteamericano de la Corte Federal de Nueva York, quien, basado en las declaraciones de uno de los narcotraficantes que testificaron en el juicio del “Chapo” Guzmán, solicitó la aprehensión del antes llamado el superpolicía mexicano.

En otras palabras: las autoridades mexicanas, incluyendo a las de la UFI, tuvieron un largo año para armar el caso y no lo hicieron. Esperaron a que la chamba la hiciera un juez de la Corte Federal de Nueva York. Pero, eso sí, cuando el asunto ya estaba armado, entraron rápidamente en acción repartiendo declaraciones y congelando cuentas.

Desafortunadamente, no es la primera, y difícilmente será la última vez que un presunto delincuente mexicano encare a la justicia gracias al trabajo de funcionarios norteamericanos. De dar pena.


Letras sueltas

Entre las numerosas opiniones recibidas acerca del artículo ¡Es Bellas Artes, señora!, aparecido en este mismo espacio el jueves anterior, transcribo un párrafo de la enviada por el poeta Juan Martínez Tristán, quien se mostró de acuerdo con los puntos de vista sostenidos en ese texto. En su comunicación, el poeta y maestro subraya la pobreza estética del cuadrito de Emiliano Zapata y su irritación de que forme parte de una exposición en el que es –¿era?– el más alto recinto cultural del país. Dice:

“Además (se exhibe) en un sitio donde me tocó ver los dibujos originales de Da Vinci colocados en sala sombría bajo temperatura especial, El Pensador de Rodin o la Maja Desnuda de Goya, y como usted lo expresa, no merece, de ninguna manera que un bodrio de tal especie esté colgado en el máximo templo de la cultura mexicana”.

¿Así, o más clara la comparación?
12 Diciembre 2019 04:05:00
¡Es Bellas Artes, señora!
Señora directora:

Le escribo para hacer patente mi indignación por exponer la pintura de Emiliano Zapata en el que creíamos era el máximo recinto cultural del país, obra del hasta antes desconocido Fabián Cháirez. El cuadro, ya famoso gracias a las redes sociales y a los medios de comunicación tradicionales, pretende ser una representación del general Emiliano Zapata mostrándolo desnudo con cuerpo de inconfundibles formas femeninas, sombrero rosa y zapatos de tacón alto. Este andrógino personaje, rodeado de una cinta tricolor, monta un amanerado caballo blanco con el miembro erecto.

Mire usted, señora directora, a un servidor lo tiene sin cuidado si don Emiliano era o no bisexual, y si sostuvo o no relaciones con Ignacio de la Torre y Mier, yerno de don Porfirio Díaz, que según opinión generalizada formaba parte de los 41 gays detenidos en una fiesta por la policía en la Ciudad de México. Como se sabe, Zapata fue caballerango de Ignacio, pero si el patrón y el empleado tenían intereses ajenos al cuidado y al entrenamiento de los equinos, sería asunto de ellos.

Tampoco tengo el más mínimo interés en las preferencias sexuales de Manuel Palafox, secretario de Zapata, quien, aseguran, era manifiestamente homosexual. También ni me va ni me viene que Amelio Robles, coronel del Ejército del Sur, fuera o no transgénero, como se rumora. Allá él si le gustaba vestirse de charro o de china poblana. A 100 años de distancia, ¿a quién le puede importar? En lo personal, me parece una forma deleznable de perder el tiempo eso de asomarse debajo de las sábanas de las camas donde se acuesta la gente. Cada quien su vida, diría el maestro Luis G. Basurto.

No, señora directora, mi indignación no nace, como ha ocurrido a otras personas, debido a que el cuadrito de marras pueda denigrar a un luchador revolucionario. Ya ve lo que cuentan de Alejandro de Macedonia, y ni así le quitan su lugar en la historia como exitoso conquistador ni el apodo de Magno.

Mi indignación surge por el poco respeto mostrado por usted y su equipo a los muros de las galerías del Palacio, pues el cuadrito de Cháirez es, desde un punto de vista estético y técnico, una porquería. Resulta inadmisible que esa pinturita relamida se encuentre en el mismo edificio donde están los murales de Diego, Siqueiros y Orozco y que, además, lo eligieran ustedes como imagen para promover la exposición Zapata después de Zapata.

No sé, ni me perderé mi tiempo en averiguar dónde estudió pintura el señor Cháirez, pero por ese cuadro, el único salido suyo que espero llegar a ver, me parece se entrenó en su “arte” copiando las figuras de las cartas de la lotería. Es de una simpleza de concepción y de composición inferiores a la de El Borracho, El Catrín o La Dama.

¡Y el marco, señora! Ese marco garigoleado hasta la náusea, epitome del kitch, es el complemento perfecto de la obra. Tan de mal gusto el uno como la otra. “Está el colote pal’ garrero”, como dicen en Castaños, Coahuila.

Señora, con usted vamos de mal en peor. Antes fue criticada por facilitar la sala principal del Palacio a cierta organización religiosa para realizar un homenaje a su líder, ahora acusado de cuantos crímenes sexuales pueda uno imaginar. De verdad, señora, dígame sinceramente, ¿no se ha dado cuenta de qué institución fue usted nombrada en mala hora directora general?

Es Bellas Artes, señora. ¡El Palacio de Bellas Artes!
08 Diciembre 2019 04:08:00
Hordas cibernéticas
El desaparecido y siempre añorado Umberto Eco es autor de una crítica ya clásica de las redes sociales, las cuales, decía, “le dan derecho de hablar a legiones de idiotas que antes hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad.
Entonces eran rápidamente silenciados, pero ahora tienen el mismo derecho de hablar de un Premio Nobel. Es la invasión de los imbéciles”.

Se quedó corto. Las redes sociales no son solamente la invasión de los imbéciles, también, por desgracia, suelen ser palestra a la que los usuarios no suben a discutir, sino a insultarse. La ferocidad campea y se diría que hay una competencia para ver quién es más procaz, más hiriente.

Otra de las características deleznables de estas vías de comunicación es su capacidad de convertir en juez a cualquier hijo de vecino dispuesto a aprobar o a condenar –las más de las veces a condenar– a quien sea y haga lo que haga.

Un fenómeno digno de reflexión es lo ocurrido con Karen Spíndola en la Ciudad de México. Ella, en un mensaje enviado a su familia, les informó haber abordado un taxi cuyo chofer le resultaba sospechoso. Alarmados porque Karen no regresaba a casa, uno de sus hermanos “subió” a las redes el temor de que la mujer hubiera sido secuestrada.

Como en las últimas semanas han menudeado en la capital noticias acerca de mujeres acosadas en autos de alquiler, y una de ellas, Cinthia Moreno Hernández, reportada desaparecida luego de tomar un taxi, después encontrada muerta en la cajuela del vehículo, el desazonador mensaje del hermano de Karen desató una sicosis.

Miles, quizá decenas de miles de usuarios de las redes se mostraban preocupados por el posible secuestro de la supuesta desaparecida. El ciberespacio se llenó de llamados a colaborar en su localización. De inmediato, las autoridades iniciaron una investigación para dar con el paradero de la mujer. Es bien conocido el final de la historia: Karen regresó a su casa y poco después se supo que había desaparecido por encontrarse en un bar cercano a su domicilio.

Al saberse lo anterior, no se hizo esperar la avalancha de mensajes insultándola. Los que unas horas antes rogaban colaborar en su localización, la criticaron hasta por estar pasada de peso. En cosa de minutos, las hordas de Eco pasaron de ser aspirantes detectives, seres humanos solidarios, a enfurecidos ciudadanos dispuestos a lincharla.
La reacción hizo recordar las viejas películas norteamericanas donde el pueblo armado de antorchas va a la cárcel a sacar a un reo –afroamericano, de preferencia– para colgarlo y hacerse justicia por su propia mano.

Lo de Karen fue una estupidez. No obstante, entre la tontería de una mujer atolondrada a la categoría de crimen hay una gran distancia. Distancia que desapareció gracias a las redes sociales, que desde una laptop o un celular, y a veces amparadas en el anonimato, dan derecho a las hordas de Eco a montar un juicio fast track y ejecutar simultáneamente la sentencia condenatoria.

El “caso Karen” es demostración palmaria del poder de las redes sociales a la hora de potenciar la inclinación de los seres humanos a renunciar a la individualidad y sumarse a la masa. Es tiempo de releer a Gustave Le Bon (1841-1931) y su sicología de las masas, que ahora cuentan con un instrumento poderosísimo de enajenación, las redes sociales. Lo de Karen es anécdota, lo que puede venir, no.
05 Diciembre 2019 04:07:00
Villa Unión: lecciones
El sangriento ataque a la cabecera municipal de Villa Unión perpetrado por miembros de un cartel de la droga deja varias lecciones, las cuales se están tomando en cuenta.

1.- El territorio de Coahuila, como es bien sabido, se encuentra en una región del país donde la violencia ha instalado su imperio. Dos entidades colindantes con la nuestra, Chihuahua y Nuevo León, enfrentan muy serios problemas de inseguridad y son, según todo lo indica, campo de batalla de grupos de delincuentes dispuestos a hacerse del control del territorio. En Tamaulipas, separado de Coahuila por la estrecha franja de Colombia, los focos rojos de la seguridad se mantienen encendidos desde hace décadas.

Lo anterior obliga a no bajar la guardia y reforzar, como se está haciendo, los operativos de seguridad, entre los cuales, anunció el gobernador Miguel Riquelme Solís, está la construcción de tres bases para el Ejército y la Guardia Civil en el área de Villa Unión.
2.- La escasa población de la cabecera municipal atacada por los delincuentes, que muchos consideran una “plaza” poco rentable para los negocios ilícitos, como el narcotráfico y otros delitos, indica que ningún lugar está a salvo de los cárteles.

3.- La heroica actuación –no se me ocurre otro adjetivo– de los policías municipales y estatales que repelieron a los agresores, señala la necesidad de reforzar y apoyar a los cuerpos de seguridad de todos los niveles. Los policías de Villa Unión y los estatales son un ejemplo del cumplimiento del deber hasta las últimas consecuencias, y se hacen merecedores de un reconocimiento permanente de parte de todos los coahuilenses, especialmente aquellos que en la larga refriega y en franca desventaja perdieron la vida.

4.- Aunque en un acto de justicia, durante su acostumbrada rueda de prensa de las mañanas el presidente Andrés Manuel López Obrador reconoció el trabajo que en materia de seguridad ha realizado y realiza el gobernador Riquelme Solís, lo ocurrido debe ser tomado en cuenta para el ya urgente rediseño de las estrategias del Gobierno federal en la lucha contra la delincuencia organizada. Los abrazos en lugar de balazos, los guácala y los regaños de las mamás y las abuelitas de los delincuentes han sido, incluso retóricamente, un rotundo fracaso. Las estadísticas lo confirman todos los días. Mientras el presidente insiste en su postura de no combatir –hacer la guerra, según sus palabras– a la delincuencia organizada, lo sucedido en Villa Unión, y antes en Culiacán, demuestra que los delincuentes sí están en pie de guerra, resultando contraproducente mostrar la bandera blanca de la paz cuando los contrarios responden a balazos a esas invitaciones.

5.- Se ha dicho ya, pero no es ocioso insistir en ello. La inmediata reacción del gobernador Riquelme Solís ante la emergencia, trasladándose a Villa Unión apenas terminado el acto de entrega de su segundo informe en el Congreso local, demostró la disposición de las autoridades estatales, con él a la cabeza, de enfrentar las situaciones críticas y de tomar de inmediato las decisiones que se hacen necesarias en esas circunstancias.

La presencia del gobernante en Villa Unión cuando todavía estaba en el ambiente el olor a pólvora, tuvo, sin lugar a dudas, un efecto positivo en el ánimo de la mayoría de los coahuilenses, que sin soslayar la dimensión de la tragedia no se sienten angustiosamente indefensos, como pasó cerca de Villa Unión, en Allende, aquel 18 de marzo de 2011.
01 Diciembre 2019 04:05:00
Ovejas negras
Se diría que estamos empecinados en hacer realidad la breve fábula de Tito Monterroso, La Oveja Negra. Para quien no la conozca o la haya olvidado me permito reproducirla completa, porque, además, es siempre disfrutable:

“En un lejano país existió hace muchos años una Oveja Negra. Fue fusilada.

“Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.

“Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura”.

Con la ironía que le caracterizaba y sin proponérselo, Monterroso profetizó en unas cuantas palabras estos tiempos que nos tocó vivir, cuando la exaltación de las ovejas negras se ha vuelto política de Estado y asunto cotidiano.

Gracias a ello, por decreto presidencial, los restos de perseguidos de ayer son exhumados y vueltos a inhumar con todos los honores en la Rotonda de las Personas Ilustres del Panteón de Dolores de la Ciudad de México.

Así, las cenizas de dos luchadores sociales, Valentín Campa Salazar y Arnoldo Martínez Verdugo, en su momento satanizados y perseguidos, hoy ocupan sendos lugares en la Rotonda. (Es de esperarse que hayan tenido el tino de enterrarlos en el extremo izquierdo del lugar).

Campa Salazar, miembro del Partido Comunista, dirigió, junto a Demetrio Vallejo, la huelga de los ferrocarrileros en 1959, la cual puso en jaque al Gobierno de Adolfo López Mateos. En la biografía de Campa se cuentan 12 las veces que fue aprehendido y enviado a prisión.

Su ayer compañero de lucha y hoy compañero de panteón, Arnoldo Martínez Verdugo, militó en cuanto partido de izquierda hubo en el México de aquellos años: Comunista Mexicano, de la Revolución Democrática y Socialista Unificado de México. Ambos, congruentes con su postura ideológica, lucharon hasta el final de sus vidas al lado de obreros y campesinos.

No los fusilaron, pero sufrieron continua persecución del Gobierno. Con quien sí se cumplió al pie de la letra la fórmula de Tito Monterroso fue con el general Felipe Ángeles, hoy elevado a la categoría de héroe con motivo del centenario de su fusilamiento ocurrido en Chihuahua el 26 de noviembre de 1919. Pundonoroso militar y hábil artillero, Ángeles se unió a la Revolución maderista y estuvo preso con don Francisco en Palacio Nacional. Por alguna razón, de los tres prisioneros de Huerta –Madero, Pino Suárez y él–, fue el único que salvó entonces la vida. A Madero y a Pino Suárez los asesinaron cuando supuestamente los trasladaban a la cárcel de Lecumberri.

Durante la Revolución Constitucionalista se unió a Francisco Villa, y según algunos autores, su capacidad de estratega y su buena puntería al disparar cañonazos hicieron posibles algunas de las más famosas victorias de la División del Norte. Derrotado Villa, se exilió un tiempo en Estados Unidos, de donde volvió solo para intentar un levantamiento contra el Gobierno de don Venustiano Carranza. Fracasó, fue hecho prisionero y pasado por las armas.

No faltan quienes afeen a don Venustiano por permitir que lo fusilaran, pero el Varón de Cuatro Ciénegas había aprendido bien la lección de Francisco I. Madero, quien ofreció abrazos, no balazos, a los iniciadores de sendas revueltas, Félix Díaz y Bernardo Reyes, quienes acabaron detonando la Decena Trágica que culminó con la muerte del de Parras.

Tito Monterroso, escritor y profeta.
28 Noviembre 2019 04:05:00
¿Y la cultura, apá?
La colonización de las instituciones autónomas por parte del Ejecutivo federal –Comisión de Derechos Humanos, Instituto Nacional Electoral y las que se acumulen– se amplió ya a tres islas de la televisión: la de la UNAM, la del Instituto Politécnico Nacional y el Canal 22. Estos espacios proporcionaban un respiro cultural en medio de la sofocante mediocridad y vulgaridad de gran parte de la programación de las televisoras comerciales.

Hoy, estos tres canales se han convertido en voceros del presidente Andrés Manuel López Obrador, dando cabida a programas dedicados a alabar sin recato y defender al Ejecutivo federal y a su partido.

La invasión de amlovers históricos y neoamlovers desvirtuó la misión de difundir la cultura que caracterizaba a los tres canales. Politizados en el peor sentido del término, la colonización alcanzó incluso a barras noticiosas a cargo de periodistas antes merecedores de respeto por su profesionalismo, como Javier Solórzano.

Solórzano, a cargo del noticiero estrella del canal Once del Poli, ha hecho de ese programa un eco de las “mañaneras” del Presidente, y, cosa inaudita, superándolas en su capacidad de aburrimiento. Cámaras y micrófonos de este espacio supuestamente informativo están al servicio de López Obrador y sus colaboradores. La noche del martes, zapeando de canal en canal con la ingenua esperanza de encontrar un programa que al menos flotara sobre la insulsez imperante en la pantalla chica, como antes se le decía, me topé con el inicio del noticiero de Solórzano.

El informativo arrancó con tres largas y tediosas entrevistas a igual número de funcionarios del Gobierno federal, quienes establecieron una competencia de quién demostraba mejor que el próximo año, gracias a los programas instrumentados por el presidente López Obrador, nuestro país saldrá de la recesión donde está empantanado. Las tres somníferas entrevistas estuvieron salpicadas con intervenciones de prohombres de la Iniciativa Privada dispuestos, eso dijeron, a invertir.

El segmento fue una nada disimulada respuesta a la última medición del Instituto Nacional de Geografía y Estadística, según la cual la economía del país entró en recesión durante el año que está por terminar. Pero el mensaje era tan obvio que difícilmente causaría el efecto deseado.

La colonización de los canales incluye la invasión de John D. Ackerman, esposo de una funcionaria del Gobierno, que desperdicia dos programas, uno llamado Diálogos por la Democracia y otro donde comparte catatónicas entrevistas a invitados a modo con la dramaturga Sabina Berman. Al infumable Ackerman súmele usted el programa con el nombre de Me Canso Ganso –¡Oh!, cuánta creatividad– y otro, De Buena Fe, cuyo conductor es un joven pedante de nombre Gibrán Ramírez, también amlover de pura cepa. La lista es larga; los resultados nefastos.

Al abordar el tema, Óscar Constantino Gutiérrez señaló: “Parecieran términos equivalentes, pero televisión de Gobierno y televisión pública son cosas distintas. Mientras una es un aparato de difusión del poder, la otra es un mecanismo garante del derecho a la información veraz y oportuna. Canales como el 11 del IPN no fueron instituidos como medios de Gobierno, sino como vías para comunicar asuntos de interés público”.

Ante esta invasión de encargados de envolver en incienso al tabasqueño, se antoja parafrasear la pregunta de un popular anuncio de una armadora de vehículos: ¿Y la cultura, apá?



24 Noviembre 2019 04:08:00
Uno y dos
Dice la voz popular que las comparaciones son odiosas. Sin embargo, hacer comparaciones resulta en ocasiones ilustrativo e incluso necesario. ¿No es en el fondo establecer comparaciones al marcar el tiempo que les toma a los atletas correr, por decir algo, cien metros planos? Si no fuera así, ¿de qué modo podría dilucidarse quién merece la medalla de primer lugar y el sitio más alto en el podio?

Valga la introducción para comparar lo realizado por el presidente Andrés Manuel López Obrador en su primer año de Gobierno con los resultados que ofrecerá el Gobernador de Coahuila, Miguel Ángel Riquelme Solís en su segundo informe de Gobierno.

Habrá quienes descalifiquen de entrada mis apreciaciones por colaborar en el Gobierno estatal. Están en todo su derecho, pero, no obstante, intentaré hacer acopio de toda la objetividad posible para evaluar desapasionadamente, de espaldas a filias y fobias, el desempeño de uno y del otro.

Principiemos con el arranque de los dos gobiernos, el federal y el estatal.

Nadie niega que López Obrador llega a la Presidencia de la República gracias a una aplastante victoria electoral. Ni sus más enconados críticos son capaces de negar la legitimidad de su triunfo, aunque este enorme capital político ha empezado a mostrar fisuras. Pese a mantener una indudable popularidad, el baño de sangre que vive el país –especialmente el culiacanazo y el horrendo crimen de mujeres y niños de la familia LeBarón– ha hecho descender de manera significativa el número de ciudadanos satisfechos con su gestión al frente del Gobierno.

La otra cara de la moneda. El gobernador de Coahuila llegó hace dos años al Palacio Rosa tras una larga controversia electoral y una manifestación multitudinaria de inconformes en Saltillo y otras ciudades. Luego de arrancar el sexenio cuesta arriba, el ingeniero Riquelme Solís logró no solo apaciguar las antes revueltas aguas de la política, tendiendo puentes y logrando acuerdos sin mirar colores partidistas. Presidentes municipales y legisladores militantes de partidos distintos al suyo le guardan una relación de respeto, lo cual sienta las bases de la atmósfera de unidad que priva en el estado.

Todo lo contrario al proceder del tabasqueño, obstinado en dividir al país y descalificar a quienes no están de acuerdo con él. Con insultos y acusaciones, muchas de ellas nunca probadas, el Presidente ha transformado a opositores y críticos en enemigos. El estancamiento de la economía es uno de los daños colaterales de la polarización promovida desde la Presidencia.

Otro de los aspectos contrastantes es el protagonismo del Presidente frente a la cuidada discreción del Gobernador. Mientras uno busca los reflectores con un discurso las más de las veces beligerante, el coahuilense dosifica sus apariciones y evita la confrontación, lo cual le ha reportado buenos dividendos.

En un rápido recuento a vuela pluma, como se decía antes, el punto neurálgico de la comparación es la seguridad. Mientras el primer año del lopezobradorismo es ya el más violento desde que se llevan estadísticas, Coahuila es –y esperamos siga siendo– una isla rodeada de entidades ardiendo en aterrorizantes espirales de violencia. Naturalmente ningún lugar en el mundo real es Disneylandia, pero incluso ni los más escépticos serán capaces de negar que nuestra entidad se distingue en el panorama nacional por los bajos índices de criminalidad.

Es cuestión de comparar sin apasionamientos. Nada más.
22 Noviembre 2019 04:06:00
La violencia, en ascenso
Algo se está pudriendo, que lo estamos oliendo y que no queremos admitir la realidad. Pensamos que la violencia está contenida, porque ese es el discurso oficial que lucha retóricamente contra la estadística del crimen, que se mantiene al alza en prácticamente todos los delitos.

Los nuevos datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) dados a conocer esta semana, son más que descorazonadores. La batalla contra el crimen se está perdiendo de manera creciente en el país.

En 18 entidades, el número de homicidios dolosos se elevó, y en 13 de ellos se supera la media nacional. Diariamente se registran 25.8 asesinatos por cada 100 mil habitantes, lo que nos hace estar en peores niveles que Brasil –que en un año redujo su tasa en 10%– y Colombia.

Chile y Bolivia, a quien tanto hemos volteado a ver en las últimas semanas, tienen 2.7 y 6.3 asesinatos, respectivamente, por cada 100 mil habitantes. Los números han dejado de ser fríos y las víctimas, como los menores de la familia Le Barón, ya tienen nombres y caras. El impacto emocional, por tanto, es mayor.

Zonas enteras se volvieron a calentar, como en Nuevo Laredo y la Frontera Chica en Tamaulipas, el norte de Sonora, o surgieron como puntos donde la violencia alcanza niveles de crueldad que nunca se habían visto, como en la Ciudad de México, donde los decapitados dejaron de ser excepción, y las mantas de criminales comienzan a abundar como mensaje a sus rivales o a funcionarios a los que acusan de haberlos traicionado.

Hay colonias o calles en la capital federal que se han convertido en puntos donde la recomendación es no caminarlas a ninguna hora, en lugares céntricos incluso, como cerca de la Embajada de Rusia, donde incluso se tuvieron que instalar botones de pánico públicos. Pequeños negocios en diferentes barrios han tenido que empezar a pagar derecho de piso a criminales, por primera vez desde que iniciaron sus operaciones.

El fenómeno de la violencia no tiene común denominador. Por ejemplo, el SNSP ubica a Sonora como el estado en donde más se elevó el número de homicidios dolosos durante los primeros 10 meses de este año, en comparación con el mismo periodo de 2018 (48.2), resultado de la lucha entre el cártel de Sinaloa y el cártel Jalisco Nueva Generación, que es diferente a lo que sucede en Hidalgo, donde creció también esa tasa (48.1%), pero asociado de manera más clara con el robo de combustible.

El tercer lugar de mayor violencia es Nuevo León (40.4% el incremento), que responde a la lucha entre los grupos antagónicos que nacieron de la división de los Zetas, el cártel del Noreste y la Vieja Escuela, mientras que en Morelos (aumentaron los homicidios dolosos 37.1%), como resultado de la pugna entre Los Rojos, que hasta hace poco dominaban el estado, con el cártel Jalisco Nueva Generación, La Familia Michoacana, y los grupos locales Los Tlahuicas y Los Mayas.

En Tabasco, quinto lugar en incremento de ese tipo de delito (20.8%), disputan al estado los cárteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación, además de los remanentes de los Zetas –que antes dominaban la plaza– y el Golfo.

Para nadie hay respuesta federal eficaz. Al contrario, la carta de impunidad a los cárteles de las drogas, oficializada con el discurso oficial de que no los van a combatir porque eso produce más violencia, lo único que ha probado, según las propias estadísticas gubernamentales, es que genera más violencia y más muertes.

Los homicidios dolosos se elevaron 2.44% en los primeros 10 meses del año comparado con el mismo periodo del año pasado, que muestra su gravedad de manera más acentuada cuando se ve el total de víctimas: 28 mil 869 el año pasado, contra 29 mil 571 en los 10 primeros meses de este. La realidad se estrella con las palabras: este año será el más violento en la historia del país, incluidas sus guerras y revoluciones, si no se modifica la estrategia de entregarle el país a los cárteles.

La inacción está resultando tóxica. Desde 2015, cuando colapsó la estrategia del presidente Enrique Peña Nieto –idéntica a la del presidente Andrés Manuel López Obrador– de no combatir a los cárteles de la droga, y se combinó con la entrada en vigor del nuevo Sistema Penal Acusatorio, que fue la puerta giratoria por donde más de 11 mil delincuentes encarcelados salieron libres, el incremento en homicidios dolosos ha tenido una línea ascendente de 45 grados. Ese año la tasa de homicidios dolosos se situó en 20 mil 762, que subió a 32 mil 79 en 2017, y a 36 mil 685 al cambio de Gobierno.

Los números van a subir. El Gobierno de López Obrador está haciendo algo adicional pernicioso a lo que hizo el de Peña Nieto: redujo el número de carpetas de investigación. El Gobierno de Peña Nieto entregó con 29 mil 100 carpetas de investigación, según un análisis de la consultara GLAC, con base en las estadísticas del SNSP y del Inegi hasta octubre de este año. Hasta hace 22 días, el total de esas carpetas era de 24 mil 483; es decir, cuatro mil 617 carpetas menos.

Este hallazgo es inexplicable, salvo porque se encuentra dentro de la racional de López Obrador de no enfrentar a las organizaciones criminales. A no combatirlos se le ha añadido la variable de que los homicidios tampoco se están investigando.

La procuración y la administración de la justicia está congelada por diseño institucional, que proveyó un coliseo para los cárteles de la droga, en donde luchan por ganar espacios territoriales a costa de sus enemigos, y de manera gratuita del Gobierno.
21 Noviembre 2019 04:08:00
Y dale con Cortés
“Un investigador que no esté resuelto a cambiar sus posiciones 20 veces o cuantas crea necesario, puede ser todo lo que se quiera, menos un crítico”. Carlos Pereyra.

Hace más de medio siglo, Octavio Paz predijo en el Laberinto de la Soledad el discurso del presidente Andrés Manuel López Obrador cuando decide hablar de la Conquista. Paz apunta: “La extraña permanencia de Cortés y de la Malinche en la imaginación y en la sensibilidad de los mexicanos actuales revela que son algo más que figuras históricas: son los símbolos de un conflicto secreto que aún no hemos resuelto”. Todo parece indicar que el tabasqueño sigue entrampado en ese conflicto. De allí su obsesiva insistencia en denostar a Hernán Cortés.

Luego de solicitar a la Corona Española el ofrecimiento de una disculpa por los desmanes cometidos durante la Conquista, solicitud que fue rechazada, el martes anterior, en la reunión mañanera con la prensa, arremetió de nuevo contra Cortés acusándolo de cometer un fraude electoral. El Presidente se refería a la constitución del primer ayuntamiento en Veracruz, a la llegada del conquistador y sus hombres. AMLO afirmó que Cortés carecía de facultades para formar un ayuntamiento y organizar una votación en la cual hizo nombrar a un regidor adicto. Fue, desde su particular punto de vista, iniciador y modelo de los fraudes electorales cometidos en forma reiterada por los gobiernos neoliberales, conservadores y fifís que antecedieron a la 4T.

La controvertida figura del conquistador ha dado lugar a numerosos ensayos, biografías y pinturas, cuyos autores se colocan en automático en uno u otro bando: o lo satanizan o lo revisten de las cualidades de héroe.

Un saltillense, el historiador Carlos Pereyra, nacido en 1871 y muerto en Madrid en 1942, fue de los que se sintió atraído por Cortés, al que dedicó no uno sino dos libros: Hernán Cortés, con prólogo de Martín Quirarte (Editorial Porrúa, Colección Sepan Cuantos, México, 1971) y Hernán Cortés y la Epopeya del Anáhuac (Editorial - América, sin fecha de edición).

Admirador de la obra de España en América, de estar vivo nuestro paisano, sin negar las barbaridades cometidas en la Conquista relatadas en sus libros, de seguro se hubiera enfrascado en una polémica con el presidente López Obrador a propósito del presunto fraude electoral.

Frente al personaje, Pereyra asume una posición en ese momento novedosa. La cita es larga pero esclarecedora: “En el sentido del elogio, Cortés era el hombre que había ganado territorio para su rey; en el sentido del vituperio era malhechor histórico que había acabado con una civilización”.

Y agrega contundente:
“Ni uno ni los otros veían que Cortés era el fundador de una nueva nacionalidad… Todavía en el siglo 20 (y aún en el 21, podemos añadir) no faltan quienes lamentan los hechos que destruyeron una civilización original americana, susceptible del más vigoroso desarrollo, y la sustituyeron con las sombras de un virreinato español y una república mestiza”. Acierta Pereyra: eso somos, nos guste o no: una república mestiza.

¿Cuánto tiempo más seguirá el Peje atrapado en el conflicto paciano planteado por la dupla Cortés y la Malinche? ¿No será hora de que deje de pelearse por hechos consumados hace 500 años y vuelva el rostro hacia al presente: a Culiacán, al asesinato de los LeBarón, a Laredo, a Michoacán, al cotidiano baño de sangre que sufre este país y a la amenaza de una recesión económica, por ejemplo?
17 Noviembre 2019 04:05:00
Tras los pasos de Evo
De cínica, desfachatada e inaceptable calificó Jorge Castañeda la imposición de Rosario Piedra Ibarra como presidenta de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH). Un buen número de analistas ha utilizado los mismos términos y adjetivos usados por Castañeda en una de sus colaboraciones periodísticas. A todo lo anterior habría que agregar las sombras de sospechas que rodearon la elección de Piedra Ibarra, en la cual, aseguran voces atendibles, se manipuló el conteo de los votos de los senadores.

Esta designación es una nueva muestra de los procedimientos del presidente Andrés Manuel López Obrador para hacerse de todos los hilos de control de organismos e instituciones que, eventualmente, pudieran convertirse en contrapeso de su poder.

El programa de colonización, llamémosle así, emprendido por el Ejecutivo federal ha ido acumulando poder en sus manos, lo cual, a primera vista es posible considerar signo de fortaleza. Sin embargo, y la demostración más cercana es Bolivia y la defenestración de nuestro refugiado de lujo Evo Morales, tal concentración de poder es también una bomba de tiempo.

Trataré de explicarme: Cuando el poder central carece de contrapesos y se hace del control de las instituciones, algunas de ellas navegantes con la bandera de autónomas, se cierran todas las vías de gestión a sectores de la sociedad inconformes o agraviados. Entonces, en lugar de encauzar por las vías institucionales sus demandas, salen a la calle a exigir el cumplimiento de estas.

En su afán de reelegirse de nueva cuenta en la presidencia de Bolivia, Evo Morales pasó por encima de las leyes constitucionales y organizó una elección a la que numerosos especialistas, incluyendo los de la Organización de Estados Americanos, consideraron fraudulenta.

Debido al manifiesto control del Presidente sobre las autoridades electorales bolivianas y cerradas las vías institucionales, los contrincantes de Evo y quienes no simpatizaban con su Gobierno se echaron a la calle con las consecuencias de todos conocidas. Ni siquiera los convenció la promesa de Morales de convocar a nuevas elecciones. Las protestas continuaron y subieron de tono hasta alcanzar niveles de violencia.

Con una presidenta de la CNDH cuyo primer compromiso será complacer o al menos no incomodar a quien le obsequió el puesto contra viento y marea, o sea el Presidente de la República y con él la totalidad de la estructura del Gobierno federal, ¿para qué interponer quejas que incomoden a alguno de los miembros de esa élite? De no operarse un cambio de 180 grados, lo cual es altamente improbable, Piedra Ibarra llega al edificio de la CNDH como una empleada más de López Obrador.

El encrespamiento de diversos grupos y sectores: cierre de las vías de acceso al Aeropuerto de la ciudad de México por expolicías federales, estrangulamiento de vías de ferrocarril a cargo de normalistas michoacanos y campesinos cerrando los accesos al edificio de la Cámara de Diputados, no son, de ninguna manera, signos alentadores. ¿No serán acaso señales de lo que puede ocurrir en el futuro, si la desconfianza en las instituciones va en aumento?

Cuidado: en lo inmediato es posible que funcione la concentración de poder, pero, a la larga, puede volverse explosiva si, como ya se decía, la desconfianza en la eficacia y la imparcialidad de las instituciones las vuelve simples membretes. Cuidado: cuando los inconformes encuentran las puertas cerradas, entran violentamente rompiendo las ventanas.

14 Noviembre 2019 04:05:00
Treinta años después…
Uno, pues, uno hace lo que puede, para no usar términos grandilocuentes como “vocación” o “talento”. En ocasiones gana el pan haciendo aquello que le gusta, y así el trabajo deja de ser trabajo, lo cual, por fortuna, es el caso de quien esto escribe. Pero aun disfrutando el quehacer diario, quién sabe dónde se mantiene despierto el personal grillito de Pinocho –le dicen autocrítica– haciéndonos dudar si lo hecho tuvo algún sentido positivo y sirvió para algo o a alguien. Por lo que a este escribidor respecta, al hacer el balance de lo realizado, siempre tiene la satisfacción de no sentirse jamás satisfecho. Los modelos por seguir están muy altos, hasta volverse inalcanzables, y la humildad es un buen escudo para defenderse de la petulancia.

Al tratarse de la autoestima es aconsejable atender la lección de un viejo maestro de esgrima, quien decía a sus alumnos: “Cuando empuñen el florete, recuerden que es como si tuvieran un ave en la mano; si aprietan demasiado, la matan, pero si aflojan de más, vuela y la pierden. Así es el florete: si lo sujetan con exceso lo matan convirtiéndolo en un palo de escoba, pero si no lo sujetan lo suficiente, el contrincante acabará desarmándolos”.

En otras palabras: ni tanto que queme al santo ni tanto que no lo alumbre. Los extremos son peligrosos al hablar de autoestima: en uno está la petulancia (no hay nadie como yo), en el otro, la autocastración (no sirvo para nada).

Sin embargo, gracias al afecto y la buena memoria de alguien, se recogen indicios de que no se ha vivido en vano, que se ha sembrado una semilla capaz de germinar y dar frutos. Hace más de 30 años coincidí en el aula con una bella e inteligente mujer, que en estos días recordaba en un texto sus años de universitaria, considerándolos algunos de los más bellos de su vida. En el escrito habla de algunos maestros, pero increíblemente, a tres décadas de distancia recuerda al pie de la letra lo dicho en la última clase que tuve el gusto de dictar a su generación.

“Recuerdo con gran emoción y gratitud que en nuestro último día de clase como universitarios, el profesor Javier Villarreal nos llenó de inspiración al dedicarnos estas palabras:

“‘La vida es un cuento contado por un idiota lleno de sonido y de furia, que no significa nada’. Estas son las palabras de Shakespeare en Macbeth, pero esta visión pesimista del escritor encuentra la respuesta en el arte. Por eso, cuando hay bruma y oscuridad alrededor, hay que levantar nuestro rostro para ver hacia las alturas y admirar esas cumbres de la humanidad que nos han legado obras perdurables: Miguel Ángel, Praxiteles, Leonardo, Rafael, Monet, Manet, Van Gogh.

“Todos ellos nos iluminan la vida porque, como dice el poeta: ‘No se puede vivir como si la belleza no existiera’. Iluminar la vida, iluminarnos interiormente, seremos capaces de iluminar a quienes nos rodean y concluyó: ‘¡Fuego a discreción y a paso de vencedores!’

“Salí de esa cátedra con el corazón ensanchado de pasión, sueños y anhelos para ir en pos de ese llamado a hacer la diferencia en este mundo lleno de retos aparentemente insuperables…”.

Gracias, Mayu Guillén de Martínez. Gracias por enmudecer, así sea unos momentos, a ese grillito de Pinocho que llaman autocrítica y por su buena memoria que me permite la ilusión de no haber arado en la mar y de haber sembrado algo en corazones fértiles como el suyo.


Letras sueltas

Evo Morales es, sin duda, un político valiente… ¡Atreverse a venir a vivir a México!
10 Noviembre 2019 04:08:00
El Vendedor de Silencio
Culto, inteligente, políglota –hablaba con fluidez francés, inglés y alemán– alcohólico, prepotente, golpeador de mujeres, dueño de un estilo envidiable, agudo entrevistador y todo ello aunado a una carencia total de escrúpulos, hicieron de Carlos Denegri una leyenda viviente. A fines de los 50 del siglo pasado, en el mundillo periodístico de la Ciudad de México circulaban anécdotas ciertas o exageradas sobre sus inmoralidades.

Paradigma del periodista corrupto, se contaba que, en cierta ocasión, habiendo recibido órdenes del director de Excélsior de viajar a Brasil a cubrir una información, en lugar de ir al aeropuerto a abordar el avión que lo llevaría a Río de Janeiro, se quedó anclado en un bar aprisionado por su afición al alcohol.

Cuando ya era hora de enviar la información al periódico, tomó el teléfono de la cantina y empezó a dictar a un compañero de la redacción: “Desde la cima del Corcovado, con Río de Janeiro y el mar extendiéndose a nuestros pies…”. Y siguió dictando un reportaje completísimo sobre la situación de Brasil, salpicándolo con datos que guardaba en la memoria. El brillante “reportaje” apareció en primera plana de Excélsior.

No por nada Julio Scherer García, el director del diario, lo consideraba “el mejor y más vil de los reporteros”. Y lo era. Recibía cataratas de dinero de los más encumbrados políticos y debe considerársele el inventor de la industrialización del “chayote”, que entonces no se llamaba así, sino “embute”. Después le decían “el sobre”, que evolucionó gracias a la tecnología en intangibles transferencias bancarias. La misma gata, pero revolcada.

Fue el primer periodista en crear una empresa fantasma, Publicidad Denegri, para cobrar los favores y vender los silencios de sus varias colaboraciones. De la negociación de los embutes se hacía cargo uno de sus operadores. Era cosa del pasado su participación directa, brutal, para exigir dinero a los funcionarios públicos y a los políticos, a quienes se presentaba con dos columnas escritas a máquina, para que eligieran. En una, los alababa. En la otra reseñaba trapacerías y corruptelas de su víctima, dándole a escoger una u otra, tasando en mil pesos –entonces mucho dinero– la que contenía alabanzas.

Enrique Serna, autor de la exitosa biografía de Antonio López de Santa Anna, El Seductor de la Patria, dedicó cinco años a la investigación de la vida, atrocidades y maldades de Carlos Denegri plasmadas en un libro, El Vendedor de Silencio, convertido de inmediato en éxito de librería: más de 10 mil ejemplares vendidos en menos de siete meses.

El libro, una biografía novelada, atrapa desde la primera página gracias a la agilidad del estilo de Serna y a la minuciosísima descripción de lugares, personajes y hechos que avalan lo exhaustivo de la investigación realizada. Retrato de un capítulo de la historia de México del cual, por desgracia, aún quedan rezagos.

Letras sueltas
Linda Denegri, su última esposa, la cuarta, fue acosada brutalmente por el periodista. Aterrorizada, huyó de la Ciudad de México y vino a Saltillo, hospedándose en el desaparecido motel Los Magueyes, donde estuvo el hotel La Torre. De nada le valió. Denegri movió influencias, y la pobre mujer fue localizada y se le hizo regresar a la capital, obligándola a casarse con él. Harta de los malos tratos a los que era sometida, el 1 de enero de 1970 lo mató a tiros. El mejor epitafio lo escribió otro periodista: “A nadie entristeció su muerte”.
07 Noviembre 2019 04:06:00
Serenidad
En un ambiente enrarecido por las declaraciones del presidente Andrés Manuel López Obrador, quien inopinadamente habló de un golpe de estado, la espiral de violencia se acelera y el lunes costó la vida a tres mujeres y a seis de sus hijos de la familia LeBarón. El crimen conmovió a un país que creíamos inoculado contra el espanto por el ametrallamiento noticioso que día a día incrementa la espantable estadística de compatriotas muertos en forma violenta.

El supuesto temor –después desechado– de un golpe de estado surgió a raíz del discurso que pronunció ante la plana mayor de la Secretaría de la Defensa el general en retiro Carlos Gaytán Ochoa, en el cual no tuvo empacho en manifestar la molestia de los militares por la manera en que han sido tratados en la presente Administración.

Nadie se explica qué movió al Presidente a hablar del golpe de estado, luego calificado de imposible, siguiendo su inveterada costumbre de contradecirse. Algunos analistas creen que el paranoico discurso no fue sino una cortina de humo para hacernos olvidar el ridículo hecho en Culiacán, donde ya fuera por impericia o por razones humanitarias –da lo mismo– el Gobierno dobló la cerviz y dejó a los cárteles de la droga imponer su ley en la capital de Sinaloa.

“El Culiacanazo”, como lo han bautizado los medios, es una herida abierta en el costado del orgullo presidencial. Además, como efecto colateral, desnudó al Gabinete de Seguridad que un día daba una versión de los hechos y al otro día la cambiaba. Palos de ciego, mientras los ciudadanos esperaban una explicación congruente y creíble sobre lo ocurrido. Sin ánimo de sarcasmo: Gobierno desorganizado frente al crimen organizado.

La teoría de la cortina de humo pareció fortalecerse el mismo lunes, cuando en la acostumbrada rueda de prensa mañanera se acusó al hijo del expresidente Calderón, Luis, al exsecretario de Educación Pública, Aurelio Nuño, y el senador panista Carlos Romero Hicks de operar una granja de robots dedicados a inundar las redes sociales con mensajes contra el presidente.

La acusación no fue respaldada con pruebas, lo cual vuelve aún más sospechosa la intención de hacer público el asunto. Así las cosas, es de temerse que todo quede en un chisme, en “agua de borrajas y plática de barbería”, como dicen en Monclova. En otras palabras: faramalla mediática.

La crisis tuvo eco más allá de nuestras fronteras, cuando el presidente Donald Trump intervino ofreciendo ayuda al Gobierno mexicano para combatir a los cárteles, la cual fue rechazada por el presidente López Obrador, prometiendo que en el caso de la familia LeBarón se hará justicia. ¿Cómo? ¿Cuándo?... ¿Quién sabe?

Enredada en sus propias palabras y estancada en la inactividad, la cúpula del Gobierno federal no ha podido hasta ahora salir de las secuelas del “Culiacanazo”. Por el contrario, conforme pasa el tiempo se empantana más y más empeñada en mantener su política de abrazos y no balazos planteada por el Presidente que, hasta ahora no ha funcionado ni tiene visos de llegar a funcionar en el futuro.

Desde el atropellado final del sexenio de Luis Echeverría (1976), cuando se habló de la posibilidad de un golpe de estado en medio de una crisis amenazando agudizarse y los empresarios en pie de guerra, México no vivía tiempos tan turbulentos como los de hoy. Tiempos que exigen esa serenidad de la que tanto le gusta recomendar al Presidente, y dejarse de buscar enemigos conservadores, fifís o halcones por todas partes.
03 Noviembre 2019 04:00:00
Hombre con proyectos
Mientras un exgobernador coahuilense acapara espacios informativos al ser extraditado a Estados Unidos, donde enfrenta cargos de lavado de dinero, malversación de fondos, fraude bancario y varios más, otro exmandatario de nuestro estado se hace acreedor a una distinción nacional en reconocimiento a su trayectoria política y académica.

A sus productivos 88 años, el maestro Eliseo Mendoza Berrueto recibió en la Ciudad de México la medalla que lleva el nombre del destacado médico y escritor Mariano Azuela, otorgada por la Asociación de Profesionistas por la Democracia y el Desarrollo, organización apartidista que cada año elige a ciudadanos destacados para recibir la presea, al margen de las posiciones ideológicas de los recipiendarios.

Esto se puso de manifiesto en la edición 2019 de la presea, al honrarse en la misma ceremonia a la escritora Elena Poniatowska, declarada simpatizante de Morena, y de don Eliseo, militante del Partido Revolucionario Institucional desde su juventud.

La biografía de Mendoza Berrueto es una larga lista de éxitos en los dos mundos en que ha transitado, el de la política y el de la academia. Profesor normalista y economista, ha sido subsecretario de Comercio, de Educación Superior y de Energía y Minas del Gobierno federal, senador por Coahuila y presidente de la Gran Comisión de la Cámara de Diputados.

Su currículum académico incluye cátedras en El Colegio de México, el Instituto Politécnico Nacional y la Universidad de Guadalajara, además de ser investigador del Colegio de la Frontera Norte, institución cuya creación impulsó cuando se desempeñaba como subsecretario de Educación Superior.

Esa doble trayectoria profesional le permitió, al concluir su sexenio en el Gobierno del Estado, retirarse de una manera ejemplar: incorporándose a la planta de investigadores del Colegio de la Frontera Norte en Baja California.

Hace años asistió a una cena que le ofreció el destacado banquero coahuilense Carlos Abedrop Dávila en la capital de la República. Don Eliseo siempre llamó “padrino” a don Carlos, por haber apadrinado la generación de Economistas egresados de la UNAM a la que él perteneció. En aquella ocasión, el entonces Gobernador de Coahuila preguntó a don Carlos qué edad tenía. La respuesta del banquero fue contundente: “Mira, Eliseo, los hombres que tienen proyectos no tienen edad”.

La frase de Abedrop Dávila es aplicable a quien entonces hizo la pregunta, un hombre que a sus 88 años tiene aún muchos proyectos. Pronto publicará otro libro, El Mundo del Comercio y la Competitividad en México, el cual, en la entrevista concedida a Ernesto Acosta y Jesús Jiménez, publicada en Zócalo, consideró “puede resultar muy importante para los economistas y los administradores”.

Esta nueva obra se agregará a su amplia bibliografía que gira en torno a temas torales: la política y la economía, que aborda con penetrante capacidad de análisis y un bagaje impresionante de conocimientos, de alguien que como él no se ha refugiado en la cómoda torre de la teoría, sino ha enfrentado los problemas en la arena de la práctica. Ya lo decía Goethe: “Gris es la teoría y verde esmeralda el árbol de la vida”.

Don Eliseo Mendoza Berrueto debe sentirse justamente orgulloso al recibir la presea Mariano Azuela, que le ha sido concedida a 26 años de haber dejado el Gobierno de Coahuila. Le debe de ser gratificante seguir recogiendo la cosecha nacida de semillas sembradas a lo largo de tantas décadas de trabajo.

31 Octubre 2019 04:06:00
¡Adiós vida privada!
Las benditas redes sociales, como las llama el presidente Andrés Manuel López Obrador, provocaron el martes anterior un miniescándalo de resonancias al menos estatales. Y es que a alguien se le ocurrió videograbar al obispo de Saltillo Raúl Vera bebiendo cerveza en un bar acompañado de varias personas. El alud de comentarios no se hizo esperar. Los malquerientes del Obispo aprovecharon la ocasión para criticar escandalizados la conducta del señor Vera, acusándolo incluso de la emigración de católicos hacia otras iglesias, mientras otros salieron en defensa de su derecho de ir a donde mejor le parezca a beber lo que le plazca.

En realidad, el asunto en sí mismo carece de importancia, pero es revelador del papel que juegan en la sociedad actual las redes sociales. Por un lado, permiten a cualquiera convertirse en juez y censor de los actos de personas que, posiblemente, ni siquiera conozcan, y por el otro diluyen hasta borrar lo que antes se consideraba sagrado ámbito de la vida privada.

El teléfono celular y su capacidad de grabar sonidos e imágenes nos expone eventualmente a ser exhibidos al antojo de quien lo utiliza. Aunque existen leyes al respecto, el anonimato del que proveen las redes sociales a sus usuarios hace difícil, cuando no imposible, descubrir la identidad de quien graba y difunde imágenes o conversaciones.

Teóricamente, los seres humanos somos propietarios de nuestra imagen, la cual no puede ni debe usarse sin su consentimiento. Hace años hubo en México un sonado caso respecto a esto. El escritor Gabriel Zaid es un celoso guardián de su intimidad. No concede entrevistas ni dicta conferencias. Pero su vida privada fue vulnerada por un fotógrafo, quien lo captó durante una reunión. El paparazzi vendió o regaló la fotografía al periodista Miguel Ángel Granados Chapa, a la sazón director de la revista Mira, quien decidió publicarla en la portada.

De inmediato Zaid lo demandó, alegando que, sin su consentimiento se estaba haciendo uso de su imagen con fines comerciales. La controversia levantó fuerte polvareda, pero finalmente Granados Chapa reconoció el abuso que había cometido y ofreció disculpas en su misma revista.

Claro, eran otros tiempos. Hoy, con las cámaras en calles y lugares públicos y abusivos usuarios de celulares, podemos considerar cosa del pasado aquello de que uno es propietario de su imagen. ¡Oh, tiempos gloriosos cuando la ya entonces envejecida Greta Garbo exigía a los fotógrafos a colocarse a cierta distancia de ella, a fin de evitar se hicieran públicos los estragos causados por el tiempo en su bello rostro! Hoy, con los potentes teleobjetivos y los celulares, la hermosa Greta estaría expuesta a que su imagen, esté donde esté y como esté, dé la vuelta al mundo montada en las redes, muchas veces vertedero de inmundicias.


Historiadores del futuro

Es muy triste pensar que en el futuro investigadores interesados en la historia de Coahuila a fines del siglo pasado y principios de este deberán acudir a los archivos de los juzgados, tanto nacionales y extranjeros, para obtener información.

Ahora, de nueva cuenta, a propósito de la extradición a Estados Unidos del exgobernador Jorge Torres López, noticias relacionadas con nuestro estado acapararon espacios en informativos de toda clase.

Esperemos que la extradición y el juicio del señor Torres López en la Unión Americana ponga punto final a este ya largo y bochornoso capítulo de la historia negra de nuestro estado.
27 Octubre 2019 04:08:00
José Santos Valdés
El homenaje del Senado de la República a doña Rosario Ibarra de Piedra, nacida en Saltillo, a quien se le concedió la Medalla Belisario Domínguez, tuvo amplia resonancia en los medios nacionales y locales. Para concederle tan alta condecoración, los senadores tomaron en cuenta la prolongada, aunque infructuosa, lucha de doña Rosario por conocer el paradero de su hijo, un miembro de la Liga 23 de Septiembre aprehendido por la policía y luego desaparecido.

Sin restar méritos a la señora Ibarra de Piedra, sería justo que se diera igual importancia al reconocimiento a la memoria de otro distinguido coahuilense, el profesor José Santos Valdés García, cuyos restos serán depositados en la Rotonda de las Personas Ilustres del panteón de Dolores de la Ciudad de México.

Hasta ahora, quien esto escribe, solamente ha sabido de una noticia extensa y bien informada de la periodista Liliana Yáñez publicada en un diario de la Ciudad de México.

Gracias a la decisión del Consejo Consultivo, a través del Senado de la República y la Comisión de Cultura de rendir este homenaje al profesor Valdés García, serán cuatro los coahuilenses que han sido merecedores de tal honor. Ya están en la Rotonda los restos de don Miguel Ramos Arizpe, los del general Francisco L. Urquizo y los del aviador Emilio Carranza. Don Francisco I. Madero y don Venustiano Carranza reposan en el Monumento de la Revolución. Los de Manuel Acuña fueron exhumados de la Rotonda capitalina para trasladarlos a Saltillo.

Nacido en el rancho Camargo, municipio de Matamoros, Coahuila, en 1905, el profesor Valdés García desarrolló una brillante labor pedagógica, periodística y de investigación histórica. Por nombramiento presidencial se desempeñó como inspector de las escuelas rurales en la República.

Activo participante en el movimiento sindical en beneficio de los profesores, creó las escuelas nocturnas para trabajadores. Como reconocimiento a su trayectoria, en el edificio de la Secretaría de Educación Pública de la Ciudad de México hay un busto suyo en la galería dedicada a los grandes educadores.

Hombre de izquierda, el maestro Valdés García mantuvo hasta sus últimos días una posición congruente con su ideología. Defendió los derechos de tierras y aguas de organizaciones campesinas e intentó hacer de los profesores rurales promotores del mejoramiento de las comunidades. Revivía, por decirlo así, el carácter misional de los maestros preconizado por José Vasconcelos cuando fue secretario de Educación Pública.

Autor de numerosos textos sobre pedagogía, don José Santos era asiduo colaborador de diversas publicaciones, entre ellas la revista Siempre!, donde semana a semana analizaba en lúcidos artículos el acontecer nacional desde su perspectiva de hombre de ideas avanzadas. En aquellos años, Siempre! reunía a las plumas de los literatos y periodistas más brillantes, entre ellas la de don Alfonso Reyes y la de Salvador Novo.

El amor a su terruño llevó al profesor Valdés García a escribir el libro Matamoros, Ciudad Lagunera, que merece hace tiempo una segunda edición y que podría hacerse ahora como una forma de honrar a nuestro ilustre coterráneo.

Sería deseable que nuestro estado y en especial el municipio de Matamoros se unieran al homenaje que se rendirá en la capital de la República al destacado coahuilense, quien tanto hizo por la educación en el país.
24 Octubre 2019 04:06:00
Cifras de espanto
Al pensar en el enfoque que debería tener este artículo semanal privó la intención de abordar cuestiones ajenas a la política y a la nota roja. La idea partió del convencimiento de que los medios masivos de comunicación ofertan ya noticias y opiniones suficientes sobre los dos asuntos.

Sin embargo, parafraseando la antigua frase: “El hombre propone y Dios dispone”, el proyecto propuso, pero la dura realidad y la avasalladora inseguridad son las que ahora disponen, y evadirlas resulta poco menos que imposible.

A propósito de esto, algunos biógrafos del enciclopédico don Alfonso Reyes, uno de los intelectuales insignia del México del siglo anterior, relatan desconcertados cómo el regiomontano se dedicó a escribir en 1911 su libro Cuestiones Estéticas, cuando el país se encontraba en llamas a causa de la revolución. Dos años después, su padre moriría al encabezar un fracasado golpe de estado contra el presidente Madero.

Don Alfonso tendría sus razones para voltear hacia la estética y el mundo griego en momentos tan convulsos, pero hoy, en las condiciones por las que atraviesa el país, y después de los acontecimientos en Culiacán, no referirse a la espiral de violencia sería tanto como imitar a los avestruces, de los que se dice esconden la cabeza en la tierra para no ver lo que ocurre a su alrededor.

Buscando tema para este artículo, en la diaria lectura de Zócalo salta uno de los párrafos de la siempre bien informada columna Palacio Rosa donde se asienta: “Los números no mienten y a menos que el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador tenga otros datos, Guanajuato, Estado de México, Jalisco, Baja California, Michoacán, Chihuahua, Guerrero y Puebla fueron los estados más violentos en la semana del 11 al 17 de octubre”. (567 asesinatos antes
del infernal jueves de Culiacán).

Más adelante, la columna hace un recuento estremecedor: Los homicidios registrados esa semana equivalen a 81 cada 24 horas. “Ni más ni menos”. Siguiendo el cálculo aritmético, eso significa 3.37 homicidios cada hora o, lo que es lo mismo, cada 60 minutos tres mexicanos pierden la vida víctimas de la violencia imperante. ¡Espantoso!

Utilizando como promedio los datos de Palacio Rosa, en un año se registrarían 29 mil 565 muertes violentas, es decir, 6 mil 294 más que la totalidad de los habitantes del municipio de Arteaga. El Inegi contabilizó allí 23 mil 271 en 2015.

Los opinadores –conservadores, según el lenguaje presidencial– insisten en las evidentes fallas en el operativo mal montado en Culiacán para la detención del hijo del “Chapo” Guzmán, y la mayor parte de los informativos del mundo consideran la posterior liberación del aprehendido como una muestra de extrema debilidad del Gobierno mexicano. En otras palabras: cargamos con los muertos y con el ridículo internacional en el mismo paquete.

Sería injusto culpar de la violencia imperante a Andrés Manuel López Obrador. Esta se desató desde hace ya casi 13 años, en diciembre de 2006, con la guerra declarada por el expresidente Felipe Calderón. Pero sí debe exigírsele a él y a su Gabinete de Seguridad el diseño de una estrategia clara, viable, porque hasta ahora todo ha sido bandazos y discursos, como quedó lamentablemente demostrado con el torpe operativo para la captura de un capo y las confusas y contradictorias versiones oficiales para tratar de explicar lo inexplicable.

¿O debemos esperar a que en 2020 vuelvan a morir más mexicanos que los que viven en un municipio como el de Arteaga?
20 Octubre 2019 04:09:00
Después de Culiacán
El presidente Andrés Manuel López Obrador enfrentó el jueves anterior la más terrible disyuntiva desde que tomó posesión del cargo, y quizá de todo lo que resta de su mandato. Las circunstancias le colocaron en posición de elegir, no entre lo bueno y lo malo, sino entre lo malo y lo peor o, quizá, lo menos peor.

En el norte, a mil 200 kilómetros de distancia de su oficina, en Culiacán, capital de un estado de la Federación con alrededor de 700 mil habitantes se encontraba prácticamente en manos de la delincuencia organizada, que colocaba retenes a su antojo, se apoderaba del aeropuerto, quemaba vehículos, secuestraba a miembros del Ejército, propiciaba la fuga de reos de la cárcel y recorría las calles disparando ráfagas con sus armas.

Todo ello con una ausencia total de autoridad de los tres órdenes de Gobierno, mientras personas y familias enteras se atrincheraban en sus hogares o se protegían detrás de los vehículos para salvar sus vidas. Y no se trataba de un pueblo perdido en la sierra, como Aguililla, ni de una propiedad rural: es una ciudad –la vigésima en la lista de las más pobladas del país– paralizada por el miedo a lo largo de más de seis horas.

No había más que dos caminos para el Presidente: convertir a Culiacán en zona de guerra o acceder a las exigencias de los temporalmente dueños de Culiacán, dejando en libertad a un delincuente detenido poco antes. Optó por lo segundo, previendo que la noticia daría la vuelta al mundo, como ocurrió, y que de inmediato se desataría una tormenta de críticas.

La decisión presidencial polarizó a la opinión del país. Unos la aprobaron y otros la condenaron, argumentando lo nefasto del sometimiento del Estado frente a organizaciones fuera de la ley, lo cual, aseguran, podría ser el primer paso hacia la aceleración de la espiral de violencia y la admisión de una flagrante impunidad propiciada –oficializada– por el mismo Gobierno.

El viernes, en una declaración ante la prensa, López Obrador reconoció haber avalado la decisión del Gabinete de Seguridad, argumentando que “valen más las vidas que la captura de un capo”. Por su parte, el Gabinete de Seguridad negó haber pactado un arreglo con los delincuentes, pero admitió haber caído en la improvisación.

Ya se esté de acuerdo con la decisión presidencial o en contra de ella, lo cierto es que lo ocurrido el jueves 17 de octubre de 2019 en Culiacán marcará como hito histórico el sexenio de López Obrador, y habrá de ser un dato para juzgarlo.

Lo deseable después de la tormenta es un examen serio, autocrítico, de las autoridades federales sobre las causas que condujeron a lo ocurrido, preguntándose cuáles fueron las fallas –no inmediatas sino de raíz desembocadas en una situación de ese calibre– pues resulta evidente que la estrategia de “abrazos no balazos”, “fuchi, guácala” y la amenaza de hablar con las madres de los delincuentes proclamadas en el discurso presidencial, es un rotundo fracaso. Tampoco es válido enarbolar una imaginaria bandera de la paz en tanto que quienes viven al margen de la ley ya declararon la guerra.

Después del trago amarguísimo del 17 de octubre de 2019, López Obrador y su equipo de seguridad, ya sea el mismo o uno nuevo, reestructurado, están obligados a diseñar una estrategia capaz de impedir la repetición de lo sucedido en la capital del estado de Sinaloa. Ya nadie quiere discursos: urgen acciones concretas y efectivas capaces de devolver un poco de esperanza a los mexicanos.
17 Octubre 2019 04:04:00
Libros contra el olvido
El Consejo Editorial del Estado, dirigido por Javier Fuentes de la Peña, se ha echado a cuestas la plausible tarea de recuperar textos de escritores coahuilenses cuyos libros son hoy inconseguibles. En esta colección han aparecido obras de Julio Torri, Rafael del Río, Felipe Sánchez de la Fuente y José García Rodríguez, todos ellos imprescindibles a la hora de hablar de la historia de la cultura en Coahuila.

El más reciente rescate es precisamente la primera novela de García Rodríguez, Alma Rústica, publicada póstumamente en 1951 –el autor había muerto tres años antes– por la editorial Stylos de la Ciudad de México. La novela conoció una segunda edición en 1983, en las Obras Completas de la Biblioteca de la Universidad Autónoma de Coahuila, publicadas durante el rectorado del licenciado Óscar Villegas Rico. Ambas ediciones, no es necesario decirlo, están agotadas desde hace muchos años.

Don José García Rodríguez (1872-1948) fue durante décadas un referente imprescindible de la cultura en el estado. Poeta con resonancias othonianas, escribió sabrosos relatos y cuentos, obras de teatro y novelas con trasfondo histórico, como Las Tres Hermanas y Mira lo Que Pasó en la Feria de Saltillo. Profesor desde los 21 años hasta su muerte, por largo tiempo hubo una suerte de simbiosis de su persona y el Ateneo Fuente, del cual fue director en tres ocasiones. A su muerte, uno de sus discípulos, Federico González Náñez, escribió un sentido texto titulado El Aula Vacía.

Mucho se ha escrito sobre la nunca fácil relación de la novela y la historia, y en Alma Rústica es perceptible el vínculo, pues, aunque se trata de una obra de ficción, hay en ella minuciosas descripciones que nos permiten asomarnos a la vida cotidiana en una hacienda coahuilense de hace más de un siglo. Las faenas agrícolas, que bien conoció el autor, pues fue propietario poco afortunado de tierras en el valle de Derramadero, resultan de una precisión admirable, como lo es también la de la casa grande de la hacienda, su disposición y mobiliario.

A través de las páginas de esta novela, vertebrada en una historia de amor, es posible adentrarse en usos y costumbres de nuestros antepasados de la zona rural, su modo de hablar y las relaciones de los hacendados con peones y medieros, así llamados quienes trabajaban tierras de la hacienda y eran refaccionados por el hacendado, con la obligación de entregarle la mitad de la cosecha.

Sin los horrores del México Bárbaro de John Kenneth Turner, García Rodríguez ofrece atisbos de la miseria padecida por algunos campesinos, las duras faenas que debían cumplir y sus esporádicas ocasiones de celebración: bodas, bailes y las infaltables pastorelas.

Escrita en 1902, cuando el autor tenía 30 años, Alma Rústica es, además de su valor literario, un documento en extremo interesante para quienes gusten, así sea por nostalgia, saber cómo vivían campesinos y agricultores antes de que la modernización industrial irrumpiera en la historia de México.

Es de hacerse notar que al describir paisajes y fenómenos naturales, el novelista mojaba su pluma en el tintero del poeta, como puede percibirse en el siguiente párrafo:
“La lluvia, más débil cada vez, iba cediendo: Los truenos resonaban distantes y se oía por todas partes el rumoroso correr del agua. De pronto, los rayos del sol iluminaron el espacio intensamente azul e hicieron brillar las hojas de los árboles que parecían de un verde más jugoso y nuevo”.
13 Octubre 2019 04:08:00
Vulgaridades y tonterías
Paco Ignacio Taibo II en la Feria del Libro de Guadalajara, posiblemente la más importante en países de habla hispana, al celebrar la nueva ley que le permitió, no siendo mexicano por nacimiento, ocupar la dirección del Fondo de Cultura Económica. (11 de noviembre de 2018).

“Me comentan que hay una diputada, que fue senadora, y que está vinculada con este tema (trata de personas) y que es más bocona que la chingada; no sé si sea cierto o no, pero en Tlaxcala siguen los problemas. Pásenme elementos para ponerle una chinga la próxima vez”.
Gerardo Fernández Noroña, diputado federal por el Partido del Trabajo, en una conferencia de prensa, refiriéndose, sin nombrarla, a la diputada panista Adriana Dávila. (8 de octubre de 2019).

“Nos querían extinguir, no podían detenernos y con la ayuda de ustedes ganamos. Así fue como ganamos en muchas partes del estado, todos los que ganamos el 1 de julio de 2018 –porque yo gané, me la robaron, pero los castigó Dios. Angélica Alvarado y yo ganamos y sabe por qué, por Andrés Manuel López Obrador. (9 de octubre de 2019).

Miguel Ángel Barbosa Huerta, gobernador del Estado de Puebla por el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), durante una entrevista en Huejotzingo, haciendo referencia a Martha Érika Alonso (su antecesora en el Gobierno) y a Rafael Moreno Valle, muertos al desplomarse el helicóptero en el que viajaban.

Nadie, o muy pocos, se asustan ya de las antes llamadas palabras altisonantes. Maldiciones, vaya. Tampoco sorprende que un político suelte disparates al pronunciar un discurso o durante una entrevista de prensa. Sin embargo, entresacando perlas lingüísticas y declaraciones recientes que ponen nuevas fronteras a la estupidez, es válido suponer que entre los políticos en el candelero hay una marcada tendencia hacia la vulgarización.

Si bien el diputado Fernández Noroña se retractó y hasta pidió disculpas, sus palabras quedaron grabadas y publicadas. Hasta ayer Barbosa no había dado explicaciones sobre el extraño caso de que la divinidad asuma el papel de Tribunal Electoral y castigue de forma tan definitiva a quienes, según él, cometieron un fraude en las elecciones. Al rato, seguramente, nos va a decir que los muchos y graves problemas de Puebla no se resuelven debido a que su ángel de la guarda está de vacaciones.

Decía don Jesús Reyes Heroles que en política la forma es el fondo. Atenidos a ese planteamiento, por las formas que exhiben algunos políticos de hoy, nada bueno puede esperarse de ellos. Hay una incuestionable degradación del lenguaje de la política mexicana, lo cual, por supuesto, ensombrece el horizonte de la vida pública.

En 1995, nuestro paisano de Coahuila y entonces diputado Humberto Roque Villanueva ganó fama nacional por la señal obscena hecha en plena Cámara de Diputados, celebrando el haber conseguido la aprobación de un importante aumento al Impuesto al Valor Agregado (IVA).

Puede dormir tranquilo, lo suyo fue una chiquillada, un exabrupto de colegio de monjas si se le compara a ciertos representantes populares de hoy y a un gobernador en funciones.

La situación recuerda un viejo programa de televisión estelarizado por Héctor Suárez, ¿Qué nos pasa? Ya, en serio, ¿qué les pasa?

Letras sueltas
¡Qué ingenuos éramos! Antes íbamos al cine a divertirnos. Hoy van a ver El Guasón para esbozar intrincadas teorías sociológicas cuyo tema es la sociedad actual.
10 Octubre 2019 04:06:00
Las dos burocracias
Aunque todavía hay, por desgracia, motivos para mantenerlo vigente, el viejo cliché del tortuguismo en la burocracia gubernamental empieza a palidecer, incluso hasta borrarse, en comparación con los sufrimientos de cualquier cliente en casi cualquier banco. Con más gente que en un mercado, las matrices y sucursales de la banca demandan la paciencia de Job de quien desee hacer algún trámite.

El contraste entre la burocracia gubernamental y la bancaria es tremendo. Mientras la primera, echando mano de las herramientas digitales logra agilizar los trámites —no todos, por supuesto—, se diría que los bancos están aún congelados en los tiempos de la plumilla, el tintero y la visera de mica verde. Tienen computadora, es cierto, pero sirven para maldita la cosa cuando se requiere dar fluidez a la tramitología.

Hace unos días, aquí, en Saltillo, una dama necesitaba renovar su licencia de manejar. Por Internet se enteró de los documentos requeridos: acta de nacimiento, comprobante de domicilio, Curp e identificación oficial, o sea la credencial de elector. Llegó temprano a las oficinas, presentó los documentos e hizo el pago correspondiente. Alrededor de 45 minutos después salió con su nueva credencial en la cartera.

El reverso de la medalla. También recientemente, al tratar de sacar dinero del cajero automático, un empleado se llevó la muy desagradable sorpresa de que la tarjeta en la que le depositan su salario no tenía fondos. Extrañado obtuvo un estado de cuenta, en el cual apareció una decena de cargos hechos el día anterior bajo el misterioso rubro de “Inter”. Tomó el teléfono, y tras teclear números y más números, siguiendo las indicaciones de una grabación, logró hablar con un ser humano. La aclaración del asunto le llevó, sin exagerar, más de una hora pegado al celular, y solo para enterarse de que por tercera ocasión –sí, tercera ocasión– le habían hecho cargos indebidos por el monto de su quincena.

Finalmente, la voz del otro lado de la línea le informó amablemente que la tarjeta quedaba cancelada –también por tercera ocasión– y en cinco o siete días podía pasar a recoger el nuevo plástico en la sucursal correspondiente. Esto, traducido al español significa: sin dinero y sin tarjeta durante una semana.

Nada nuevo. Desde que se cruza la puerta del banco comienza el viacrucis del cuentahabiente. Antes de nada, debe sacar un boletito con un número, después de aclarar al o la recepcionista si va a ventanilla o requiere los servicios de un “ejecutivo de cuenta”. Luego, al contemplar el mercado persa en que está convertido el lugar, no le queda sino cruzar los dedos y encomendarse al santo de su devoción.

La turbamulta de clientes en espera se desahoga a cuentagotas atendida por dos o tres “ejecutivos de cuenta”, quienes debido a los cada vez más complicados sistemas tardan a veces eternidades en solucionar cada caso. ¡Y no hay sillas suficientes!

Presumiendo modernidad, la mayoría de las firmas bancarias anuncian sus servicios por Internet. Habrá que creerles, pero lo cierto es que esa mejora no se refleja en el número de clientes en matrices y sucursales, donde parecen crecer en forma exponencial.

Letras sueltas
Hace años logró gran éxito la telenovela Los Ricos También lloran estelarizada por Verónica Castro. No sé si los ricos también lloran, pero los que por alguna razón se ven en la necesidad de ir a un banco, quizá no lloren, pero hacen muchos corajes y pierden mucho tiempo.
06 Octubre 2019 04:05:00
jMerecida alegría
Ridícula pero necesaria nota autobiográfica, tan ridícula como todas las de este tipo y el exceso del uso de la primera persona del singular en textos periodísticos.

Residí en Monclova 10 años, donde me desempeñé como periodista. Esto ha sido causa de confusiones para buen número de personas, incluyendo a los autores de un diccionario biográfico de Coahuila, quienes en la ficha correspondiente señalan erróneamente a esa ciudad como lugar de mi nacimiento. En el diccionario de mi amigo Arturo Berrueto González y en el compuesto por mi compadre el profesor José María Suárez Sánchez, el dato es correcto: nací en Saltillo. Sin embargo, por muchas y siempre bien recordadas razones, me considero monclovense por adopción, aunque hasta ahora hayan resultado infructuosas mis gestiones de ser nombrado cónsul honorario de Monclova y Castaños en Saltillo.

El aparecer en un diccionario como originario de la Capital del Acero y lo aquerenciado que sigo con esa ciudad, me da derecho a alegrarme como el que más por el campeonato de los Acereros, y también de entrometerme en información correspondiente a la sección de deportes.

Hecha la debida aclaración, prosigamos:

Después de sufrir una larga temporada como fuente proveedora de noticias negativas, los Acereros de Monclova brindaron un ya urgente motivo de júbilo a los monclovenses al conquistar el miércoles por la noche el campeonato de la Liga Mexicana de Beisbol. Fundados hace ya 45 años, los Acereros nunca habían logrado coronarse. Esta vez lo hicieron tras sufrida y agotadora campaña de postemporada de 21 juegos en los que dejaron tendidos en el camino a los tres últimos campeones de la Liga: Sultanes de Monterrey, Toros de Tijuana y la novena yucateca.

El equipo, el único profesional de la ciudad, nació con el sobrenombre de Mineros y jugaba en dos sedes –Monclova y Sabinas–. Cuenta con una fiel y ruidosa fanaticada que lo respalda en las buenas y en las malas. En 45 temporadas han sido muchísimas más las malas (44) y solo una buena, pero muy buena.

Ciudad adicta al beisbol, el anhelo cumplido el miércoles por la noche es más antiguo que 45 años. Desde la instalación de Altos Hornos de México en 1942, motor de la economía regional, el fundador de la acería, Harold R. Pape, dio especial impulso a la práctica de ese deporte. Construyó un parque, después sustituido por otro que diseñó su padre, quien a eso se dedicaba.

El papá del señor Pape era un viejecito muy simpático. Con una pequeña maqueta calculaba la mejor orientación del nuevo estadio, a fin de aprovechar al máximo la sombra protectora del sol monclovense, el cual suele ser furioso.

Don Salvador Benavides, abuelo de Gerardo Benavides Pape, propietario de los Acereros, era quien se dedicaba entonces a promover el beisbol entre los trabajadores de Altos Hornos. Gerardo, también timonel del Grupo Industrial Monclova, heredó la pasión por el Rey de los Deportes y ha hecho hasta lo imposible por armar una escuadra capaz de enfrentarse al tú por tú con cualquier equipo mexicano. Es justo reconocerle el esfuerzo.

Monclova está de fiesta. La compartimos quienes en distintos puntos geográficos del planeta debemos gratitud a esa hospitalaria ciudad.

LETRAS SUELTAS

La calidad humana de los monclovenses se manifestó una vez más cuando, ya ganada la corona, los asistentes al estadio empezaron a corear el grito de “¡Yucatán, Yucatán!” en honor de los contrincantes.
03 Octubre 2019 04:06:00
El último tlamatini
La muerte del historiador, filósofo y humanista Miguel León-Portilla, el último gran tlamatini (hombre sabio, en náhuatl), enluta a la historiografía mexicana, en la que marcó una huella profunda. Continuador de la obra de su maestro, el padre Ángel María Aguilar Kintana, quien, por decirlo así, le inoculó la pasión por las culturas prehispánicas y, especialmente, el idioma náhuatl, León-Portilla profundizó los estudios sobre la literatura y el pensamiento de los habitantes del Altiplano antes de la llegada de los españoles.

Hasta Aguilar Kintana y el recién fallecido, el interés por las culturas prehispánicas había sido eminentemente arqueológico: estudios sobre vestigios arquitectónicos, escultóricos y pictóricos. Ellos se enfocaron en el pensamiento y la literatura, rescatando verdaderas joyas de la poesía azteca, que el padre Aguilar Kintana reunió en tres monumentales volúmenes de Poesía Náhuatl.

Infatigable investigador y erudito lingüista, León-Portilla rescató en La Visión de los Vencidos testimonios de los aztecas sobre el impacto de la Conquista, libro que se convirtió rápidamente en un clásico con traducciones en 15 idiomas y decenas de ediciones.

A contracorriente de la vieja frase según la cual la historia la escriben los vencedores, León-Portilla rescató la voz de los derrotados, pueblo al que los conquistadores, con la cruz y la espada, destruyeron su mundo, sus dioses y su ancestral organización político-social. Antes de él, conocíamos solamente la visión unilateral de los vencedores, los conquistadores. El traumático episodio se refleja en los testimonios recogidos en el libro.

Querido maestro de la Universidad Nacional Autónoma de México, el respetado último tlamatini fue objeto de incontables reconocimientos, el último de los cuales, la medalla Nezahualcóyotl, otorgada por la Secretaría de Educación Pública por primera vez, la recibió en la cama del hospital rodeado de sus familiares.

Expositor ameno, era capaz de hacer fácil incluso para los legos intrincados temas de lingüística. Fue hombre sencillo, de buen humor. Cuando cumplió 80 años, la UNAM organizó un homenaje en su honor y en el de la inolvidable doctora Clementina Díaz y de Ovando, quien completaba 90. Presidió el acto el entonces rector Juan Ramón de la Fuente.

En su discurso de agradecimiento, León-Portilla dedicó parte de su pieza oratoria al elogio de su casa de estudios. Dijo, palabras más, palabras menos, sentirse privilegiado al pertenecer a la UNAM, donde no solamente gozaba el placer de enseñar a jóvenes, sino también recibir respaldo para sus investigaciones, publicar sus libros y disfrutar cada mañana de la belleza de los jardines de Ciudad Universitaria. Remató el elogio con la frase: “Y encima me pagan”.

Desde el presídium y en alta voz, el rector De la Fuente le replicó: “Lo último tiene remedio”. La carcajada fue general. Horas después, durante la comida, reconvino en broma a De la Fuente: “Señor rector, es preciso considerar arrebatos líricos lo que a veces se dice en la tribuna cuando se pronuncia un discurso, especialmente si se habla de salarios”.

Murió después de una larga vida plena de frutos y realizaciones. La suya fue, como dicen que decía, “una vida feliz y completa, con exceso de juventud a cuestas”. Cumplió al pie de la letra el viejo proverbio chino: “Hay que morir joven… lo más tarde que se pueda”. Nos quedan sus libros y sus recuerdos.
29 Septiembre 2019 04:04:00
Promotora incansable
En un acto de justicia, María Isabel Saldaña Villarreal recibió la Presea de Ciudadana distinguida Magdalena Mondragón, concedida por el Ayuntamiento de Torreón en reconocimiento a su incansable y multifacética labor cultural. Honrar, honra, decía Martí, y en esta ocasión el Ayuntamiento torreonense se ha honrado al distinguir acertadamente a quien tanto bien ha hecho a esa ciudad.

María Isabel, Mary para los muchos que la queremos, ha sido la creadora y promotora de numerosos proyectos culturales que han enriquecido la vida de la Comarca Lagunera. Una de las primeras causas que encabezara fue la creación de Papeles de Familia en la unidad Torreón de la Universidad Iberoamericana.

Este imaginativo proyecto, en el cual participaron centenares de personas, permitió reunir archivos privados, una mayoría de carácter familiar, entre ellos el valiosísimo del general Pedro V. Rodríguez Triana. Ameritado revolucionario, Rodríguez Triana fue gobernador del Estado y decidido impulsor de la reforma agraria emprendida por el presidente Lázaro Cárdenas en La Laguna.

En otra vertiente de su quehacer cultural, María Isabel ha incursionado con éxito en la historia. Es autora del estudio más completo sobre la presencia de personajes provenientes de las provincias vascongadas que desarrollaron diversas empresas –principalmente agrícolas– en la Comarca. Al pasar revista a estos empresarios, la autora centró la atención en el acaudalado Rafael Arocena, el más exitoso de los vascos en la región, cuya extensa red de comercialización internacional de algodón contaba con un muelle propio en el puerto de Nueva York.

La publicación de este libro la puso en contacto con los descendientes de Rafael Arocena, a quienes animó a compartir con el público su valiosa colección de arte en el museo que lleva el nombre del empresario. Cuando se escriba la historia del Museo Arocena de Torreón, a la labor de María Isabel Saldaña para volverlo realidad deberán dedicársele los primeros capítulos.

El prestigio ganado le permitió reunir una rica colección de fotografías antiguas integradas en el libro Torreón: un relato de su historia en postales, que recoge el reflejo arquitectónico de la época de mayor esplendor de la Perla de La Laguna. Amorosa recopiladora de todos los ángulos de su ciudad natal, derivó su interés al rescate del recetario tradicional de las familias laguneras, labor que se concretó en una nueva publicación: Recuerdos y sabores de La Laguna.

Este volumen refleja una de las características de la Comarca: su cosmopolitismo. El boom algodonero de fines del siglo 19 y la mitad del 20 constituyó poderoso imán para gente de prácticamente todos los puntos del planeta, desde franceses y españoles, hasta nativos del Medio Oriente y China. Las cocinas de las familias inmigrantes pueblan el recetario de La Laguna de fórmulas y condimentos de la más distinta procedencia, lo cual lo convierte también en un documento de la vida privada y la diversidad étnica y cultural de la región.

Inquieta y polifacética, la recientemente galardonada escribe en los periódicos y es promotora de la sección de edición de libros de una organización periodística nacional. Conjuntando el talento de decenas de investigadores, ha dado a la estampa monografías sobre estados y ciudades de la República. Sin duda, la presea que lleva el nombre de la brillante periodista y escritora que fue Magdalena Mondragón llegó a las mejores manos.

26 Septiembre 2019 04:06:00
Censura
Es aberrante, con inconfundible tufo a censura, la decisión del Congreso de Nuevo León que declaró a personas non gratas al exdirector del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), Pedro Salmerón Sanginés, y al diputado del Partido del Trabajo Gerardo Fernández Noroña.

En apoyo a la medida, el diputado Luis Susarrey declaró: “Este tipo de ciudadanos no son gratos ni en la ciudad ni en todo México”, agregando que “las palabras del exfuncionario (Salmerón) nos ofendieron a todos los nuevoleoneses”.

Los señores legisladores, motivados por un plausible interés de exaltar la figura histórica de uno de sus más admirados coterráneos, don Eugenio Garza Sada, ícono de la industria regiomontana, sin pensarlo ni proponérselo instituyeron una suerte de censura estatal.

Al hacerlo, demolieron de un plumazo uno de los pilares fundamentales de toda democracia: el derecho a la libertad de expresión. Y la censura, bien se sabe, es una de las armas predilectas de los gobiernos autoritarios y de las dictaduras. ¿Cuál sería entonces el siguiente paso? ¿Instituir un gulag a la mexicana y recluir allá a los disidentes para “reeducarlos”? Nada nuevo, Stalin lo inventó hace mucho.

De acuerdo con el diputado Susarrey, todos -subrayo todos- los habitantes de Nuevo León piensan igual que él y todos se sienten ofendidos por las declaraciones de Salmerón y Fernández Noroña. ¿No es llevar demasiado lejos el regionalismo? De ser así, el Congreso podría declarar cualquiera de estos días intocables por la crítica a quienes los legisladores consideren prohombres nuevoleoneses. ¿Quién se atreverá ahora a decir que don Alfonso Reyes era un poeta mediocre, si puede hacerse merecedor a una especie de muerte civil decretada por el Congreso?

Susarrey y demás ocupantes de curules que apoyaron la iniciativa de declarar non gratos a Salmerón y a Fernández Noroña olvidaron o desconocen la célebre frase erróneamente atribuida a Voltaire, la cual sintetiza el respeto irrestricto a la libertad de expresión: “Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero daría hasta la vida por el derecho que tienes de decirlo”. Con su medida de corte inquisitorial, niegan a cualquiera el derecho de sostener opiniones contrarias a las que ellos consideran las correctas o aceptables.

Aclaremos: si un particular considera erróneas o mal intencionadas las expresiones de alguien, no pasa nada, pero si lo hace uno de los tres poderes del Estado -como se supone es el Legislativo de Nuevo León-, el asunto adquiere una dimensión diferente. Es tanto como oficializar una censura gubernamental, aunque disfrazada. ¡Cuidado!   

La intención no es, por supuesto, defender al historiador Salmerón Sanginés y al diputado Fernández Noroña, quienes aplicaron el calificativo de “valientes” a los miembros de la Liga 23 de Septiembre que perpetraron el condenable asesinato de don Eugenio Garza Sada. Condenable, no solo por tratarse de un destacado industrial y filántropo, sino de un ser humano.

El uso del malhadado adjetivo puede interpretarse -y lo ha hecho un gran número de personas- como una apología de la violencia, lo cual, en el complicado entorno nacional asediado por la inseguridad, resulta inaceptable y, si se quiere, hasta peligroso. Sin embargo, estar en desacuerdo no conlleva satanizar y prácticamente vetar a quienes piensan diferente a nosotros.     

Nadie está obligado a pensar igual que uno y menos válida es la intención de intentar unificar la interpretación del pasado.
22 Septiembre 2019 04:07:00
Conmemoración desvirtuada
La belicosa letra de nuestro Himno Nacional se entiende en el contexto del siglo 19, cuando la debilidad de México alentaba la codicia de otros países, después concretada en invasiones e intervenciones ya fueran norteamericanas o francesas. Por eso, irónico, José Emilio Pacheco decía que en el siglo 19 los únicos que no invadieron a México fueron los marcianos.

De allí la pertinencia de que el Himno haga referencias explícitas a “extraños enemigos” deseosos de “profanar con su planta” el suelo patrio, y también el exhorto a los mexicanos a empuñar las armas en defensa del territorio, confiando a la Patria en tener “un soldado en cada hijo”.

Lo anterior viene a cuento por el mal sabor de boca que dejaran algunos cambios introducidos en los rituales de la reciente conmemoración del inicio de la guerra de Independencia. Se han gastado caudales de tinta para alabar los cambios introducidos en la vieja tradición: la austeridad del festejo en Palacio Nacional, la presencia en el Zócalo capitalino de grupos folclóricos de todos y cada uno de los estados de la República y la ausencia de familiares en el balcón presidencial la noche del Grito, entre otros.

Las voces críticas se enderezaron contra la politización del desfile del 16 de septiembre, en el cual se incluyó un contingente de la Guardia Nacional, carros tanque utilizados durante la etapa más álgida de la lucha contra el robo de combustible y la presencia de grupos beneficiados con los programas asistenciales implementados por la Cuarta Transformación.

Ante la parafernalia tan arraigada en el calendario cívico y en el sentimiento popular, cabe hacer la pregunta: ¿Cuál es la razón del desfile militar el 16 de septiembre? La respuesta obvia nos remite a la letra del Himno Nacional: es, por decirlo así, demostración de ser un país bien pertrechado para enfrentar cualquier eventual intento de otras naciones de invadir nuestro territorio.

Históricamente, está bien. El amargo pasado nos enseñó la necesidad de prepararnos para repeler agresiones de extraños enemigos. Lo desalentador es la forma en que en esta ocasión se compuso el contingente del desfile. Hubo, por supuesto, representación de las Fuerzas Armadas, pero también se incluyeron manifestaciones encaminadas a dejar un mensaje dirigido no a extraños enemigos, sino internos.

La presencia de la Guardia Nacional no tiene ninguna relación con la posibilidad de una invasión del territorio; tampoco el desfile de carros tanque utilizados en la lucha contra la extracción de combustible de los ductos. Ni a los miembros del crimen organizado ni a los huachicoleros es aplicable aquello de extraños enemigos. No son extraños, son protagonistas de un problema interno provocado por compatriotas, aunque nos repugne considerarlos así.

El desfile de la Cuarta Transformación señaló claramente que el peligro para la soberanía del país no se localiza más allá de las fronteras, sino dentro del territorio delimitado por estas. Y eso, véase por donde se vea, no deja de ser desalentador.

Además, asumiendo el peligro de ser tachado de tradicionalista irredento, agregarle ingredientes políticos coyunturales y problemas internos –guerra, le llamó un expresidente– desvirtúa la celebración, convirtiéndola en propaganda y en asunto policiaco, lo cual no tiene ninguna relación con la conmemoración de la lucha iniciada en Dolores por don Miguel Hidalgo y Costilla ni la de los insurgentes que la continuaron.
15 Septiembre 2019 04:06:00
Mis patrias
La noche de hoy, desde el zócalo capitalino hasta la más alejada placita de cualquier cabecera municipal, y aun en el extranjero, se repetirá el grito de ¡Viva México! Henchidos de patriotismo, vitorearemos a nuestros héroes mientras el cielo ve incrementado de manera efímera el número de sus estrellas con el estruendo de los fuegos de artificio, los cuales miraremos aunque no sea del brazo de nuestra novia la galana, como aconsejaba López Velarde.

Nuestro himno de acentos bélicos habrá de ser entonado por millones, muchos de los cuales quizá no sepan bien a bien qué significa eso de “aprestad el bridón”. Otros, con un patriotismo que pinta la raya ante quienes lo duden, lucirán anchos sombreros con la retadora leyenda de “¡Viva México, cabrones!”

Noche de amar a la patria, así en abstracto, lo cual, debo confesarlo, no es sencillo. Sin embargo, al margen de sentirse parte del concepto, en el caso personal hay paisajes, momentos, olores, sabores, sonidos y palabras que hacen constar mi ineludible pertenencia a una nación llamada México. Son, por así decirlo, fragmentos de una patria personal que me han marcado emocional y estéticamente, acabando por formarme como lo que soy.

¿Cuáles son mis patrias?

Escuchar el sonar de la máquina de coser Singer viendo a mi madre terminar no sé qué, una sábana, una blusa o la funda de una almohada. El trac-trac de la Singer y el rostro concentrado de mi madre, quien con ágiles manos movía la tela guiándola por el veloz subir y bajar de la aguja, me hace sentir, todavía decenas de años después, que mi corazón se escrituró para siempre en el lugar donde esto ocurría.

También de tarde, regresar del colegio y al abrir la puerta de la casa y verme envuelto, arropado, por el aroma a tortillas de harina, constituía la certeza de tener un hogar donde vivir alegrías y descargar penas. ¿Y qué es la patria sino un hogar grande, inmenso?

Viejecita, morena, la cabeza cubierta con rebozo gris, Juanita era una lavandera orgullosa de su estirpe de “tlaxcalteca pura”, como ella decía. Hablaba de su abuelo, cosechador de verduras allá por la calle de Moctezuma, que luego vendía casa por casa. Impecablemente pulcra en la sencillez de su atuendo, le irritaba lo descuidado de mi melena, y me reprendía utilizando una palabra náhuatl oída entonces por primera vez: “Ay, niño, tus pelos parecen chimal”. Años después me enteré que chimalli era un escudo prehispánico, cuyos bordes solían adornarse con plumas. Aunque ya no tengo cabello suficiente para asemejarse a un chimal, nunca olvidaré que, gracias a usted, Juanita, me asomé por primera vez al pasado profundo de este país.

A la orilla de la presa del Tulillo, sentados en el suelo, esperando al lado de mi padre el improbable paso de una parvada de patos. El día empezaba a rendirse ante el embate del ocaso. Un sol en llamas pintaba una estela roja en el espejo del agua. Padre encendió su pipa. Entonces pensé en lo bello que sería que el tiempo se detuviera y siguiéramos siempre tan juntos, sin necesidad de hablar.

¿Cómo no amar a México si en un rincón de su territorio mi tío Alfonso intentó inútilmente hacer de mí un segunda base que no diera vergüenza? ¿Cómo no sentirme parte de este país si en su suelo crecían las rosas amarillas cultivadas por mamá? ¿Cómo no sentirme mexicano si aquí aprendí a leer y conocí la zozobra de los primeros enamoramientos juveniles? ¿Cómo no ha de ser mi Patria, si aquí probé por primera vez la cajeta de
membrillo?
12 Septiembre 2019 04:00:00
Prometedor primer paso
Publicar un periódico que sigue a los movimientos de un ejército revolucionario cerca de 3 mil kilómetros, imprimiéndolo en siete ciudades -Hermosillo, Ciudad Juárez, Chihuahua, Torreón, Saltillo, Monterrey y Ciudad de México-, es toda una hazaña. Esto fue un logro del periodista campechano Salvador Martínez Alomía. Hoy, más de un siglo después, ese periódico, El Constitucionalista, constituye una riquísima fuente de información acerca del movimiento encabezado por don Venustiano Carranza.

Seguramente redactores y editores viajaban únicamente con sus máquinas de escribir y lo más indispensable. En cada ciudad debían conseguir dónde imprimirlo. En ocasiones eran los talleres tipográficos del Gobierno del Estado, pero en Hermosillo y Torreón hubieron de contratar imprentas comerciales. Los continuos traslados impidieron a El Constitucionalista ser una publicación trisemanal, como se lo propuso al principio.

En una acertada decisión, a manera de preámbulo de la conmemoración el próximo año del centenario de la muerte de don Venustiano Carranza, el Gobierno del Estado, a través de su Secretaría de Cultura, publicó la edición facsimilar del periódico, presentada hace un par de semanas en el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, de la capital del país. En la presentación participaron la secretaria de Cultura, Ana Sofía García Camil, el historiador Javier Garciadiego Dantán y quien esto escribe.

Se trata de una importante aportación al mejor conocimiento de la Revolución Constitucionalista, pues ni siquiera la Hemeroteca Nacional cuenta con una colección completa del periódico. La biblioteca del Centro Cultural Vito Alessio Robles conserva la perteneciente al historiador que lleva su nombre, a la cual faltaba el número 100, cuya copia fue proporcionada generosamente por la Universidad Veracruzana.

Llama la atención que el periódico, cuyo primer número apareció en Hermosillo el 2 de diciembre de 1913, se proclame Órgano del Gobierno Constitucionalista. Por lógica era de esperarse que se considerara órgano del Ejército Constitucionalista -aún faltaban 8 cruentos meses y 11 días para la firma del Tratado de Teoloyucan y la renuncia de Victoriano Huerta-, pero los decretos emitidos durante el periodo, Carranza los firmaba en su calidad de “Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, en uso de las facultades extraordinarias de que me hallo investido”. ¿Exceso de optimismo o reiterada afirmación de la ilegitimidad, y por tanto inexistencia del Gobierno de Huerta? Así lo consideraba el periódico, que el martes 10 de febrero de 1914 insertó el siguiente aviso:

“Se previene al público que todos los contratos, disposiciones y demás actos que, conforme a las leyes respectivas, deben ser publicados en el Diario Oficial de la Federación, no surtirán efecto legal si no se insertan, como está ordenado, en este órgano oficial del Gobierno Constitucionalista”.

Por ser su tierra natal, Coahuila está moral e históricamente obligado a dar especial realce a las conmemoraciones del centenario del asesinato de don Venustiano, el único presidente mexicano muerto estando en funciones. La edición facsimilar de El Constitucionalista constituye un prometedor primer paso y viene a poner a disposición de investigadores e interesados una fuente de noticias que, a 100 años de distancia, es hoy novedosa, dada la extremada rareza de la publicación.
08 Septiembre 2019 04:09:00
¡Maestro!
Siempre igual, fiel a tu espejo diario, como recomendara López Velarde, transitó por su fructífera vida Francisco Toledo, quien la dejó a sus 79 años el jueves anterior. Nunca cambió, ni siquiera de atuendo; mucho menos de ideales y pasiones. De estas tuvo dos enormes, avasalladoras: el arte y Oaxaca, su tierra natal, por la que libró batallas épicas defendiéndola de las agresiones de una supuesta modernidad que sirve de disfraz a la ambición del dinero.

Moreno, delgado, barba y melena borrascosas conquistadas de blanco y ojos que parecían clavarse en el infinito, Francisco Toledo era un genio indiscutible de la pintura, del dibujo y del grabado. Fue, para muchos, el último grande que nos quedaba. No solo puso a Oaxaca en el mapa mundial de las artes plásticas, también hizo de su actitud, de su valentía y de su generosidad, una lección que, sería deseable, aprendiéramos y practicáramos todos.

Los medios de comunicación recuerdan hoy la defensa de su amada Oaxaca y de sus tradiciones. Fundador de instituciones para impulsar a nuevos creadores y evitar la extinción de las lenguas indígenas, deja una huella profunda en la historia cultural de México.

Enfrentó por igual a gobernantes que a particulares cuando creyó ver agredido el patrimonio arquitectónico y geográfico de la capital oaxaqueña. Evitó la instalación de un restaurante de hamburguesas en el Centro Histórico de la ciudad. Luego, como forma poética-nacionalista de celebrar el triunfo de su movimiento, organizó una tamaliza multitudinaria frente al sitio elegido por la cadena de comida rápida. También obligó al entonces gobernador a dar marcha atrás al proyecto de construir un Centro de Convenciones en el Cerro del Fortín.

Su generosidad no conocía límites. En 2015 vendió al Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO), por él fundado, su colección compuesta por 125 mil obras. Recibió un peso como pago por una colección cuyo valor en el mercado sería de decenas, quizá cientos de miles de dólares. Al explicar la venta explicó que la hacía “para empezar a dejar todo en orden”. Atento a lo grande y a lo pequeño, hizo fuertes donaciones en Juchitán para la reconstrucción de las viviendas dañadas por el sismo de 2017 y ayudó a los fabricantes de totopos a adquirir los enseres que habían perdido.

Admirable era, asimismo, su imaginación poética, que se plasmaba no únicamente en sus pinturas, dibujos y grabados. Unido a las exigencias de la aparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, animó a los alumnos del IAGO a fabricar igual número de papalotes y pintar en cada uno el rostro de un desaparecido. Luego echaron a volar los papalotes en el corredor turístico de Oaxaca en las horas de mayor tránsito.

Interrogado por los periodistas acerca del significado simbólico del acto, respondió: “Si a los estudiantes se les busca en la tierra, también hay que buscarlos en los aires”.

El viernes pasado México amaneció más pobre, y los conejos, coyotes, gatos, sapos, chapulines y demás seres que pueblan su obra, quedan como constancia de la creatividad de un artista que hizo de lo al parecer insignificante seres fantásticos capaces de disparar la sensibilidad de los espectadores.

Pionero de la hoy reconocida Escuela Oaxaqueña de Pintura, en la cual destacan Felipe Morales, Rolando Rojas, Roberto Doniz y media docena más, Francisco Toledo acaba de abandonar sus pinceles y buriles, pero sus sapos, conejos, gatos y chapulines seguirán saltando y asaltando nuestra imaginación.
05 Septiembre 2019 04:06:00
Apocalipsis cibernético
Las 12 de la noche en la Ciudad de México. ¿El celular? Esa fue la primera expresión. La segunda, la misma, pero no entre signos de interrogación sino de admiración: ¡El celular!  Seguramente lo olvidó en la mesa del restaurante, pensó. Y ni modo de intentar hablar para preguntar. A esa hora ya estará cerrado.

En la habitación del hotel, la primera sensación que le produjo la falta del aparatejo resultó muy semejante al pánico. Hasta ese momento se percató de su maldita dependencia del teléfono móvil. Minimalista respecto al atuendo personal -nunca usó anillos ni cadenas, mucho menos esclavas a las que son tan adictas algunas personas-, jubiló hace años el reloj. Lo consideró innecesario pudiendo consultar la hora en el teléfono.

A mayor abundamiento de sus tribulaciones, había que agregar la pereza mental para memorizar números de teléfonos, por ser tan fácil teclear el nombre de la persona a la que se desea llamar. Recordó la añorada era precelular, cuando podía recitar de corrido 12 o 15 números telefónicos. Eso era antes. Ahora su mente estaba en blanco.

Por fortuna, una vieja agenda aparecida en el fondo de la maleta lo salvó del total analfabetismo numérico. Tres o cuatro números apuntados de prisa hicieron el papel de tabla de salvación.

Pero la falta de comunicación desde el móvil era solo parte de la tragedia. Al día siguiente, por la mañana, tomaría el vuelo de regreso… ¡y en la pantalla del celular estaba el pase de abordar y esos garabatos que deben mostrarse a una máquina para obtener el permiso de subir a la aeronave! ¿Qué voy a hacer?

Al despertar, la luz del día empezaba a colarse por la ventana ¿Han sentido ustedes la vergüenza de preguntar la hora a la administración de un hotel? Espero que el destino les evite la pena de explicarle por teléfono a la encargada de la recepción: “Perdón, señorita, perdí mi celular. ¿Sería tan amable de decirme qué hora es?”.

Luego de dos inútiles intentos de teclear los números en el teléfono de la habitación, el infeliz descelularizado preguntó de nuevo. Para llamar a un celular, le informaron, debe comunicarse con la operadora. Allí comenzó a rehacer su vida. Se enteró cómo marchaban las cosas en la oficina y el statu quo de la vida hogareña, y pidió -sería más preciso decir suplicó- que, de ser posible, desde su computadora enviaran al Centro de Negocios del hotel el pase de abordar. Afortunadamente no hubo problema, y en menos de una hora ya tenía el anhelado papel en la mano. Respiró tranquilo al desaparecer la amenaza de quedarse varado (en viernes los vuelos van repletos).

Luego de pagar la impresión del pase de abordar, aún le aguardaba una última sorpresa. Habiendo saldado desde la noche anterior la renta de la habitación y los consumos en el restaurante a fin de no perder tiempo, tuvo que hacer una larga fila frente a la caja para liquidar ocho pesos, cargo de las llamadas hechas por la operadora.
29 Agosto 2019 04:15:00
Acuña y los olvidados
A 140 años de su nacimiento, Manuel Acuña y su más famoso poema, el Nocturno a Rosario, como se ha dado en llamarlo, se mantienen vivos en la memoria popular resistiendo las frecuentes y potentes andanadas de los críticos que tachan su poesía –a veces con razón– de cursi, encontrándole, además, evidentes fallas de carácter técnico. En algunos casos, no en todos, por supuesto, quienes sostienen tales puntos de vista lo hacen por esnobismo, temerosos de ser tachados de ramplones.

Sobre esto hay una anécdota del gobernador don Óscar Flores Tapia, que no escondía su admiración por Acuña, al que levantó una estatua frente al Teatro de la Ciudad y dispuso, porque fue idea de él, que este se estrenara con la representación de su drama El Pasado. En cierta ocasión discutía don Óscar con un individuo que calificaba de melcocha los versos del saltillense. Entonces, Flores Tapia se limitó a preguntarle cuál era su poeta preferido. “Octavio Paz”, respondió firmemente su interlocutor. “A ver”, lo retó, “repíteme la poesía de Paz que más te gusta”. El otro citó dos o tres líneas sueltas del autor de Blanco, mientras, interrumpiéndolo, don Óscar le dijo que hasta los grupos de fara fara sabían el Nocturno y lo cantaban.

Los conocedores, por su parte, consideran que, tratándose de Acuña la biografía del autor, epilogada por el suicidio, añade interés a su obra y la magnifica. Igual ocurre, puede alegarse, con Van Gogh o Frida Kahlo. ¿Resultaría tan conmovedora la figura del pintor de los girasoles sin la leyenda –falsa según algunos de sus biógrafos– de que nunca vendió un cuadro y murió por su propia mano, trastornado mentalmente? ¿Tendría su figura el mismo efecto en el imaginario popular si en lugar de arrastrar una lamentable pobreza a lo largo de su vida, el buen Vicente hubiera sido un émulo del mediático Salvador Dalí, mundialmente aplaudido, rodeado de estridente publicidad y millonario?

¿Tendrían los cuadros de Frida el mismo éxito comercial si en vez de retratarse enferma y sufriente, se hubiera pintado obteniendo la medalla de oro en la carrera de los 100 metros planos? Sea dicho lo anterior sin afán de restar méritos a la obra de uno y de otro.
A pesar de su romanticismo, que no falta quienes califiquen de trasnochado, nuestro poeta suicida, decíamos, conserva intacta su popularidad, y ahora, con motivo del 140 aniversario de su nacimiento se ha organizado una serie de actos culturales. Entre ellos uno en el Panteón de Santiago, donde en la Rotonda de los Coahuilenses Distinguidos reposan sus restos.

Plausible la idea de recordarlo y honrarlo. Sin embargo, es injusto que, centrados en la figura de Acuña, no recordemos con similar orgullo y admiración a otros escritores saltillenses, como don Julio Torri y don Artemio de Valle Arizpe, para nombrar solamente dos.

Torri, orfebre de la palabra, fue homenajeado en el centenario de su nacimiento y hasta se colocó su busto en el jardín aledaño a las oficinas del Congreso del Estado. La estatua fue robada, desapareció la placa en la casa donde nació en la calle Victoria –hoy salida de un estacionamiento– y pocos parecen haberse vuelto a acordar del autor de De Fusilamientos, excepto por un festival y un concurso de cuento que lleva su nombre.
A don Artemio le ha ido peor. Nunca tuvo homenaje ni estatua y la última vez que atrajo la atención de sus conciudadanos fue cuando se incendió su biblioteca en el Ateneo Fuente.

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